ÓSCAR 2016: LA INTERNACIONAL HOLLYWOODENSE

ÓSCAR 2016: LA INTERNACIONAL HOLLYWOODENSE

por - Varios
28 Feb, 2016 01:37 | comentarios
son-of-saul-319114

El hijo de Saúl

Por Roger Koza

El cineasta y crítico argentino Nicolás Prividera identificó un tipo de cine que recorre los festivales de todo el mundo y que en cierta medida es aquel que parece diferenciarse de una retórica, no del todo homogénea pero sí identificable, del cine de Hollywood. A esa matriz poética le llamó the international style. Sobre ese estilo que iguala a muchas de las películas de procedencias tan disimiles como Turquía, Guatemala, Chile, Australia o cualquier país que se desee incluir en la lista, se pueden decir muchas cosas, pero hay una primera evidencia: es el cine que suele vindicarse en los festivales de cine de peso.

Las 5 películas nominadas en la categoría Óscar a Mejor Película Extranjera provienen exclusivamente de los dos festivales más influyentes: Cannes y Venecia; solamente faltaría la Berlinale para completar la tríada del poder que administra y legitima el cine global. La falta de distancia entre un sistema de representación estético, cuya casa matriz está real y simbólicamente situada en Los Ángeles, y ese otro difuso ministerio cogobernado por los festivales mencionados, rubrica la expresión de los cineastas y las reglas del gusto. La libertad para los creadores y la emancipación de los espectadores es bastante escasa.

La quintaesencia de ese estilo internacional la representa Mustang: belleza salvaje, uno de los tres títulos que vienen de Cannes, o más precisamente de la Quincena de los Realizadores, la vieja usina de vanguardia ahora convertida en pura retaguardia en donde se prioriza un cine adocenado.

La película de Denis Gamze Ergüyen tiene absolutamente todas las mañas del estilo internacional. Un tema universal del que nadie puede dudar su pertinencia: la escandalosa falta de libertad de las mujeres en Turquía. Para eso, la directora turca que vive en Francia postula un patriarcado irrisorio que deberá ser vencido por cinco hermosas jovencitas. El chantaje emocional no tiene límites. Si hay que dar de baja a un personaje para que la gravedad sea indudable, se lo hace sin escrúpulos. Pero a la denuncia hay también que matizarla y así contrarrestar dolor y injusticia con toda la belleza del color local y las costumbres tradicionales que sí merecen nuestra admiración. Costumbrismo y alegoría, he aquí la fórmula del éxito.

theeb

Theeb

Theeb no es melindrosa como Mustang: belleza salvaje, pero cuenta con su cuota de exotismo y un niño cuya simpatía y hermosura está en consonancia con la de las niñas turcas. Que se la haya caracterizado como un western de beduinos es un poco exagerado; más bien se trata de un exponente heterodoxo del género coming of age. No es frecuente que el aprendizaje de un niño de 10 años consista en sobrevivir en el desierto y que incluya entre sus hazañas lidiar con la prematura muerte de su hermano y acabar, además, con la vida de uno de sus asesinos. Este relato situado en 1916 durante la Primera Guerra Mundial, dirigido por Naji Abu Nowar, cuyo estreno mundial tuvo lugar dos años atrás en Venecia, es una variante más amena del estilo internacional circunscripto a la experiencia de la niñez, de la que el director asume su perspectiva y encuentra ahí su resguardo universal.

También en Venecia se estrenó A War: la otra guerra, del director danés Tobias Lindholm. Este drama personal y bélico es una película atípica del género, debido a la ausencia de testosterona y algunas decisiones impropias de películas de esta índole, lo que se puede constatar principalmente en la conducta del comandante Claus, que tomará una decisión en combate con consecuencias indeseadas. Gran parte de la película de Lindholm trabaja con un relato paralelo, en el que se sigue la cotidianidad de la familia del protagonista en Dinamarca y la de los soldados. Esto sirve para contrastar un modelo de bienestar frente a otro de precariedad e indigencia en un pueblo de Afganistán, donde Claus ejerce el liderazgo castrense frente a sus hombres. Es un filme antibélico, de esos que suelen ser vistos con simpatía por la academia, aunque cierta ambigüedad en el punto de vista puede acarrear algunas incomodidades morales.

La incomodidad es la regla constitutiva de la poética extrema de El hijo de Saúl, el título más controversial de los cincos en competencia y candidato firme a llevarse el Óscar de la noche. En Cannes, el debut de László Nemes fue coronado con el Gran Premio del Jurado y desde entonces ha cosechado premios y defensores entusiastas, como también algunos detractores. La película se sitúa en Auschwitz, en octubre de 1944, y abarca apenas un día y medio en la vida de Saúl, uno de esos judíos “privilegiados” que conformaban los Sonderkommandos, ayudando en las tareas prácticas del exterminio a cambio de algunos favores menores estrictamente relacionados con la extensión de la supervivencia.

el-abrazo-de-la-serpiente

El abrazo de la serpiente

Este intento de incorporar, como ha sugerido el crítico Jim Hoberman, la filosofía moral a una película de acción se sostiene en un registro peculiar en el que apenas se puede intuir qué ve el personaje, intensificando así el sufrimiento de los presos en un doble juego perceptivo, donde el sonido del terror complementa la falta de nitidez de la imagen. Si la estética del padecimiento en el filme de González Iñárritu fatiga al espíritu, el filme de Nemes hostiga hasta lo irrespirable bajo la convicción de que en la cercanía física del martirio se obtiene una lucidez óptica y sonora acerca de la vileza perpetrada por los nazis. El sufrimiento es una estética canónica en el estilo internacional.

La película más amable de las cinco candidatas es El abrazo de la serpiente. El cineasta colombiano Ciro Guerra, que también se llevó el premio principal en la Quincena de los Realizadores en Cannes, podría haber cedido a la tentación (que a veces asoma) de transformar su película de aventura ligada al conocimiento en una baladí fantasía New Age sobre la sabiduría de los pueblos originarios. Pero el filme hace pie en el democrático intercambio de conocimientos entre un miembro de un pueblo casi extinto de la Amazonia y dos exploradores científicos, uno alemán y otro estadounidense, que a principios del siglo pasado y durante la Segunda Guerra Mundial buscaban saber más sobre una planta medicinal llamada “yakruna”.

El filme de Guerra tiene grandes momentos y un tema apasionante signado por el inevitable encuentro de culturas; algunas concesiones y simplificaciones le restan rigor y contundencia, pero El abrazo de la serpiente es una película, no un panfleto, aunque como se sabe en este rubro de los académicos, quien mejor ilustre los grandes temas del mundo convence y vence. El filme de Guerra es una grata experiencia; demasiado poco para un Óscar, suficiente para hacer una película honesta.

Este texto fue publicado por La voz del interior en el mes de febrero 2016

Roger Koza / Copyleft 2016