THE AFTERMATH / VIVIENDO CON EL ENEMIGO

THE AFTERMATH / VIVIENDO CON EL ENEMIGO

por - Críticas
21 Abr, 2019 04:15 | Sin comentarios
Como película revisionista de la Historia es apenas un esbozo; como drama romántico un ejemplo de conservadurismo.

LAS CONSECUENCIAS

Como suele suceder a menudo, los títulos elegidos por los distribuidores vernáculos tienden a fijar una interpretación sin rodeo alguno sobre el film elegido para mostrar. Aquí hallaron uno cuya moderada ambigüedad pasa por insinuar el verbo “vivir” usando “dormir”. El original, “The Aftermath”, podría ser traducido como “Las consecuencias”, y como tal sería más honesto, porque no convocaría a poner la atención en el triángulo amoroso del relato, sino en el trasfondo de un drama de alcoba: los efectos devastadores de las guerras.

Viviendo con el enemigoThe Aftermath, Reino Unido-Alemania-EE.UU., 2019.

Dirigida por James Kent.

Escrita por Joe Shrapnel,  Anna Waterhouse y Rhidian Brook.

Apenas 6 meses han pasado de la necesaria victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. La ciudad de Hamburgo es prácticamente puro escombro; los sobrevivientes tienen que volver a empezar y al mismo tiempo examinar sus conciencias en lo privado y demostrar frente a los triunfadores la distancia frente al régimen vencido. Una de las pocas virtudes del film de Kent radica en señalar la laboriosa tarea colectiva de examinar la conciencia: ¿cómo seguir adelante después de los campos? ¿Cómo sentirse alemán tras la barbarie? Tales cavilaciones se desarrollan toscamente, como también los resortes del melodrama que se impone como tema principal.

En toda guerra hay muertes involuntarias. La del hijo del matrimonio del coronel británico y su esposa pianista, también la de la esposa de un arquitecto alemán obligado a ceder la mansión en la que vive a varios kilómetros de la ciudad y cerca del Mar del Norte, quien junto a su hija adolescente sobrellevan el dolor de la pérdida. Este tipo de muertes deja heridas abiertas, y los personajes descriptos se las arreglan como pueden para seguir adelante: alejarse del dolor, culpar a otros, enojarse frente a todo, tácticas emocionales insuficientes. En ese contexto, sentir amor es desobedecer al peso insoportable que tiñe la existencia, y el film transmite bien la oportunidad vital que significa el deseo (y también lo fácil que resulta traicionarlo).

Estos son los materiales del relato, que está asistido por una reconstrucción de época onerosa (mobiliario e indumentaria) y automáticamente fiel a las imágenes de una ciudad destruida y hoy irreconocible debido a su prosperidad. Pero los recursos son apenas una condición de posibilidad, nunca una garantía para que un film (de época) pueda erigirse en todos sus dominios. En Viviendo con el enemigo, el drama no consigue despegarse de los convenientes lugares comunes de una (tele)novela y la habitual psicología taquigráfica con la que se descifran las conductas (de sus víctimas). ¿Un telefilm suntuoso? Basta observar el apuro de los vericuetos amorosos que se resuelven (conservadoramente) junto a un tren o el empleo “artístico” de algunas notas de Debussy a fin de exteriorizar el dolor extremo para comprobar la eficacia de los estereotipos.

Que el esqueleto del film proviene de una novela de Rhidian Book permite revivir aquel talismán interpretativo de los jóvenes críticos de los Cahiers du Cinéma: el concepto de “cine académico”. Kent ilustra la novela y le prodiga las imágenes que las palabras no tienen. Los máximos esfuerzos cinematográficos que exhibe el film pasan por contemplar Hamburgo desde las alturas y encuadrar un bosque cubierto de nieve, típica pereza de proyectos grandilocuentes como este. La buena ilustración está lejos del cine.

*Esta crítica fue publicada en el diario La Voz del Interior en el mes de abril 2019.

Roger Koza / Copyleft 2019

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