SOMOS UNA FAMILIA / MANBIKI KAZOKU

SOMOS UNA FAMILIA / MANBIKI KAZOKU

por - Críticas
05 Jun, 2019 03:17 | Sin comentarios
La institución invencible tiene aquí un retrato inusual en la mirada de un especialista en la materia.

EL CLAN DE LOS DESAMPARADOS

Familia y propiedad, dos pilares conceptuales de casi todas las sociedades existentes que gozan de una credibilidad invencible y que organizan la vida y la muerte. Tanto es así que el afecto y las pertenencias se reúnen con la misma naturalidad con la que se asocia el agua a la sed. El término herencia glosa esa amalgama, y nadie se atrevería a poner en tela de juicio la institución familiar en sí ni renunciaría a una eventual adquisición de bienes familiares.

Lo más desafiante de Somos una familia, de Hirokazu Koreeda, radica en propagar discretamente sospechas sobre el origen de la familia y la propiedad. Los protagonistas viven robando pequeños objetos propios de la necesidad cotidiana y alguno que otro indispensable para un grato momento de ocio, como una caña de pescar. El plural protagónico es pertinente, en tanto que el rol principal está conformado por una anciana a la que todos llaman abuela, una pareja, una tía y dos niños.

Parece una familia tipo, pero en verdad ninguno de los miembros de la familia comparte los mismos genes. Son una institución deseada o inventada, modalidad que se evidencia en el inicio cuando una niña maltratada por sus padres biológicos se sumará al clan, una vez que el padre y el hijo, tras el habitual hurto en un supermercado, la ven abandonada en un balcón y entienden que tendrá mejor vida con ellos que con sus progenitores.

De ahí en más, Koreeda se limita a seguir la vida doméstica de este clan de desamparados que han decidido vivir juntos porque se han elegido. No se mantienen exclusivamente del robo. La abuela cobra una misteriosa pensión, el padre trabaja en una construcción, la madre en una fábrica de indumentaria y la tía ejerce una suerte de prostitución soft. La interacción cotidiana es austera y feliz, y también pueden serlo los tiempos de ocio. Una de las escenas más placenteras tiene lugar en una playa.

Somos una familia /  Manbiki kazoku, Japón, 2018.

Escrita y dirigida por Hirokazu Koreeda

Al propio Koreeda se lo suele ver como un heredero del extraordinario Yasujiro Ozu. El rigor formal de aquel y la agudeza sociológica que resplandecía en cada una de sus películas es en el cine de Koreeda una intención respetable y casi siempre un remedo indisputable. Es cierto que, como sucedía con Ozu, Koreeda, el único cineasta japonés que estrena en Argentina año tras año, ha demostrado un interés sistemático por la familia como centro gravitatorio de sus relatos. Su visión de mundo difiere en parte de la implacable visión lúcida de Ozu, porque este epígono tiende a privilegiar la sensiblería a la impiedad.

Pero en Somos una familia Koreeda conjura el habitual soborno del sentimentalismo y encuentra el punto justo para filmar vínculos afectivos insoslayables para poder existir. Escasa música, planos distantes, fueras de campo y elipsis precisas, interpretaciones sólidas y el añadido comentario social que no está de más en este caso. La sociedad japonesa excluye a los vencidos, la hipocresía no le es ajena y el dinero es el dios concreto de todos.