
NO MENTIR: 22 REFUTACIONES A JUAN VILLEGAS
1
No sé de dónde sacás la “regla no escrita”, salvo de los mandatos que, como buen conservador, sostenés: un autor puede responder o decir lo que le parezca sobre lo que se le critica. Desde ya, las obras deberían poder defenderse solas, pero siempre es posible decir algo más y participar del diálogo público cuando el objeto es buscadamente “polémico” o toca temas sensibles. Con más necesidad si está flojo de papeles, o abre cuestiones que su realizador parece no haber tenido en cuenta o pensado lo suficiente a la hora de (a)bordar su tema. Ambas cosas pasan con No matar, que, como ahora reconocés, “no puede hablar sola”.
2
Visto que hay muchísimas “críticas desfavorables que cuestionan la mera existencia de la película”, no veo por qué centrarse en un texto mío, salvo que lo hagas luego con los demás o expliques tu particular elección. Ciertamente (aunque salió el mismo día que las de Batlle y Lerer) fue mi crítica la que inició esta “polémica”, en tanto Llinás contestó en este mismo sitio, y luego también Carri. Pero tanto él como vos podrían haberlo hecho en Seúl, donde finalmente Quintín le dedicó la peor defensa posible (tanto que ni siquiera la difundiste). Llinás discutió aquí hasta el último comentario, pero cuando escribió Carri se llamó a silencio. Descontamos que lo mismo hará con Quintín y que tampoco Salas le responderá: los ex ahijados no quieren meterse con “daddy Q”, como lo llama Albertina, así que tendré que hacerlo yo una vez más (luego de responderle también a Llinás). Así que aquí trataré de no repetir argumentos para no fatigar al lector que esté siguiendo este hilo de textos.
3
Decís que baso mi crítica “en conjeturas que solo están en su prejuicio” sin demostrar cuál sería, cuando es más bien un juicio con fundamentos muy claros sobre tus propios prejuicios. También estimás que no me animo a ver la película “como lo que es” y que pretendo que sea lo que yo quiero: lo primero es una ingenuidad (creer que el realizador sabe mejor que nadie lo que ha hecho); lo segundo, una confusión (siendo un documental, podemos efectivamente discutir lo que el realizador pretendió y no consiguió, o no previó o —peor aún— tergiversa a sabiendas).
4
Cuesta separar tu película del video institucional que el gobierno emitió el último 24 de marzo, porque no tuviste mejor idea que estrenarla el año en que se cumple medio siglo del golpe, apenas un mes después de ese aniversario. Que dediques largas horas a dos ex militantes “arrepentidos”, haciendo un repaso billikinesco de los años previos, alcanza tan poco como el cartel inicial para no terminar redundando en la misma moraleja sobre la “memoria completa” (explícitamente mencionada en tu película). Pues el “consenso democrático creado por el Nunca Más y los juicios a las juntas”, en los que también se ampara Llinás, fue quebrado hace tiempo. Y no solo por este gobierno, sino ya desde el macrismo, cuando empezó a hablar del “curro de los derechos humanos” (y también llevó su batalla cultural al cuestionamiento del cine argentino). Ese gobierno tuvo tu respaldo directo, como el de toda la línea Amante-Seúl, que ahora apoya “críticamente” a lo que ya difícilmente pueda llamarse “derecha democrática”, y que llevó a la vicepresidencia a tu bibliografía esencial. El que “ofende la inteligencia del lector [y espectador] con su mirada deshonesta” sos vos.
5
Esa narrativa busca, como tu película, dejar de lado las consecuencias del golpe para centrarse en el “fracaso” de las organizaciones armadas, como si no fuera parte del terrorismo de Estado iniciado antes del 76 y que no solo hizo “fracasar” ese movimiento insurreccional, sino el llamado a elecciones de ese año y la resolución de todos los conflictos previos (mucho más que “armados”) de los años 60 y 70. Bufano y Duzdevich llegan bastante rápido al “matar”, que es lo único que a la película le interesa desde el título, como si toda la complejidad de la época se redujera a una cuestión de “pistoleros” enardecidos, como te reprocha Carri.
6
Insistís también, una y otra vez, en el recurso a víctimas “doloridas por la soledad en la que las dejó la historia a lo largo de décadas”, cuando vos mismo reconocés que sus historias han sido contadas “en diarios nacionales o libros” (y en programas de TV como el que vos mismo usás) desde el momento mismo en que sucedieron los hechos. Y, sin embargo, desde entonces se habla de una “incomodidad pública”, que en todo caso tiene que ver con la utilización que se ha hecho de esos hechos desde el momento mismo en que sucedieron (hasta tu misma película). Uso que implica proclamar que el tema es “tabú” cuando se critica esa manipulación. Porque esas historias han sido contadas y nadie impide que sigan siendo contadas: estamos hablando de cómo y para qué se las cuenta. Todas las críticas a tu película giran sobre eso.
7
De las cosas más insultantes (no solo a la inteligencia) de tus intervenciones, sin duda se destaca lo de que somos “poco empáticos con el dolor de esas víctimas”. No hace falta decir (pero parece que sí) que Carri o yo lo conocemos de cerca (de hecho, puedo reconocer y diferenciar sus modos, como los esquimales pueden diferenciar distintos tipos de hielo), pero ni ella ni yo ni HIJOS pedimos jamás “empatía”. Esa palabra encubre una falta de comprensión total sobre las diversas dimensiones de ese dolor (y también de su particularidad frente a otros, como es diferente una desaparición de un asesinato), como evidencia tu propia falta de “empatía” al no tener en cuenta a quienes les estás hablando
8
Delia Lozano parece ser la que acaso comprende mejor estas cosas, pero eso queda más claro en el libro Hijos de los 70 que en tu película. Porque cuando dice que “la dictadura transformó en víctimas a los que eran victimarios” no se hace distinción entre “todas” las víctimas. Pues el problema no es lo que ella dice, sino el modo en que vos “dirigís” (editás, dejás pasar, no indagás ni complejizás), ya que lo único que te interesa es señalar que los crímenes de la guerrilla no fueron “juzgados dentro del Estado de derecho”. Lo que tampoco es cierto: por un lado, porque Alfonsín hizo juzgar a las cúpulas y, además —sobre todo— porque la mayoría de los participantes en esas acciones fueron secuestrados y asesinados clandestinamente, por lo que ni convirtiendo esos crímenes en lesa humanidad (como soñó la vicepresidenta) hubiera habido a quien juzgar. “La falacia es el sistema de pensamiento” que organiza tu película y ahora su defensa, faltaba más.
9
Decir que entender la “violencia como algo sistémico” (textual de Fran Bouzas) es un “giro idiomático forzado” demuestra que ni siquiera leíste tu bibliografía. Y, una vez más, es insultante decir “no se dan cuenta del grado de perversidad y desprecio respecto a las víctimas y sus familiares que se desprende de” hablar en esos términos, cuando entender la sistematicidad de la represión fue lo que lentamente tuvieron que aprender los familiares de los desaparecidos. No hay ninguna “justificación” en comprender esa dimensión, sino todo lo contrario. Y vale también para una violencia no sistemática como la de las organizaciones revolucionarias (que no optaron alegremente por “matar” ni lo hicieron a cada paso, como se desprende de tu película), siendo además una expresión marginal de una enorme masa de militantes que no estuvieron ni cerca de creer en una salida armada en ese contexto.
10
Es obvio que para esas familias “la amenaza era la guerrilla”, tan obvio como que “no eran el tipo de objetivos que las tres AAA buscaban para sus asesinatos”. También es evidente que la película propone “una crítica a la violencia política de las organizaciones armadas” (tema que). Lo que se te critica es que, queriendo hacer de cuenta que intentás contextualizar o explicar esa violencia, hagas un cuento que se asemeja mucho al de Ganamos la paz (el documental que la propia dictadura hizo sobre la “violencia” que vino a combatir, aunque obviamente sin aclarar cómo).
11
Hablar de “daños colaterales de una lucha justa y heroica” es una banalización, como toda la parodia del discurso militante que jugás a replicar. También es cínico decir “no voy a entrar en el juego tramposo de las cifras” cuando desde el macrismo en adelante han hecho del “no fueron 30000” un modo de bajarle el precio al terrorismo de Estado. Cuando se te señalan cifras se lo hace porque —como Lerer— se te critica la curiosa omisión de los asesinados pertenecientes a las fuerzas de seguridad, para concentrarte en el porcentaje muchísimo menor de víctimas civiles. Lo que tal vez Lerer no sabe, aunque lo has admitido en entrevistas, es que en esto seguís la estrategia de Villaruel (profundizo esta cuestión en mi respuesta a Llinás).
12
Nunca impugné la pertinencia del testimonio en su totalidad, sino precisamente “la necesidad de ser acompañado por una reflexión crítica y una puesta en perspectiva que permita entender lo que sucedió, más allá de la evocación emocional del sufrimiento”. Todo eso le falta a tu película, empezando justamente por lo acotado y desacertado de los tres únicos testimonios que ponés para reponer contexto (entre ellos el lamentable de Emilio del Guercio). No se trata de que tu “visión de la historia difiere de la mía”, sino de que la tuya no tiene el menor rigor historiográfico, por no hablar de lo grosero del armado general. Efectivamente, fuiste “chapucero y vago” (palabras que no había usado, pero te agradezco porque son precisas y justas).
13
Tengo la honestidad intelectual (a diferencia de todos esos amigos que te elogian) como para no tener “decidido el juicio” sobre una película antes de verla. De hecho, acabo de ver Para hacer una película hace falta un arma, que fue contrapuesta a la tuya en varias críticas (como las de Lerer y Salas), y te adelanto que mi juicio tampoco es positivo (aunque en este caso por razones puramente formales). Ampliaré esto cuando escriba sobre esa película.
14
Sin duda, aunque No matar dure casi cuatro largas horas, su centro es el relato de las víctimas y su eje el pedido “para que reconozca a las organizaciones armadas como terrorismo” (la doctrina Villaruel), a lo que se agrega el consabido pedido por “memoria completa”. Si eso te parece “un reclamo razonable”, no se entiende por qué no lo compartís, menos cuando tu película lo hace.
15
“Como no puede o no quiere decir lo que sinceramente piensa de las acciones de las organizaciones armadas, desvía el foco de los temas que la película plantea”: el que actúa como una máquina de humo, Juan. Lo que yo pienso sobre los 70 está en las varias películas que he hecho, y espero que hablen por sí mismas mejor que la tuya. Al menos lo hicieron a tiempo: hace veinte años ya mencionaba en M el asesinato de un civil a manos del OCPO. Vaya uno a saber si Bufano la vio, pero debe conocer el caso…
16
Cuando dije que la respuesta de Delia a Reyna (“¿qué tiene que ver con mi papá?”), y sobre todo su inclusión en tu película, que así “reduce toda a la casuística personal, sobre la que no es posible decir nada”, es justamente porque sobre el dolor personal no hay nada que decir… Nadie (ni nada) impugna más que la centralidad que le das, que banaliza todo (porque también desconocés que el dolor no tiene ninguna “validez”, salvo para quienes nunca lo han sentido). Delia Lozano “tiene razón” en su dolor, pero eso no es un argumento: lo único “sólido como una roca” es tu cara, cuando encima achacás a quienes te critican “excusar a las organizaciones armadas de su responsabilidad en la tragedia de los 70”, cuando muchos de sus ex militantes han estado meditando desde entonces sobre su “responsabilidad” (de eso trata la carta de Del Barco, como señala Alejandro Kaufman, no de mandamientos bíblicos para diluirla). Pero Casullo, Schmucler, Calveiro, y tantos otros, no hacen el triste papel de Bufano en tu película o Leis en El diálogo.
17
Suponer que el archivo al que apelás (lo más interesante de la película, tanto que casi lo pasa por alto) “para casi todos los espectadores fue una revelación” es como Mitre y Llinás pretendiendo que el juicio a las juntas se pasó por radio: si alguien mayor de edad se deja engañar, se lo merece. Yo vi ese programa en vivo, y lo recuerdo tan bien como otros similares del hijo de puta de Mariano Grondona. Decir que “prueba que hace 30 años un familiar de una víctima podía discutir cara a cara con un ex integrante de la guerrilla, exponiendo ambos argumentos sin agredirse, mirándose a los ojos y respetándose” es más bien prueba de que los años 90 te pasaron por arriba y no entendiste nada, aunque a renglón siguiente agregues que “esa conversación se da dentro del contexto de intento de ‘reconciliación’ que proclamaba el menemismo”, para luego insistir en que “lo que sucede es mejor que una reconciliación” (?). “Es un diálogo, algo que hoy, tristemente, no es posible”: los diálogos que proponía Grondona entre el torturado Bravo y el torturador Etchecolatz, o los de la servicial Mirtha comiendo con Scilingo mientras le contaba los vuelos de la muerte, felizmente hoy no son posibles.
18
No sé qué tiene de enredado que “la violencia no puede ser abstraída de quién y cuándo la ejerce”, salvo para alguien que desconoce el derecho, la historia, la filosofía política y —en fin— hasta la mismísima Biblia. Pero evidentemente algo entendés cuando optas por dejar afuera otros asesinatos políticos que bien podrías haber incluido… Tu mala fe es proverbial.
19
Decís “debemos hacer un esfuerzo por evitar los slogans cuando queremos pensar cuestiones complejas”, cuando tu película es una cabalgata de lugares comunes. Decís “yo tampoco estoy de acuerdo con los conceptos de historia completa o memoria completa”, pero no te importó cuidar a tus testimoniantes cuando usan esas frases (afortunadamente dejaste afuera las que algunos sueltan en sus redes sociales, que son mucho peores). Decir que “solo están repitiendo terminologías que aprendieron de aquellos que fueron los únicos que se atrevieron a escucharlos durante décadas de aislamiento” es de un paternalismo atroz. Somos todos grandecitos.
20
Hablas de “las comisarías del lenguaje” y otras metáforas “policiales” que resultan doblemente insultantes: en principio, a la inteligencia, porque si se cita textualmente es para hacer justicia a lo que alguien dijo sin glosarlo ni tergiversarlo, y porque el análisis del discurso (como cualquier arma de la crítica) es una disciplina humanista que nada tiene que ver con ninguna fuerza de seguridad, sino todo lo contrario… Lo más insultante ni hace falta que lo explique, ¿no?
21
Anatomía de una mentira: quiénes y por qué justifican la represión de los setenta, de Hernán Confino y Rodrigo González, tiene un capítulo completo sobre Villaruel y Cia (tema sobre el que compartí en mi texto sendos artículos, que acaso también leíste sin provecho). Dijiste que después de leer ese libro cambiaste algunas cosas, cuando ese y otros libros deberían haberte hecho repensar toda la película. Porque hay muchas maneras de tocar el tema sin cometer los gruesos “errores” o manipulaciones que tiene el resultado final. Pero no voy a ser yo el que comente y proponga todas esas posibilidades sobre cómo abordar un tema como este (algunas ya te fueron sugeridas también por Carri). Hasta aquí, todo este corpus “revisionista” (ya reivindicado por Noriega en su libro 40.doc, aunque hasta a vos te parece horrenda la película que incluye a ese efecto) no ha dado nada con lo que pueda discutirse más que su deshonestidad intelectual, no digamos ya una pereza formal que reconoce hasta Gargarella.
22
Finalmente, la confesión de partes: no negás que la película pueda “reactivar discursos negacionistas o reivindicadores de la dictadura”. Pero te defendés aduciendo que “no es mi responsabilidad responder por las lecturas forzadas por convicciones oscuras que no comparto ni la película propone”. Es tu responsabilidad, y de hecho lo asumís con los recortados cartelitos iniciales y otras prevenciones inútiles, ya que si eso sucede es porque la película lo permite. Es decir, lo propone (cobardemente).
Nicolás Prividera / Copyleft 2026
Otros textos:
Texto inicial sobre No matar (leer acá)
Respuesta de Juan Villegas (leer acá)


Últimos Comentarios