HERBARIA

HERBARIA

por - Críticas
21 Dic, 2022 07:26 | comentarios
Película hermosa y didáctica, en la que se demuestra amorosamente la relación del cine con el conocimiento.

PLANOS Y FLORES

La palabra “conservación” es inestable en su sentido. Puede responder a una urgencia y una necesidad y asimismo al deseo de sostener un orden vetusto. Se puede querer retener la existencia de la flor verde de jade, como también perpetuar la identidad sexual binaria como propia de la naturaleza humana. El acto de conservar no es en sí ni reaccionario ni revolucionario; es una acción cuya valencia política reside en el fin. En Herbaria no hay confusión sobre el término. Conservar una flor y una planta es extensivo a cuidar una película que puede dejar de existir para siempre. Está en juego la memoria, la evidencia de un mundo.

El hermoso ensayo de Leandro Listorti yuxtapone las plantas y los planos en un mismo dominio de existencia en riesgo. Una planta que sobrevive de su especie reúne una azarosa victoria en el entramado vital de la evolución. Es que en una muestra o en un ser viviente singular anida una fuente de conocimiento insustituible. Los naturalistas han sabido percibir el peligro de la extinción, y los herbarios son la respuesta. Por su parte, los historiadores de cine y los coleccionistas de películas han entrevisto un problema similar. Al perderse una película se esfuma una fracción de tiempo en la que se pudo congelar en movimiento y con sonidos una época. ¿Es tan difícil comprender que la desaparición de un film se equipara en gravedad a la hipotética quema de un ejemplar de Crimen y castigo o El silenciero? La película de Listorti permite entenderlo y conjura la displicencia colectiva.

Herbaria avanza lentamente. Despliega primero el mundo de los científicos dedicados a la botánica y suma sin que se note el universo de las películas. En verdad, planos filmados en el inicio del siglo XX (algunos de personas haciendo ejercicios deportivos misteriosos o flores diversas de una ostensible hermosura) ya presupone la relación intrínseca entre la vida biológica y el cine. Hay coincidencias de otro orden. Una familia está detrás de la existencia del Botánico de la ciudad de Buenos Aires. El mismo apellido se lee en el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken de la misma ciudad. Los Hicken son sinónimo de una política de la conservación. Listorti asume la intersección y la conoce de primera mano por trabajar en el museo del cine. Por eso al filmar la mano de una bióloga reconoce el gesto y lo distingue en su lente, porque no lo halla tan distinto de lo que un preservador hace con sus manos al limpiar laboriosamente un fotograma. En Herbaria esos cruces son gloriosos. 

Algo hermoso en Herbaria se establece una misteriosa relación entre la mano y el conocimiento. No solo los ojos se comprometen con el saber, también el tacto es decisivo. Esa relación entre lo visual y lo táctil se repite más tarde cuando los archivistas intenten saber el estado de una copia de un material fílmico revisando fotograma tras fotograma. Pueden recurrir a la lupa y el microscopio, pueden trabajar con taxonomías disímiles, pero ambos tocan la memoria física, siempre amenazada por la disolución.

Pocas películas transmiten con tanta exactitud lo que está en juego en todo lo que se despliega en cada una de sus secuencias. Si habla alguien es porque tiene algo que decir. La cineasta alemana Narcisa Hirsch abre la boca y dice lo que se debe decir. Lo mismo con algunos carteles que suministran los datos necesarios para cuantificar la desgracia del desprecio ante el patrimonio fílmico y ecológico. Pero nada es más elocuente que contemplar una flor filmada en 1912 y otra a continuación en el 2021. En ambos planos se sintetiza la voluntad de vencer al tiempo y dejar un rastro entre los vivos.

En la primera mitad de Herbaria se introduce discretamente un concepto biológico, el de “vida latente”. Ante la adversidad del ambiente, una semilla puede conservar su vitalidad y su poder germinativo. Esa propiedad no es ajena al cine, porque en un fotograma también existe una vida latente. El fantasma material de lo que fue puede volver a ser, verse y escucharse. Una forma de vida anida en cualquier película que, de perderse, puede ser olvidada para siempre. Herbaria no es otra cosa que una demostración contundente del cine como herbario de nuestra especie.

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Herbaria, Argentina, 2022.

Escrita y dirigida por Leandro Listorti.

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*Esta crítica tiene fragmentos de dos reseñas publicadas por Revista Ñ y La Voz del Interior en el mes de diciembre 2022.

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Roger Koza / Copyleft 2022