
CINE VIVO
Letras corsarias
Cine vivo es un libro inclasificable. Su objeto principal el cine, y la lógica que anuda los textos es propia del montaje cinematográfico. No se trata de un compendio de capítulos veleidoso, sino de una relación de sentido en red que no está simplemente racionalizada por zonas de similitud. Es cierto que existen cuatro áreas diferenciadas (Biográfico/Heterobiográfico; Archivo y memoria; Zonas de contagio; Porno y política) en las que los textos se encadenan bajo signos comunes, pero el libro se asemeja más a un organismo de letras en donde un pasaje del inicio lanza un signo y es recogido por un párrafo tardío. La de Carri es una literatura biológica: los conceptos tienen que metabolizarse, tener cuerpo, producir voluntad y vida.
La extrañeza del libro no debería restar lectores, al contrario. La prosa de Carri puede ser elegantemente enrevesada, accesible como un grito y asimismo delicada como una poesía de Pasolini:
Los modos de la memoria
lo indeleble de una biografía
las olas como lomos de caballos
pueblan el margen opaco
el audaz archivo
el ojo de la máquina que traduce
un archivo del olvido
hinchado de ánimas
que ni el opio ni un Binswanger
pueden calmar.
Parece una poesía, pero ese pasaje pertenece a una especie de ensayo escrito en verso; hay textos más convencionales, otros parecidos al citado, porque, como en las películas de la cineasta, la escritora Carri busca experimentar con la gramática y cruzar vocabularios de disciplinas heterogéneas sin desinhibición y con total precisión. Los amantes del cine encontrarán satisfacción, los interesados en política también y cualquier lector curioso hallará ideas sugerentes para pensar la experiencia en sí, vista y sentida por una mujer cuyos padres fueron secuestrados y asesinados por la última dictadura cívico y militar.
La noción de heterobiográfico es axial. Está al inicio del libro porque encuadra el punto de vista de lectura. También resignifica Los rubios y Cuatreros, las dos películas de Carri con las que intervino cinematográficamente en el debate de la memoria, la verdad y la justicia. Por “heterobiografía” habría que comprender una posición del sujeto por la que este se desplaza en el espacio de su consciencia hacia una zona impersonal donde lo vivido es susceptible de ser narrado con fines que no pertenecen a la soberanía del Yo, sino a la intersección entre la Historia y la vida de una persona.
Hay textos indelebles: las cartas de Ana María Caruso (la mamá de Carri) escritas desde un campo de concentración, el obituario dedicado a Alcira Argumedo, algunas conferencias sobre cine, como la titulada “La herejía de lo cinematográfico”, y otros pasajes, como los dedicados a problematizar el concepto de archivo, son admirables. Pero “O inventamos o inventamos” es el corazón lúcido de Cine vivo. Nada es más urgente que todo lo dicho en ese ensayo clarividente en el que se alcanza a identificar un camino de liberación para la ficción latinoamericana: los límites del realismo crítico se vuelven indesmentibles, y gracias a una lectura temeraria sobre Nazareno y el lobo, visto como un antecedente de otra vía para el cine del continente, Carri delinea una línea de fuga para el cine de nuestra época, un camino posible para conjurar esta distopía infranqueable en la que apenas se subsiste y no parece acabar jamás.
Albertina Carri, Cine vivo, Banda Propia Editoras, Santiago de Chile, 2025. 365p.
*Publicado en el diario La Voz del Interior en el mes de abril.
Roger Koza / Copyleft 2026

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