DIOS NO ESTÁ MUERTO 3, UNA LUZ EN LA OSCURIDAD / GOD’S NOT DEAD: A LIGHT IN DARKNESS

DIOS NO ESTÁ MUERTO 3, UNA LUZ EN LA OSCURIDAD / GOD’S NOT DEAD: A LIGHT IN DARKNESS

por - Críticas
11 Ago, 2018 12:38 | Sin comentarios
Tercer film evangélico de esta serie destinada a reforzar cinematográficamente un modo de estar en el mundo.

LOS INCOMPRENDIDOS

El gran protagonista es invisible y es, ante todo, una entidad benevolente. La reiterada oración que se repite en el film como un talismán sonoro hasta se dice en un idioma que no es el inglés: “Dios es bueno”. El antagonista no es el diablo, sino una actitud pestilente que infesta las almas de Occidente en los últimos siglos, la secularización.

La confrontación en el film tiene como escenario una universidad pública de Estados Unidos. Los funcionarios de la institución educativa entienden que ya no tiene asidero mantener en el campus la iglesia que preside el pastor Dave, no solamente por las consecuencias fatales e involuntarias de un acto de vandalismo contra el edificio sagrado, sino porque la intolerancia frente a creencias sustanciales como las religiosas es inadmisible en un Estado laico. El tema de fondo es la persecución del creyente, una astuta forma de dispensarle a este un halo de heroísmo sublime, elección retórica deliberada que se puede verificar en la escena dramática del final en la que el religioso supera las posiciones encontradas. He aquí una grieta hasta hace poco desconocida entre nosotros.

Dios no está muerto 3, una luz en la oscuridad /God’s Not Dead: A Light in Darkness, EE.UU. 2018.

Dirigida por Michael Mason. Escrita por Howard Klausner y M. Mason.

La religión cristiana en sus distintas variantes ha dado películas extraordinarias. De dioses y hombres, Andrei Rublev, Diario de un cura rural, Silencio. Pero Dios no está muerto 3tiene poco cine (como lo atestigua la perezosa y didáctica puesta en escena que erige en el kitsch su prosa confesional, excepto en una escena notable promediando el final entre un religioso afroamericano y el pastor, que es de otra película) y mucho de propaganda (como se puede verificar en el cameo de la periodista conservadora Dana Loesch despotricando contra el ABC del liberalismo político). Aquí, las certezas se vindican paso a paso en una imaginada sociedad caricaturesca en la que Darwin y sus compinches han horadado el derecho a creer, una trampa secular que lesiona la libertad del creyente. En esa línea argumentativa, los postulados del creacionismo rivalizan con los de la evolución. ¿Es todo cuestión de interpretación?

Este film, como los dos precedentes de esta saga evangélica sobre el Altísimo, tiene un indudable interés sociológico. He aquí la representación de un imaginario prototípico en sintonía con la era cultural del presidente Trump. Pero el cine está en otra parte, como el presunto creador de todo lo existente.

*Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior en el mes de agosto de 2018