ACCIDENTES GLORIOSOS / EN EL FUTURO (02)

ACCIDENTES GLORIOSOS / EN EL FUTURO (02)

por - Críticas, Ensayos
20 Jun, 2012 03:17 | 1 comentario

Cine “resistente”: Sobre las películas de Mauro Andrizzi

Accidentes gloriosos

Por Marcela Gamberini

 En esta cartelera de cine diet, con mayoría de películas mediocres y previsibles, aparecen las películas de Mauro Andrizzi, un autor interesante por su mirada experimental y su fuerte apuesta a la hora de correr riesgos. Sus tres películas estrenadas hasta la fecha, Iraqui Shorts films, En el futuro y Accidentes gloriosos están atravesadas por la toma de consciencia de sus procedimientos formales y estilísticos. Un cine que se pliega sobre sí mismo poniendo en la superficie la interrogación por la construcción del relato clásico, por la trasparencia enunciativa, por la prolija adecuación de los planos a lo que se quiere contar. Estas interrogaciones lo llevan a correr un riesgo capital que puede, como espectadores, desestabilizarnos, sin que ello sea una desventaja, sino más bien todo lo contrario.

Los relatos que cuenta Andrizzi son fragmentos, ideas, recuerdos. Sabemos que el hombre es narración, el sujeto necesita narrar para comprender, para entender. En estas películas, como dije antes, la posibilidad de narrar una historia clásica se cuestiona. Son momentos, sucesos, frases, palabras, enunciados sin nexo, sin junturas, sin asociaciones previsibles. Las películas de Andrizzi son un desafío a la capacidad narrativa innata del sujeto. Son películas “resistentes”, que se resisten eróticamente (ya sea por la seducción que expelen sus imágenes, a veces cercana al horror o, por la cadencia de sus palabras) al sentido común, clásico, evadiendo la estética cómoda y controlada.

Tanto en El futuro como en Accidentes gloriosos  -con su seductora voz en off-  se nos cuentan fragmentos de historias que en el mejor de los casos concuerdan con lo que se muestra, pero lo interesante de este procedimiento es que la fuerza narrativa está puesta en el relato oral. El valor del relato reside, en este caso, en su plus de oralidad. En En el futuro, personajes cualquiera, sin nombre y sin identidad, le cuentan a la cámara sus experiencias y la palabra va y viene, la estructura de la película es como la estructura de una novela con prologo y epílogo. Estos relatos, fragmentarios, armados como recuerdos, valen por las palabras que cuentan, no tanto por las imágenes, que son en muchos casos suplementarias. Poner el acento en la oralidad es apostar al costado lingüístico del cine, donde las palabras son más relevantes que las imágenes. Y esto sucede también, porque las imágenes, sobre todo en el caso de Accidentes gloriosos, son tan fuertes, tan densas que son un “suceso” en sí mismas. Son lo innombrable, lo monstruoso, no remiten a nada fuera de ellas mismas porque el sentido se ve obturado por el asombro, por la perturbación; y sabemos que no hay suceso sin asombro. Las imágenes de los autos chocados (que sugieren a Lynch y a Cronenberg) escamotean los posibles sentidos porque ellas mismas son tan espesas, que nublan la posibilidad de otorgarles sentido. Las palabras y las imágenes están a diferentes velocidades, ambas son perturbadoras, pero con una densidad diferente.

En el futuro

El erotismo, presente en Accidentes gloriosos y en En el futuro, se manifiesta en procedimientos formales, sobre todo por la duración en la exposición de cada plano, de cada secuencia. Los besos con los que comienza En el futuro duran bastante y en esa duración se sostiene una tensión que también obtura el sentido. ¿El para qué esta imagen? ¿Cómo sigue esto? ¿Qué estoy viendo? propia de los sujetos no tienen respuesta. La interrogación por los propios procesos de construcción está  a la orden del día en el cine de Andrizzi y eso lo vuelve interesante y extraño. Un cine que también “resiste” a la condición industrial, comercial; un cine que propone una experiencia novedosa en la que es necesario abandonarse y dejarse llevar por la imaginación, por el deseo y por fin desestabilizarnos de tanta normativa, de tanto clasicismo.

Marcela Gamberini / Copyleft 2012