IL SOLENGO

IL SOLENGO

por - Críticas
22 Jul, 2016 02:29 | Sin comentarios

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

LOS IMPENETRABLES

solengo

Il solengo, Italia, 2015

Escrita y dirigida por Alessio Rigo de Righi y Matteo Zoppis

*** Hay que verla

Una película tan discreta como fascinante en torno a lo inescrutable de la identidad de cualquier hombre

La primera película de Orson Welles se recuerda siempre por esa palabra enigmática –Rosebud– pronunciada antes de morir por el magnate Charles Foster Kane y que todos querrán descifrar. Pero en El ciudadano hay ya en el plano inaugural un aviso inicial, que se repite como conclusión en el final: “No pasar”. La traducción de la advertencia es simple: difícilmente se puede saber algo de cualquier hombre.

El protagonista de Il Solengo está en las antípodas del poderoso hombre de El ciudadano. Kane pretendía inmortalizarse en la esfera pública, mientras que Marcello, que ni siquiera tenía un apellido oficial, deseaba ser imperceptible. El primero imaginó un paraíso material repleto de riquezas culturales y materiales para ser feliz; el segundo, directamente, vivió en una cueva perdida en un pueblo de Italia, como si quisiera convertirse en un troglodita; llamarlo “ermitaño” por su preferencia de establecer un hogar retirado y sin compañía es improcedente, ya que ese vocablo está demasiado asociado a un trabajo sobre la interioridad. Marcello es casi un salvaje, o al menos eso dicen.

El ingenio de Alessio Rigo de Righi y Matteo Zoppis consiste en tener un misterioso protagonista al que no se lo ve y al que se lo introduce y conoce a partir de la descripción de varios hombres, la mayoría cazadores y pobladores de Vejano, que han tenido relación con él y han escuchado su historia a lo largo del tiempo. La reconstrucción oral de la vida de Marcello es tan contradictoria como imprecisa; así nacen los mitos y las leyendas, y es justamente uno de los sortilegios del filme: ¿quiénes fueron su madre y su padre? ¿Por qué eligió una vida prehistórica? Es incuestionable que pasó su infancia en la cárcel debido a que su madre fue acusada de un asesinato trágico; asimismo es irrecusable que ya de grande habitó cuevas y chozas en las afueras del pueblo. Las evidencias dicen poco, y los testimonios, como en El ciudadano, apenas mitigan lo inescrutable de Marcello.

Si los hombres no logran desenmascarar al fantasma del que se habla, los cineastas entienden que sí pueden identificar el territorio por el que ha transitado Marcello y hacer así tangible el ecosistema elegido por su personaje. La palabra es insuficiente y por eso hay que ir a filmar el hábitat; algo se puede derivar de mirar las cuevas, los bosques, el pequeño río y algunos otros paisajes, por eso hay que hallar la manera más adecuada para encuadrar y facilitar de ese modo una virtualidad de Marcello. Los lugares suscitan su espectralidad, y no solamente porque en dos ocasiones un hombre de barba y ya mayor parece ser él o un émulo que viene a cubrirlo para que se entienda todavía más la cotidianidad del discreto misántropo. Las panorámicas del pueblo y las otras asignadas para mostrar la montaña y la cueva se chocan dialécticamente en pos de entender dos espacios cercanos pero excluyentes. Los travellings al lado del río y algún que otro desplazamiento visual cubren las rutinas motrices del protagonista; eso es lo que más se comprenderá de Marcello, una certeza menor y exterior.

En los últimos minutos se intensificará sonoramente la relación fantasmal entre el personaje y el espacio elegido, momento en el que la totalidad de la película redefina todo lo dispuesto hasta entonces. Todo aquello que estaba bien asciende un peldaño cinematográfico y lo que queda de ahí en más insinúa una economía narrativa predeterminada desde el inicio y una inteligencia sensible que sabe moderar el poder de una imagen y la contundencia evocativa y ontológica que tiene el timbre de las voces de los hombres. Sin decir mucho más, es aquí cuando la película se juega por entero y el resultado no es menos que justo y austero.

La sociabilidad luce como un destino sentido en la naturaleza de los hombres, un paliativo afectivo frente a la soledad, que es tenida en cuenta como un estado anímico conveniente para ciertas ocasiones; una aseveración que parece inobjetable pero que, frente al rigor de cualquier análisis, se desvanece como tantas creencias humanistas. Por eso la soledad de Marcello incomoda y nunca reclama la admiración de sus congéneres.

Esta crítica fue publicada en otra versión en el diario La voz del interior en el mes de julio 2016

Roger Koza / Copyleft 2016