
NO MENTIR: 22 REFUTACIONES A JUAN VILLEGAS
1
No sé de dónde sacás la “regla no escrita”, salvo de los mandatos que, como buen conservador, sostenés: un autor puede responder o decir lo que le parezca sobre lo que se le critica. Desde ya, las obras deberían poder defenderse solas, pero siempre es posible decir algo más y participar del diálogo público cuando el objeto es buscadamente “polémico” o toca temas sensibles. Con más necesidad si está flojo de papeles, o abre cuestiones que su realizador parece no haber tenido en cuenta o pensado lo suficiente a la hora de (a)bordar su tema. Ambas cosas pasan con No matar, que, como ahora reconocés, “no puede hablar sola”.
2
Visto que hay muchísimas “críticas desfavorables que cuestionan la mera existencia de la película”, no veo por qué centrarse en un texto mío, salvo que lo hagas luego con los demás o expliques tu particular elección. Ciertamente (aunque salió el mismo día que las de Batlle y Lerer) fue mi crítica la que inició esta “polémica”, en tanto Llinás contestó en este mismo sitio, y luego también Carri. Pero tanto él como vos podrían haberlo hecho en Seúl, donde finalmente Quintín le dedicó la peor defensa posible (tanto que ni siquiera la difundiste). Llinás discutió aquí hasta el último comentario, pero cuando escribió Carri se llamó a silencio. Descontamos que lo mismo hará con Quintín y que tampoco Salas le responderá: los ex ahijados no quieren meterse con “daddy Q”, como lo llama Albertina, así que tendré que hacerlo yo una vez más (luego de responderle también a Llinás). Así que aquí trataré de no repetir argumentos para no fatigar al lector que esté siguiendo este hilo de textos.
3
Decís que baso mi crítica “en conjeturas que solo están en su prejuicio” sin demostrar cuál sería, cuando es más bien un juicio con fundamentos muy claros sobre tus propios prejuicios. También estimás que no me animo a ver la película “como lo que es” y que pretendo que sea lo que yo quiero: lo primero es una ingenuidad (creer que el realizador sabe mejor que nadie lo que ha hecho); lo segundo, una confusión (siendo un documental, podemos efectivamente discutir lo que el realizador pretendió y no consiguió, o no previó o —peor aún— tergiversa a sabiendas).
4
Cuesta separar tu película del video institucional que el gobierno emitió el último 24 de marzo, porque no tuviste mejor idea que estrenarla el año en que se cumple medio siglo del golpe, apenas un mes después de ese aniversario. Que dediques largas horas a dos ex militantes “arrepentidos”, haciendo un repaso billikinesco de los años previos, alcanza tan poco como el cartel inicial para no terminar redundando en la misma moraleja sobre la “memoria completa” (explícitamente mencionada en tu película). Pues el “consenso democrático creado por el Nunca Más y los juicios a las juntas”, en los que también se ampara Llinás, fue quebrado hace tiempo. Y no solo por este gobierno, sino ya desde el macrismo, cuando empezó a hablar del “curro de los derechos humanos” (y también llevó su batalla cultural al cuestionamiento del cine argentino). Ese gobierno tuvo tu respaldo directo, como el de toda la línea Amante-Seúl, que ahora apoya “críticamente” a lo que ya difícilmente pueda llamarse “derecha democrática”, y que llevó a la vicepresidencia a tu bibliografía esencial. El que “ofende la inteligencia del lector [y espectador] con su mirada deshonesta” sos vos.
5
Esa narrativa busca, como tu película, dejar de lado las consecuencias del golpe para centrarse en el “fracaso” de las organizaciones armadas, como si no fuera parte del terrorismo de Estado iniciado antes del 76 y que no solo hizo “fracasar” ese movimiento insurreccional, sino el llamado a elecciones de ese año y la resolución de todos los conflictos previos (mucho más que “armados”) de los años 60 y 70. Bufano y Duzdevich llegan bastante rápido al “matar”, que es lo único que a la película le interesa desde el título, como si toda la complejidad de la época se redujera a una cuestión de “pistoleros” enardecidos, como te reprocha Carri.
6
Insistís también, una y otra vez, en el recurso a víctimas “doloridas por la soledad en la que las dejó la historia a lo largo de décadas”, cuando vos mismo reconocés que sus historias han sido contadas “en diarios nacionales o libros” (y en programas de TV como el que vos mismo usás) desde el momento mismo en que sucedieron los hechos. Y, sin embargo, desde entonces se habla de una “incomodidad pública”, que en todo caso tiene que ver con la utilización que se ha hecho de esos hechos desde el momento mismo en que sucedieron (hasta tu misma película). Uso que implica proclamar que el tema es “tabú” cuando se critica esa manipulación. Porque esas historias han sido contadas y nadie impide que sigan siendo contadas: estamos hablando de cómo y para qué se las cuenta. Todas las críticas a tu película giran sobre eso.
7
De las cosas más insultantes (no solo a la inteligencia) de tus intervenciones, sin duda se destaca lo de que somos “poco empáticos con el dolor de esas víctimas”. No hace falta decir (pero parece que sí) que Carri o yo lo conocemos de cerca (de hecho, puedo reconocer y diferenciar sus modos, como los esquimales pueden diferenciar distintos tipos de hielo), pero ni ella ni yo ni HIJOS pedimos jamás “empatía”. Esa palabra encubre una falta de comprensión total sobre las diversas dimensiones de ese dolor (y también de su particularidad frente a otros, como es diferente una desaparición de un asesinato), como evidencia tu propia falta de “empatía” al no tener en cuenta a quienes les estás hablando
8
Delia Lozano parece ser la que acaso comprende mejor estas cosas, pero eso queda más claro en el libro Hijos de los 70 que en tu película. Porque cuando dice que “la dictadura transformó en víctimas a los que eran victimarios” no se hace distinción entre “todas” las víctimas. Pues el problema no es lo que ella dice, sino el modo en que vos “dirigís” (editás, dejás pasar, no indagás ni complejizás), ya que lo único que te interesa es señalar que los crímenes de la guerrilla no fueron “juzgados dentro del Estado de derecho”. Lo que tampoco es cierto: por un lado, porque Alfonsín hizo juzgar a las cúpulas y, además —sobre todo— porque la mayoría de los participantes en esas acciones fueron secuestrados y asesinados clandestinamente, por lo que ni convirtiendo esos crímenes en lesa humanidad (como soñó la vicepresidenta) hubiera habido a quien juzgar. “La falacia es el sistema de pensamiento” que organiza tu película y ahora su defensa, faltaba más.
9
Decir que entender la “violencia como algo sistémico” (textual de Fran Bouzas) es un “giro idiomático forzado” demuestra que ni siquiera leíste tu bibliografía. Y, una vez más, es insultante decir “no se dan cuenta del grado de perversidad y desprecio respecto a las víctimas y sus familiares que se desprende de” hablar en esos términos, cuando entender la sistematicidad de la represión fue lo que lentamente tuvieron que aprender los familiares de los desaparecidos. No hay ninguna “justificación” en comprender esa dimensión, sino todo lo contrario. Y vale también para una violencia no sistemática como la de las organizaciones revolucionarias (que no optaron alegremente por “matar” ni lo hicieron a cada paso, como se desprende de tu película), siendo además una expresión marginal de una enorme masa de militantes que no estuvieron ni cerca de creer en una salida armada en ese contexto.
10
Es obvio que para esas familias “la amenaza era la guerrilla”, tan obvio como que “no eran el tipo de objetivos que las tres AAA buscaban para sus asesinatos”. También es evidente que la película propone “una crítica a la violencia política de las organizaciones armadas” (tema que ya fue abordado desde los mismos 70 en adelante, primero por la propia militancia y luego por los historiadores). Lo que se te critica es que, queriendo hacer de cuenta que intentás contextualizar o explicar esa violencia, hagas un cuento que se asemeja mucho al de Ganamos la paz (el documental que la propia dictadura hizo sobre la “violencia” que vino a combatir, aunque obviamente sin aclarar cómo).
11
Hablar de “daños colaterales de una lucha justa y heroica” es una banalización, como toda la parodia del discurso militante que jugás a replicar. También es cínico decir “no voy a entrar en el juego tramposo de las cifras” cuando desde el macrismo en adelante han hecho del “no fueron 30000” un modo de bajarle el precio al terrorismo de Estado. Cuando se te señalan cifras se lo hace porque —como Lerer— se te critica la curiosa omisión de los asesinados pertenecientes a las fuerzas de seguridad, para concentrarte en el porcentaje muchísimo menor de víctimas civiles. Lo que tal vez Lerer no sabe, aunque lo has admitido en entrevistas, es que en esto seguís la estrategia de Villaruel (profundizo esta cuestión en mi respuesta a Llinás).
12
Nunca impugné la pertinencia del testimonio en su totalidad, sino precisamente “la necesidad de ser acompañado por una reflexión crítica y una puesta en perspectiva que permita entender lo que sucedió, más allá de la evocación emocional del sufrimiento”. Todo eso le falta a tu película, empezando justamente por lo acotado y desacertado de los tres únicos testimonios que ponés para reponer contexto (entre ellos el lamentable de Emilio del Guercio). No se trata de que tu “visión de la historia difiere de la mía”, sino de que la tuya no tiene el menor rigor historiográfico, por no hablar de lo grosero del armado general. Efectivamente, fuiste “chapucero y vago” (palabras que no había usado, pero te agradezco porque son precisas y justas).
13
Tengo la honestidad intelectual (a diferencia de todos esos amigos que te elogian) como para no tener “decidido el juicio” sobre una película antes de verla. De hecho, acabo de ver Para hacer una película hace falta un arma, que fue contrapuesta a la tuya en varias críticas (como las de Lerer y Salas), y te adelanto que mi juicio tampoco es positivo (aunque en este caso por razones puramente formales). Ampliaré esto cuando escriba sobre esa película.
14
Sin duda, aunque No matar dure casi cuatro largas horas, su centro es el relato de las víctimas y su eje el pedido “para que reconozca a las organizaciones armadas como terrorismo” (la doctrina Villaruel), a lo que se agrega el consabido pedido por “memoria completa”. Si eso te parece “un reclamo razonable”, no se entiende por qué no lo compartís, menos cuando tu película lo hace.
15
“Como no puede o no quiere decir lo que sinceramente piensa de las acciones de las organizaciones armadas, desvía el foco de los temas que la película plantea”: el que actúa como una máquina de humo sos vos, Juan. Lo que yo pienso sobre los 70 está en las varias películas que he hecho, y espero que hablen por sí mismas mejor que la tuya. Al menos lo hicieron a tiempo: hace veinte años ya mencionaba en M el asesinato de un civil a manos del OCPO. Vaya uno a saber si Bufano la vio, pero debe conocer el caso…
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Cuando dije que la respuesta de Delia a Reyna (“¿qué tiene que ver con mi papá?”), y sobre todo su inclusión en tu película, que así “reduce toda a la casuística personal, sobre la que no es posible decir nada”, es justamente porque sobre el dolor personal no hay nada que decir… Nadie (ni nada) impugna más que la centralidad que le das, que banaliza todo (porque también desconocés que el dolor no tiene ninguna “validez”, salvo para quienes nunca lo han sentido). Delia Lozano “tiene razón” en su dolor, pero eso no es un argumento: lo único “sólido como una roca” es tu cara, cuando encima achacás a quienes te critican “excusar a las organizaciones armadas de su responsabilidad en la tragedia de los 70”, cuando muchos de sus ex militantes han estado meditando desde entonces sobre su “responsabilidad” (de eso trata la carta de Del Barco, como señala Alejandro Kaufman, no de mandamientos bíblicos para diluirla). Pero Casullo, Schmucler, Calveiro, y tantos otros, no hacen el triste papel de Bufano en tu película o Leis en El diálogo.
17
Suponer que el archivo al que apelás (lo más interesante de la película, tanto que casi lo pasa por alto) “para casi todos los espectadores fue una revelación” es como Mitre y Llinás pretendiendo que el juicio a las juntas se pasó por radio: si alguien mayor de edad se deja engañar, se lo merece. Yo vi ese programa en vivo, y lo recuerdo tan bien como otros similares del hijo de puta de Mariano Grondona. Decir que “prueba que hace 30 años un familiar de una víctima podía discutir cara a cara con un ex integrante de la guerrilla, exponiendo ambos argumentos sin agredirse, mirándose a los ojos y respetándose” es más bien prueba de que los años 90 te pasaron por arriba y no entendiste nada, aunque a renglón siguiente agregues que “esa conversación se da dentro del contexto de intento de ‘reconciliación’ que proclamaba el menemismo”, para luego insistir en que “lo que sucede es mejor que una reconciliación” (?). “Es un diálogo, algo que hoy, tristemente, no es posible”: los diálogos que proponía Grondona entre el torturado Bravo y el torturador Etchecolatz, o los de la servicial Mirtha comiendo con Scilingo mientras le contaba los vuelos de la muerte, felizmente hoy no son posibles.
18
No sé qué tiene de enredado que “la violencia no puede ser abstraída de quién y cuándo la ejerce”, salvo para alguien que desconoce el derecho, la historia, la filosofía política y —en fin— hasta la mismísima Biblia. Pero evidentemente algo entendés cuando optas por dejar afuera otros asesinatos políticos que bien podrías haber incluido… Tu mala fe es proverbial.
19
Decís “debemos hacer un esfuerzo por evitar los slogans cuando queremos pensar cuestiones complejas”, cuando tu película es una cabalgata de lugares comunes. Decís “yo tampoco estoy de acuerdo con los conceptos de historia completa o memoria completa”, pero no te importó cuidar a tus testimoniantes cuando usan esas frases (afortunadamente dejaste afuera las que algunos sueltan en sus redes sociales, que son mucho peores). Decir que “solo están repitiendo terminologías que aprendieron de aquellos que fueron los únicos que se atrevieron a escucharlos durante décadas de aislamiento” es de un paternalismo atroz. Somos todos grandecitos.
20
Hablas de “las comisarías del lenguaje” y otras metáforas “policiales” que resultan doblemente insultantes: en principio, a la inteligencia, porque si se cita textualmente es para hacer justicia a lo que alguien dijo sin glosarlo ni tergiversarlo, y porque el análisis del discurso (como cualquier arma de la crítica) es una disciplina humanista que nada tiene que ver con ninguna fuerza de seguridad, sino todo lo contrario… Lo más insultante ni hace falta que lo explique, ¿no?
21
Anatomía de una mentira: quiénes y por qué justifican la represión de los setenta, de Hernán Confino y Rodrigo González, tiene un capítulo completo sobre Villaruel y Cia (tema sobre el que compartí en mi texto sendos artículos, que acaso también leíste sin provecho). Dijiste que después de leer ese libro cambiaste algunas cosas, cuando ese y otros libros deberían haberte hecho repensar toda la película. Porque hay muchas maneras de tocar el tema sin cometer los gruesos “errores” o manipulaciones que tiene el resultado final. Pero no voy a ser yo el que comente y proponga todas esas posibilidades sobre cómo abordar un tema como este (algunas ya te fueron sugeridas también por Carri). Hasta aquí, todo este corpus “revisionista” (ya reivindicado por Noriega en su libro 40.doc, aunque hasta a vos te parece horrenda la película que incluye a ese efecto) no ha dado nada con lo que pueda discutirse más que su deshonestidad intelectual, no digamos ya una pereza formal que reconoce hasta Gargarella.
22
Finalmente, la confesión de partes: no negás que la película pueda “reactivar discursos negacionistas o reivindicadores de la dictadura”. Pero te defendés aduciendo que “no es mi responsabilidad responder por las lecturas forzadas por convicciones oscuras que no comparto ni la película propone”. Es tu responsabilidad, y de hecho lo asumís con los recortados cartelitos iniciales y otras prevenciones inútiles, ya que si eso sucede es porque la película lo permite. Es decir, lo propone (cobardemente).
Nicolás Prividera / Copyleft 2026
Otros textos:
Texto inicial sobre No matar (leer acá)
Respuesta de Juan Villegas (leer acá)


En los puntos 1O, 15, etc hay erratas de edición que serán corregidas por el editor.
Muy buen texto, Privi. En mi opinion, si dejaras de lado la voluntad de ofensa (que descorazona) que aparece, por ejemplo, en el «cobardemente» final, sería un punto de partida inmejorable para un debate serio. Pero ya agarrás un poco cansado a todo el mundo. Abrazo
Gracias por el reconocimiento, Mariano. La «voluntad de ofensa» estaba ya (como se advierte en lo aquí citado) en la defensa pasivo-agresiva de Villegas. Por no hablar de la implicada (por todo lo expuesto) en la película misma. Lo que descorazona es que Villegas y Cia nos pongan a discutir el «consenso» con el que supuestamente acuerdan. Por eso (además de por todos los demás problemas formales señalados) la película no propone ningún ‘debate serio». De hecho estas y otras notas son mucho más interesantes que el objeto de discusión. O necesarias, al menos para el lector que no amanezca ya cansado. Porque todavía faltan un par más solo de mi parte (aunque supongo ya no habrá mucho más por otro lado, porque a nadie parece interesarle debatir en serio).
Como imaginarás, no coincido en lo relativo al film. Si, en cambio, a lo ocioso de seguir refiriéndose obsesivamente a él («es» o «no es») en lugar de debatir aquellas cosas que se originaron debido a su aparición. Para ello es imprescindible partir de la buena fe del otro, y evitar las impugnaciones personales. En mi opinión, el film implica una oportunidad para dejar atrás una herramienta con la que se intenta debilitar el consenso. Yo sostengo que ese consenso se mantiene en una parte mayoritaria de la sociedad y que Milei y los suyos se equivocan al interpretar su éxito electoral como una tácita aceptación de su ideología de ultraderecha. El truco de seguir agitando el tema de la militarización de la sociedad civil como un «tabú» es, sin embargo, curiosamente eficaz. Es por eso que creo que ese tema debe ser discutido en forma permanente, para no dar pie a ese argumento falaz. Es ahí, tal vez, en donde diferimos. Vos (y muchos otros) han opinado que abordar esos temas es, precisamente, «seguir la agenda del Gobierno». Se puede opinar una cosa u otra, pero. lo esencial es evitar descalificar desde antes al que sostiene la posición opuesta. El tema es suficientemente atractivo para no necesitar de esas bravatas.
Sin ironías, creo que no estás realmente comprendiendo de qué se está hablando acá Llinás. Lo que estamos opinando muchos es que ese consenso del que vos hablás está bastante debilitado. En los taxis, los bondis y los bares, se escuchan conversaciones o comentarios que hasta hace un tiempo parecían inverosímiles. Hasta hay gente que hace bromas con los Falcon verdes. Lo siento pero no me puedo reír de eso, tuve que criar un hijo al que le tuve que explicar que el Estado del mismo país en el que aún vivimos, le mató a tres abuelxs. Y que ahora ese mismo Estado se está dando el lujo de querer desconocer el genocidio que cometió. Me cuesta reírme de algunas cosas, que decirte. Más allá de las multitudinarias marchas de los 24 de marzo, las cosas en la calle están bastante espesas como para estar tomando estos asuntos banalmente. Y es el gobierno mismo el que nos ha instalado en lo que él llama “la batalla cultural“.
Por otro lado creo que acá se ha suscitado un debate serio, más allá de los tonos irónicos y las chicanas, que a veces se necesitan para descargar algo del horror que nos atraviesa, se han esgrimido análisis muy meticulosos y concienzudos. Cómo dije en otro comentario, la película es muy ofensiva en tanto el cruce entre arrepentidos y víctimas ya en sí mismo es peligroso, porque abona sobre teorías que este gobierno insiste con exhumar. Por otro lado, lo tendencioso del extenso documental es esa cuestión tan perezosa de convertir a los militantes revolucionarios en unos meros pistoleros. Ahí es donde la supuesta reflexión, a la que supuestamente invita la película, muestra su hilacha: falta de investigación o vagancia intelectual o pereza emocional. No lo tengo claro, pero las armas simbólicas sobre las que se construye ese relato son absolutamente sesgadas con respecto a la historia, los muertos y la memoria. Eso es ofensivo. Esa falta de pudor para mezclarlo todo es muy triste. La película no advierte sobre ningún peligro, sino que le pone cuerpo a un tipo de relato mezquino con respecto a la vida pública y su participación en ella. Y dicha forma del relato (o dicha ética de las cosas) se hace muy dolorosa ante la falta de tantos otros cuerpos que aún esperan ser enterrados.
Y voy a retirarme de este debate. Solo volví a entrar porque quería leer la nueva intervención de Nicolás, que otra vez me parece brillante y notablemente más proveedora de ideas que el objeto de estudio mismo.
Abrazos
Querida Albertina, tengo muy claro que el consenso se ve amenazado como nunca antes. Lo escribi en mi nota de defensa de la pelicula de Villegas. De ningúna manera me es ajena esa situación y me he ocupado de llamar la atención sobre ella en cuanta ocasión pública he tenido. Pero una cosa es esa proliferación alarmante y otra cosa es la suposición de que ese «renacimiento» del fascismo tenga un correlato mayoritario en la sociedad. Yo creo que no es así y que el principal truco de este gobierno es darles voz a minorías que expresan posiciones aberrantes, para generar la impresión de que esas posturas son más mayoritarias de lo que son. Es claro que podés no estar de acuerdo: como sabes, soy naturalmente optimista. En cualquier caso, mas allá de cuan difundido está el retorno negacionista en la sociedad, lo que importa es como enfrentarse a él. Y creo que he ahí el debate que importa. Yo siento que la pelicula de Villegas puede ser un elemento a partir del cual desarmar algunas trampas negacionistas. Resulta evidente que mi opinion, por decirlo así, no resultó demasiado popular. En todo caso, más allá de esa diferencia, creo que es importante seguir discutiendo esto. Como ya dije, las diferencias entre el film de Villegas y los panfletos del Gobierno Nacional son, a mi criterio, manifiéstas. Considero que Villegas tenía, con su film, la intención contraria a la que se le imputa. Continuar discutiendo si es así o no me parece estéril. Tambien, elegir para el debate un tono de admonición o reto, señalando que las cosas que uno dice son «banales» o que no comprende tal o cual cosa. Comprendo que el asunto te enoje, pero puedo asegurarte que esa violencia no es necesaria conmigo y que obtendríamos mejores resultados discutiendo lo que el otro piensa en lugar de levantar la voz (esto es una metáfora) y señalar con el dedo (esto es otra metáfora)
Mariano, poco que agregar aquí luego de lo dicho por Albertina, pero tu insistente persistencia en el error de apreciación (histórica) prueba que esta nota no alcanza, y por eso vendrá una respuesta a la tuya, profundizando algunas cuestiones que aquí repetís como comentario. Así que por lo pronto solo diré lo siguiente:
La película no «implica una oportunidad para dejar atrás una herramienta con la que se intenta debilitar el consenso», ya que es una herramienta (apenas un poco más soficticada que la de Oria y Cia) para debilitar ese consenso que dice defender.
El consenso democrático del que tanto hablan establecía justamente que hay temas que no pueden ser ya «discutidos en forma permanente» (eso lo entendieron bien los alemanes, salvo los negacionistas claro): cual sería el consenso si no?
Si «ese consenso se mantiene en una parte mayoritaria de la sociedad» es por lo que afortunadamente una película como esta no puede exhibirse sin la tensión que toda la «polémica» a su alrededor expresa. Si se hubiera estrenado hace diez años nadie le habría prestado atención (como sucedió con El diálogo y otras películas infames de las que solo yo me ocupé). Pero ahora estamos ante reversiones de la Historia oficial que propone la ultraderecha en el poder.
En ese sentido, no necesitamos encuestas de opinión para saber si ese «renacimiento» del fascismo tiene un correlato mayoritario en la sociedad. Aun suponiendo que no, lo cierto es que ese discurso ganó las elecciones. Tal vez tampoco los alemanes en 1933 lo reconocieron como tal, pero eso no los excusó a ellos ni a finalmente pudieron dejar de admitir el ascenso del fascismo (cuando ya era demasiado tarde). Pensar que «obtendríamos mejores resultados discutiendo lo que el otro piensa en lugar de levantar la voz» nunca ayudó a derrotarlo. Y esta película sostiene posiciones que -como se dice en esta nota- son hasta coincidentes con la versión de la Historia de la propia dictadura, que fue la que inventó la «teoría de los dos demonios»…
(Hablar, por ejemplo, como hacés aquí mismo, de «la militarización de la sociedad civil» es parte de la argumentación de esta película: un absurdo histórico, visto que la única «militarización» fue la de algunas organizaciones, que además no tuvieron ni en su apogeo más que unos miles de miembros efectivamente armados… Es decir, un porcentaje bajísimo de la militancia, no digamos ya de la sociedad civil en su conjunto)
Si el tema resulta «atractivo» para hacer películas (luego de que el NCA renegara durante décadas de toda «demanda política» de la mano de El Amante y Cia) al menos hay que ponerse a investigar… Si no, por ejemplo, se puede falsear que el juicio a las juntas se pasó por radio, o sugerir que tambien por TV en directo, un dato que es esencial para entender su memoria histórica debilitada (tanto como para que una película sobre el tema fuera «novedosa», aunque sospecho que esa tergiversación no fue por desconocimiento, sino por irresponsabilidad est-ética).
Alguien había publicado un comentario que evidentemente fue borrado porque contenía un insulto gratuito, lo que no me parece mal (que lo borraran, digo). Pero quiero rescatar la idea que expresaba: no se puede decir precisamente en este momento que una película que desafía la mirada sobre los ’70 propuesta por el kirchnerismo sea valiente. Más bien al contrario, es la posición más cómoda posible, no implica valentía alguna cuando Villarruel es vicepresidenta de la Nación y todos los 24 de marzo se ataca la lucha por la memoria, la verdad y la justicia con videos realizados por el aparato de propaganda oficial.
¿Qué otros arrebatos de valentía podemos esperar de Villegas? ¿Que se anime a cuestionar la eficiencia del Estado? ¿Que se atreva a poner en duda la integridad de los periodistas? ¿Que denuncie al peronismo como empobrecedor?
Estimado Sebastián:
Lo publiqué en un primer momento porque parte de lo que decía era pertinente, pero luego lo borré debido al insulto innecesario. Dado que vivimos en un país en el que el presidente ha convertido el denuesto exaltado en una retórica de la cotidianidad, he tomado la decisión de no publicar insultos de ningún tipo.
Quien desee hacerlo deberá adentrarse en el arte de la injuria, pero para ejercerlo se necesita talento.
Por cierto: la única persona que permite comentarios y los elimina soy yo, como responsable editorial.
Sí, sí, dije que no me parecía mal que lo borraras.