FICIC 2019 (02): LOS CORTOS

FICIC 2019 (02): LOS CORTOS

por - Festivales
03 May, 2019 05:48 | Sin comentarios
Breve reseñas sobre todos los cortometrajes del FICIC

En una entrevista me preguntan y respondo:

“La Competencia Internacional de Cortometrajes es una categoría fuerte del festival. ¿A qué cuestiones, dentro del circuito de festivales, responde este posicionamiento?

No se trata de una estrategia de posicionamiento, sino de una política de programación bien consciente: lo único que diferencia un cortometraje de un largometraje es su extensión. ¿Por qué debería ser más importante un film de 70 minutos que otro de 4? El rigor es independendiente de la duración de un film, incluso la presión de trabajar en tiempos acotados hasta puede hacer todo más arduo Basta recordar la obra de Artavazd Pelechian para confirmarlo. El cineasta armenio, cuya obra consiste prácticamente en cortometrajes, tardó un año y varios meses en hacer Los habitantes, una obra maestra de menos de 10 minutos. La habitual piedad que se suele ejercitar en muchos festivales frente a los presuntos principiantes que se inician con cortos está descartada de plano. Eso nos permite combinar un corto de Radu Jude con uno de un director ignoto; si el director debutante ha demostrado cierta ambición en su película y ha encontrado, por consiguiente, la traducción formal de esta, es ya un candidato a ser considerado.

Entiendo que es una introducción suficiente para lo que se puede leer a continuación.

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COMPETENCIA INTERNACIONAL DE CORTOMETRAJES

4664, Federico Robles, Argentina, 2019

El represor Luciano Benjamín Menéndez intenta justificar indebidamente sus acciones abyectas durante la última dictadura cívico militar en el juicio de la megacausa La Perla. Sobre la silueta de su cuerpo empezarán a desfilar los nombres de quienes fueron sus víctimas. En un poco más de un minuto se sustituye el argumento de los números por el de los nombres. Un muerto o un desaparecido no es un número; la precisión aritmética pertenece a otro orden, y la operación estética puesta en marcha aquí doblega el fundamento del negacionismo: un nombre vale por 30.000. (Roger Koza)

Ada Kaleh, Helena Wittmann, Alemania, 2018

La isla sumergida en 1970 a la que remite el título es apenas una referencia simbólica y metafórica, no menos enigmática que la humedad en una pared de la que se desprende una cartografía imaginaria mientras una voz insinúa algún sentido posible, un destino. Lo que viene después se circunscribe a una casa habitada por hombres y mujeres que descansan, al menos hasta que una tormenta parece dar aviso a una catástrofe. ¿Qué significa todo esto? Poco importa, porque los climas y el misterio físico del film se imponen a su hermenéutica. (RK)

¡Allá vienen!, Ezequiel Reyes Retana, México, 2018

La voz potente, certera y desencajada de María Rivera –poeta mexicana– es la carne viva y sangrante de este corto experimental de Ezequiel Reyes. El poema, pura emoción y a la vez pura denuncia, es un manifiesto político y poético sobre las masacres de mujeres en el México contemporáneo. Las imágenes de archivo, documentos familiares y anónimos, les ponen sustancia a esas palabras que al enunciar repetidamente las muertes, logran que esas muertes se nos hagan carne y piel y nos representen como en un horroroso espejo. (RK)

Bicicletas, Cecilia Kang, Argentina, 2018

El entramado de las relaciones sentimentales es el eje de las películas de la directora de ascendencia coreana Cecilia Kang. En Bicicletas, una joven pareja muestra su cotidianeidad: ella trabaja en su casa, es directora de cine, y él sale a la calle a trabajar. El motor de la historia es una bicicleta y una cadena rota (en varios sentidos) que exponen la búsqueda íntima de la chica. Esa pareja encadenada a la rutina se desencadena cuando ella decide recorrer no solamente el conocimiento del otro, sino también su propia subjetividad. (Marcela Gamberini)

Blue Boy, Manuel Abramovich, Argentina-Alemania, 2019

Abramovich siempre sorprende, sus elecciones estéticas y temáticas son verdaderas muestras de fe en el cine como acto y como proceso. En este caso, Blue Boy es un juego especular entre rostros y voces. El rol del trabajador sexual se interroga desde adentro de los rostros, las voces, la misma cámara que pueden eventualmente cambiar de posición. Rostros sin contexto, voces sin referente, cámara que explora. Elementos disímiles que entran en tensión para visibilizar una relación de poder también disímil. (MG)

Cairo Affair, Mauro Andrizzi, Argentina, 2019

Los tres relatos (una anécdota personal, una curiosidad paranoica y una tragedia amorosa) constituyen esta nueva incursión narrativa en la que Andrizzi acopia materiales filmados por él (en Irán y en Egipto), otros encontrados (quizás en Irak o Afganistán) y planos de clásicos del cine occidental añadiéndoles textos escritos que modifican completamente el sentido original de las imágenes, una marca autoral de casi todo su cine. En la realidad anida la ficción, y Andrizzi es un lector creativo de esos indicios. (RK)

Cele doua executii ale Maresalului / Las dos ejecuciones del mariscal, Radu Jude, Rumania, 2018

La historia rumana (y europea) del siglo XX y sus efectos sobre el mundo contemporáneo son la obsesión del lúcido cineasta rumano. La representación del fusilamiento del mariscal Ion Antonescu (que rigió dictatorialmente el país entre 1940 y 1944), ocurrido el 1 de junio de 1946, a partir del registro documental del hecho y su comparación con la reconstrucción tardía en la ficción en la década de 1990, es el tema elegido. El combate ideológico aquí se establece entre los usos del color y la voz, que editorializan en exceso, y la imagen muda en blanco y negro que incluso en su austeridad no deja de enunciar desde una perspectiva (RK)

El brazo de Whatsapp, Martín Farina, Argentina, 2019

Una discusión de amigos sobre el criterio de pertenencia a un grupo de Whatsapp funciona como la extensión lúdica de un síntoma en auge propio de la discusión pública dominada por un sustantivo (la “grieta”) que ha instituido una modalidad antinómica en la matriz vincular. Farina se limita a seguir el ritmo vertiginoso de la conversación, y el pulso para hacerlo es tan preciso como el discurrir de los participantes que, sin darse cuenta del todo, son hablados por un orden simbólico que los determina (no completamente). Breve striptease de la subjetividad de nuestro tiempo. (RK)

Hojas berlinesas, Alejo Franzetti, Argentina-Alemania, 2019

Reunir observaciones y organizar los resultados en secuencias que transmitan una mirada frente al espectáculo del mundo, que no es en sí una puesta en escena y que puede ser transformado en experiencia estética. Un paseo en bicicleta, las flores de un parque, la presencia de un zorro en un bosque adquieren así otra valencia. La tradición fragmentaria (y analógica) de este diario de Franzetti en Berlín remite abiertamente a Jonas Mekas, una referencia que inspira y no limita al realizador argentino, que no cesa de mirar curiosamente a su alrededor. (RK)

Hombre bajo la lluvia, María Aparicio, Argentina, 2018

En un magnífico blanco y negro, el breve relato se circunscribe a una entrevista de trabajo en un call center, en la que la humillación está maquillada por una presunta indagación del perfil psicológico de los postulantes. El protagonista, un hombre de 49 años, es demasiado consciente de esto como para no darse cuenta de que ese instante es un momento entre otros de los tantos por los que un trabajador cualquiera debe pasar sintiéndose sistemáticamente reducido en sus perspectivas vitales a la mera necesidad de manutención (RK)

Los rugidos que alejan la tormenta, Santiago Reale, Argentina, 2019

Las razones a las que alude el joven Michel y que explican su mudanza de la ciudad a la naturaleza esbozan un deseo de serenidad frente a una forma de malestar que no se alcanza a descifrar. Es en el propio registro de Reale donde reside la convicción de esta forma de vida primitiva: las panorámicas para apreciar la inmensidad de la laguna, la percepción del bosque en contrapicado, la contundencia del viento y la captura del sonido de este ecosistema en el que se oye un cosmos que el ojo no ve constituyen la retórica que conquistó al protagonista. (RK)

L’étrange histoire de Prince Dethmer / La extraña historia de Prince Dethmer, Corto Vaclav, Hadrien La Vapeur, Francia, 2018.

El registro accidental de la muerte de un bailarín en la capital de Congo empieza como un documento antropológico sobre los ritos que acompañan la muerte de una persona y culmina, inesperadamente, en una suerte de comedia metafísica sobre la resurrección. La curiosidad ordena el acopio de las escenas y la indagación sobre las creencias, en un film que no prescinde de hallar instantes hermosos y no olvida que este país tiene al mismo presidente desde 1979, apenas con una breve interrupción en el ejercicio del poder. (RK)

Shendy Wu: un diario, Ingrid Pokropek, Argentina, 2019

Dislocación y disyunción son los términos operativos que determinan la puesta en escena del breve diario de Pokropek. Dislocación en el tiempo y en el espacio, en el desajuste que conlleva trasladarse a un territorio donde se vive 11 horas adelantadas respecto del país de origen y donde nadie habla otro idioma que el propio, y también en el desacople del recuerdo acerca de una amiga de la infancia nacida en ese planeta de la otredad llamado China, a quien décadas después no logra hallar en ningún paraje de Pekín. (RK)

Sobre cosas que me han pasado, José Luis Torres Leiva, Chile, 2018

Basado en el libro del escritor chileno Marcelo Matthey, Leiva despliega una secuencia de sensaciones: lo táctil, lo auditivo, lo sonoro aparecen como sensores de este documental que conmueve porque su tema es universal y a la vez íntimo; el tiempo y sus efectos, el tiempo y sus cotidianeidades, el tiempo y sus subjetividades. El mar, las calles, unas manos, un escrito, unas frutas se asocian desde la íntima percepción de este entrañable personaje y también desde la calidez de la puesta en escena (MG)

Yo maté a Antoine Doinel, Nicolás Prividera, Argentina, 2019

Lúdica y lúcida aniquilación de una forma de cinefilia propia de una generación que prescinde de la indignación política y se resguarda en la visión de un pasado idealizado. Prividera asume la piel de un asesino cinéfilo que pretende acabar simbólicamente con el personaje de Antoine Doinel terminando con la vida del actor que le dio existencia y cuya veneración glosa la mediocridad de la cinefilia. El asesinato en curso retoma la estética de Godard y apunta indirectamente a cierto cine argentino sumido en la nostalgia y por ende sometido a una cómoda necrofilia. (RK)

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COMPETENCIA DE CORTOS DE ESCUELAS

Cien cuadras de noche, Perez Boero Rafael, Argentina, 2017

Una de las claves de la narración es sorprender al espectador en cada cambio de dirección que toma la trama. Esa es la mayor virtud de esta pequeña aventura nocturna por la ciudad de Córdoba, protagonizada por tres extraños que comparten un accidentado itinerario, y en donde las diferencias de clases sociales, los prejuicios que estas implican y la ambigüedad de las intenciones de cada uno aportan la cuota justa de tensión a este placentero relato en blanco y negro que recuerda un poco a las primeras películas de Kevin Smith y Richard Linklater. (Ramiro Sonzini)

Coronados, Josefina Alen y Abril Lucini, Argentina, 2017

Una aproximación documental al mundo del fisicoculturismo. Una mirada cuidadosa y con cierta distancia nos acerca a los atletas y sus cuerpos. El antes, durante y después; preparación, exhibición y competencia. La piel brillante y tersa, los músculos firmes y definidos, la tensión, la espera. Es una descripción precisa, metódica y respetuosa de esos espacios y personajes casi anónimos. La música funcional parece comunicar una experiencia genérica, pero no logra opacar la especificidad de los rostros, los gestos y las aspiraciones implícitas de quienes allí esperan el éxito o el fracaso (o tal vez, simplemente, el triunfo o la derrota). (Lea Naranjo)

La culpa, Jesús Álvarez, Argentina, 2018

Economía formal y narrativa. Una historia de terror que parece repetirse, pero no; se invierte, porque a todo poder se le opone otro en dirección contraria y es preciso validar la teoría. El gran plano general parece estar ahí para problematizar la noción de familia. Ese mundo privado, prácticamente inaccesible, se vuelve también secreto y peligroso. La intimidad se convierte en un riesgo, nadie interviene desde afuera, no hay nadie que pueda escuchar, ni socorrer, ni hacer justicia, entonces todo se resuelve en el interior de esa pequeña comunidad –a veces– trágica. (LN)

Mientras las olas, Delfina Gavaldá y Carmen Rivoira, Argentina, 2018

De Julia solamente sabemos que es joven, que tiene cabello rubio, jeans claros y una campera amarilla. La película se estructura en varias viñetas que ella atraviesa; cada una es un lugar distinto y particular, habitado por criaturas que parecieran existir solamente en ese espacio, y los encuadres capturan cada uno de los escenarios reales (una peluquería, una rotonda, una playa, una cancha de básquet) de tal manera que se sienten como decorados teatrales. Cada una de las viñetas pareciera ser un fragmento de tiempo que ocurre entre acciones, un pedazo de vida entre momentos narrativos. Mientras las olas podría ser la adaptación cinematográfica perfecta de Dónde está Wally. (RS)

Para probar que realmente existimos, Inés Villanueva, Argentina, 2018

Una mirada extranjera recorre la provincia de Guangxi, en China. La directora observa a un puñado de personas tomando fotos, tomándose fotos a sí mismas y entre sí; a veces es una observadora pasiva, a veces interviene, a veces intercambia, interactúa, pone en cuestión. Arquitectura, paisajes y shows en vivo: siempre es momento de una fotografía, una suerte de constatación empírica del espacio y el evento, que puede poner en riesgo la integridad física de sus protagonistas y entonces demuestra su carácter trascendental, casi obligatorio. (LN)

Trauma, Juan G. Rodriguez, Argentina, 2018

El cine de terror es uno de los géneros más codificados y difíciles de lograr. Uno de los errores más comunes es creer que la calidad de la empresa depende fundamentalmente de tener un buen guion, actores de renombre y mucho dinero para decorado y efectos especiales. El verdadero corazón del terror está en la puesta en escena, en el ritmo, la atmósfera y los encuadres, en saber qué mostrar y qué no y cuándo. Trauma existe para demostrar que sin dinero, sin grandes nombres y casi sin una historia se puede hacer una gran película de terror. (RS)

Marcela Gamberini, Roger Koza, Lea Naranjo, Ramiro Sonzini / Copyleft 2019