
EL AGENTE SECRETO / O AGENTE SECRETO
RETORNO AL PASADO
Como en las magníficas películas del cine negro estadounidense de la década de 1940, la trama de El agente secreto rehúsa la transparencia y es enigma por un largo tiempo. Pasan 20 minutos, otros 40, una hora y media, y todavía no es del todo claro qué está ocurriendo. La opacidad, en este sentido, es un arte de maestros, virtud narrativa que pocos consiguen dominar. En su cuarta ficción, Kleber Mendonça Filho demuestra ser un maestro. El agente secreto no es una película entre otras; es cine en una película, y como tal, pasará a formar parte de la historia del cine latinoamericano de este siglo.
La administración del no saber es coherente. El personaje principal regresa a Recife en 1977, en plena dictadura y durante el carnaval. Ya no es Armando, sino Marcelo, según sus papeles. ¿A qué se debe su visita? Su hijo vive con los abuelos. Dadas las circunstancias políticas, la apariencia es una salvaguarda. ¿Es un militante? ¿Un guerrillero? Quizás algo peor: un científico, de los que creen en la investigación y en el desarrollo tecnológico de un país, más allá de los intereses privados y empresariales.
La mencionada opacidad se impone a través de una proliferación fascinante de personajes y situaciones. Antes de llegar a la ciudad, Armando detiene el Volkswagen Escarabajo en una estación de servicio rural. Un muerto yace a unos metros del surtidor. Llega inesperadamente la policía, pero poco importa el cadáver. Algo siniestro sucede, pero no se sabe qué. Podría ser el inicio de un western, también un road movie de 1970 o una de zombis. Esa escena, como algunas otras, se reiterará como sueño. Los detalles en El agente secreto son signos que vuelven y resignifican todo, como sucede con un cine que funciona décadas después como banco de sangre.
Pasan tantas cosas: una pierna peluda hallada en un tiburón revive un poco después y ataca en la noche a homosexuales en zonas de levante; un sobreviviente de los campos de concentración nazis se hace pasar por uno de sus verdugos para no tener problemas con la policía corrupta de la ciudad. Armando se aloja en un edificio que comparte con otras personas que también ocultan su identidad, pero no por los mismos motivos. El suegro de Armando es proyectorista en el Cinema São Luiz, espacio donde tiene lugar una reunión clave entre el protagonista y la líder de un movimiento político. La urdimbre de escenas es admirable por la secreta amalgama que ampara los fragmentos en un todo vibrante.
No se pueden omitir las proezas formales de Mendonça Filho. La persecución que empieza en el edificio municipal en el que trabaja Armando es la síntesis de las virtudes de un cineasta que comprende los movimientos de cámara en el espacio, la relación del sonido con la imagen y la implicancia de las decisiones estéticas: la subjetiva que permite ver desde un ojo inundado por sangre no es un efecto especial; es, sobre todo, un efecto moral.
Como en todas las películas del cineasta, Recife es protagonista. Para el cineasta, la ciudad es un montaje de signos y no debe permitirse que se transforme en un palimpsesto. En verdad, El agente secreto es un mosaico mancomunado de escenas que trabajan obstinadamente contra el olvido. Borrar la Historia cuesta poco, antes y ahora; el plano final sobre la cara de Wagner Moura permite leer un pensamiento. Es el semblante de aquel que no puede ser el mismo porque ahora sabe algo y eso que sabe modifica todo lo que fue, lo que es y será.
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El agente secreto / O Agente Secreto, Brasil-Holanda-Francia-Alemania, 2025.
Escrita y dirigida por Kleber Mendonça Filho.
Interpretada por Wagner Moura, Tânia Maria, Maria Fernanda Cândido, Gabriel Leone, Alice Carvalho, Udo Kier, Thomás Aquino, Isabél Zuaa, Carlos Francisco.
* Publicada por La Voz del Interior en el mes de febrero.
Roger Koza / Copyleft 2026


Coincido Roger, ¡gran película!.Soprendente por su estructura narrativa, compleja pero no arbitraria, y notable por todo lo que elude en relación con los varios tópicos relacionados con el subgénero de la memoria. El film fluye de manera admirable entre tiempos y entre las apropiaciones precisas de los géneros que el director enhebra para pintar su aldea de entonces con esta diversidad de matices e inflexiones que le permiten narrar una historia de violencia y de represión y componer un tiempo y un lugar sin mistificaciones ni explicaciones ajenas a la acción y al universo de representación del film. Muy por encima para mi de la obra previa del director, que yo encontraba bastante sobre valorada y, a la vez, un contrapunto muy valioso y filoso frente a Aún estoy aquí, la edulcorada versión de Walter Salles sobre la época, que usaba el paso del tiempo para conciliar lo que aquí permanece no reconciliado.
Exactamente, Scotti: palabra por palabra. Es un salto cualitativo en la carrera de K. Y ese contrapunto que indicas será el tema de una nota de Victor G en este sitio. La diferencia es abismal.
Gran película. Más allá de sus virtudes ya enunciadas, la valentía de concederle espacio no menor al olvido como herramienta política. Evidentemente alguien que como pocos ha sacado los pies del plato y está mirando lejos. Saludos
Hola Roger, la vi hace poco y me pareció que el tipo no era capaz ni de montar, por como filma y organiza el material, más un latifundiario que un cineasta
No puedo decir nada ante una declaración así. ¿Tendría algún sentido? No. Es, como suele decirse, una opinión, siempre legítima, sí. Saludos. R