CINECLUBES DE CÓRDOBA (50): CITA CON UN GRANDE

CINECLUBES DE CÓRDOBA (50): CITA CON UN GRANDE

por - Cineclubes de Córdoba, Críticas breves
06 Oct, 2014 04:47 | comentarios
vlcsnap-2014-10-04-17h28m02s23

Las viñas de la ira

Por Roger Koza

El acontecimiento cinéfilo del año es la retrospectiva casi completa que Hans Hurch, el director de la Viennale, le dedica a John Ford en la edición de este festival que empieza en dos semanas. Los jóvenes programadores de Cinéfilo, en sintonía con la agenda internacional, empezaron en abril de este año un sistemático repaso por toda la obra de John Ford. Aparentemente, en nuestra ciudad, el director más grande de los Estados Unidos no ha llamado la atención de las multitudes, un dato temible en tiempos de desprecio y legitimación de un cine mediocre. Todavía estamos a tiempo.

 La famosa frase del director de Más corazón que odio, “Mi nombre es John Ford, hago westerns” es en realidad insuficiente para sintetizar su cine. Las películas de Ford son, esencialmente, modos de reconstruir la historia de su país, lo que suele acarrear retratos de un ethos en plena evolución. En este sentido, la extraordinaria Las viñas de la ira (1940) es un ejemplo sustantivo. Al inicio de la década de 1940, Ford lleva a la pantalla grande la novela de John Steinbeck y al hacerlo revisa la crisis económica, moral y política que se denominó la Gran Depresión. Para entender lo que le preocupa a Ford, basta ver una secuencia en donde la familia que protagoniza la historia llega a una suerte de villa miseria en las afueras de California. He aquí el inconsciente del Sueño Americano.

Tras cuatro años de cárcel debido a un homicidio (en defensa propia), Henry Fonda, en la piel de Tom Joad, regresa al campo en donde toda su familia ha trabajado la tierra por décadas. La gloriosa panorámica inicial que introduce a Fonda caminando por una especie de tierra abandonada y toda la escena que viene a continuación, en la que se encuentra con un pastor que ha perdido su fe (el legendario John Carridane, padre de David), transmiten el espíritu de desposesión que sobrevolará la totalidad del film. Una vez que Fonda compruebe que su familia ya no cuenta con nada, él y los suyos viajarán en un camión (que parece un remedo de una carreta del siglo XIX) en búsqueda de oportunidades laborales a lo largo de varias ciudades de los Estados Unidos, país que se revela atravesado por una explotación patronal inescrupulosa en connivencia con la fuerza policial. (Lunes  7, a las 21 h, en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 1020)

gogo4

Go Go Tales

Un cabaret utópico

En este año en el que el gran Abel Ferrara brilla como nunca, primero con Bienvenidos a Nueva York y luego con Pasolini, revisar Go Go Tales (2007), una película reciente del realizador, es encontrarse con la felicidad en fotogramas concebida por un cineasta tan extremista como amable. En este film, Ferrara cuenta la historia de un cabaret regenteado por el gran Willem Dafoe, un chanta absoluto y manipulador que concibe su local llamado “Paraíso” como si se tratara de un campamento de refugiados de personas sensibles en el que casi todas sus criaturas cultivan algún que otro talento único (incluso si se trata de un baile erótico entre Asia Argento y un rottweiler). La cantidad de personajes inolvidables es menos perceptible que la maestría del director para trabajar en espacios cerrados y encontrar un montaje preciso para que la película mantenga un ritmo asombroso. El “Paraíso” es prácticamente insostenible y las deudas de Ray Ruby son astronómicas, pero los juegos del azar estarán de su lado, aunque el camino hacia la felicidad material no será sin obstáculos. Película insólita y divertida de Ferrara, película que conjura el individualismo sustituyéndolo por un extraño sentido de comunidad. (Martes 9, a las 21 h, en el Cineclub Municipal, Bv. San Juan 49)

Si Scorsese presenta…

La tercera orilla (2014), una de las mejores películas argentinas del año, vuelve a lo cines de Córdoba. Con el aval de Martin Scorsese, admirador confeso de Celina Murga, este film sobre el momento preciso en el que un adolescente se convierte en hombre es un prodigio de encuadres y de dirección actoral. El relato gira en torno a la relación conflictiva de un joven con su padre, que abiertamente mantiene una doble vida familiar frente a sus respectivos cónyuges e hijos. Si el mandato psicoanalítico “hay que matar al padre” tiene aún algún sentido, he aquí una prueba perfecta; la autonomía pasa por ese asesinato simbólico del padre, y no es otra cosa lo que el film retrata con inteligencia y sensibilidad. (Del jueves 9 al domingo 12, en el Cine Teatro Córdoba, 27 de abril 275)

Un país desconocido

Territorio perdido (2011), la estupenda película del director belga Pierre-Yves Vandeweerd, vuelve sobre una de las taras más vergonzosas de nuestra especie: la construcción de muros para demarcar una separación territorial entre dos pueblos, arquitectura que suele venir acompañada por matanzas y torturas. En este caso, se trata de la República Árabe Saharaui Democrática, y de las atrocidades acometidas por los marroquíes a los saharauis. Lo distintivo del film es su forma de reconstruir una historia reciente sin apelar al archivo, sino más bien al relato oral de las victimas combinándolo con un retrato actual del territorio en cuestión, poética notable, porque así Vandeweerd demuestra que un documental político no debe nunca desestimar ni renunciar a una política de la forma cinematográfica. (Jueves 9, a las 20.30 h, en el Cineclub La Quimera, Pasaje Escuti y esquina Fructuoso Rivera)

Este artículo fue publicado por el diario La voz del interior durante el mes de octubre de 2014

Roger Koza / Copyleft 2014