BOSQUE ARRIBA EN LA MONTAÑA

BOSQUE ARRIBA EN LA MONTAÑA

por - Críticas
26 Ago, 2026 05:13 | Sin comentarios

OTRA HISTORIA DE LA INFAMIA

Los actos infames que se llevan a cabo en el nombre del Estado agigantan su intrínseca deshonra. Un muchacho de 22 años recibe un disparo por la espalda. Un miembro de la Agrupación Albatros es quien materializa el fin de esa vida inocente. La Prefectura Naval Argentina es la institución primera de la que el asesino forma parte, pero aquella depende del propio Estado argentino.

En Bosque arriba en la montaña no se dan apellidos. El nombre de la víctima se dice en alguna oportunidad porque alguien lo recuerda: Rafael. Que el apellido sea Nahuel no es un detalle menor, porque es esa vida y no otra la que ya no está, pero más importante es otra cosa: Nahuel Rafael era mapuche. El asesinato ocurrió un 25 de noviembre de 2017. En la retórica del gobierno de turno, hubo quien en, en su perverso delirio, fantaseó con la existencia de un comando mapuche-iraní-venezolano, sintagma nacido de la boca de alguien que, desde las cimas del poder, no se arredra ante la mendacidad y el dolor.

Estas son las coordenadas empleadas por la cineasta Sofía Bordenave. Rafael es el espectro que sobrevuela en esta película que indaga de modo caleidoscópico en el caso citado y a través de él invoca la genealogía de una violencia estatal justificadora del desalojo, la represión y la apropiación bajo el amparo de leyes y derechos concebidos y redactados por los advenedizos de la región. Algunos pasajes del juicio de Rafael conforman varias secuencias de la película. Los magistrados están en el mismo lugar que las víctimas y sus abogados, no así los acusados que asisten al juicio público a distancia. He aquí un beneficio para los asesinos y sus defensores, abocados a obstaculizar el accionar de la justicia. Sortear la distancia atenúa la incomodidad moral e incluso hasta habilita instantes de comedia. Estos momentos del juicio no son embarazosos por su costado ridículo. Causan gracia e indignación por igual.

Que se puedan ver algunos momentos de la audiencia resulta decisivo, pero no determina el conjunto de la película. Sobre ese punto de partida, Bordenave despliega amablemente un vector narrativo centrífugo que se dispersa en dirección a la historia del Estado argentino y su violencia fundacional contra quienes estaban antes de su existencia. El pasado se restituye a través de fotografías antiguas, mapas de la región e imágenes cinematográficas de hoy sobre una geografía que, para los que viven ahí desde antes, ha sido siempre un territorio y un espacio para habitar, y no un paisaje para disfrutar o un recurso para explotar. Dos mujeres mapuches toman la palabra y dotan de voz a la memoria. Alguna vieja pieza audiovisual también presta atención a la juventud del siglo pasado, cuando el punk y el heavy fueron expresiones musicales afines a los pibes de un pueblo al que se le negó su entidad y su territorio. La heterogeneidad material y formal es constitutiva de la puesta en escena, y de ese modo la infamia no se personaliza, se vuelve sistémica y puede ser examinada por vías inconmensurables.

Los bosques del sur son hermosos. El sonido, los colores, el recorrido de la luz y sus ondulaciones son los semblantes de un espacio vital que fue la casa de los que estaban antes, mucho antes. En ese espacio de abundancia existe una larga historia. ¿Qué tipo de historia? ¿Toda historia porta un núcleo de infamia? Bordenave no responde a ese interrogante, pero reúne evidencia y prodiga decencia a los despojados, marginalizados y asesinados. Y la fórmula conocida de Walter Benjamin vuelve entonces como una maldición de la clarividencia: “No hay documento de cultura que no sea al mismo tiempo de barbarie”.

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Bosque arriba en la montaña, Argentina, 2026.

Dirigida por Sofía Bordenave.

Escrita por S. Bordenave y Pablo Weber.

Elenco: Mirta Ñancunao, Lorena Cañuqueo, Joaquín Rapoport

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Publicada en La Voz del Interior en el mes de agosto.

Roger Koza / Copyleft 2026