AL CENTRO DE LA TIERRA

AL CENTRO DE LA TIERRA

por - Críticas
09 Nov, 2017 11:52 | Sin comentarios
Un hombre busca en las estrellas un sentido mayor para su vida. La cámara es el nexo objetivo entre él y sus creencias. El cineasta mira, ordena y propone, y siempre acompaña a su amable personaje.

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

LOS CUERPOS CELESTES

Al centro de la TierraArgentina-Francia-Holanda-Alemania, 2015

Escrita y dirigida por Daniel Rosenfeld

*** Hay que verla

En la última película del director de Cornelia frente al espejo, un hombre deposita su fe en el cielo e intenta acopiar pruebas de esta con su cámara. 

Del mismo modo que un católico durante un recorrido cualquiera ha aprendido a divisar las iglesias para mecánicamente persignarse, el reflejo condicionado de mirar al cielo en búsqueda de amparo es parte del catálogo de conductas adquiridas. En el cielo anidan cuerpos celestes, en el espacio exterior se proyecta el hogar de los espíritus y también se prevé la plausible vida de otros seres inteligentes.

Al protagonista de Al centro de la Tierra le interesa el encuentro con los habitantes de las estrellas. Su legítimo deseo se canaliza a través de una pesquisa científica amateur. Antonio Zuleta siente que debe reunir evidencia y entiende que no existe mejor instrumento para hacerlo que filmar. La cámara no miente; es una máquina de posesión del reino de lo visible. Así es que después de un presunto primer encuentro con una nave en una ruta salteña, el humilde padre de familia ha grabado incesantemente testimonios y en las noches sigue buscando las luces móviles del cielo que confirmen su fe cósmica. Tiene que haber algo más. De no ser así, la vida en la Tierra se agota en su intrascendente inmanencia.

La mirada piadosa y respetuosa de Daniel Rosenfeld sobre su personaje es ostensible plano a plano. El director espía con prudencia la cotidianidad de Zuleta: la amorosa relación con sus dos hijos, una revisación médica, la visita a un cementerio (que explica el fuera de campo de su esposa), los distintos momentos en los que Zuleta prosigue con sus intereses metafísicos. Un viaje a Buenos Aires para consultar a un experto sobre su trabajo y una alucinante expedición al desierto salteño con el afán de hallar una base extraterrestre son situaciones extraordinarias.

La virtud del punto de vista adoptado radica en cómo Rosenfeld es capaz de establecer inferencias entre los actos cotidianos de Zuleta y la pasión que lo consume. Lo que Rosenfeld consigue extraer de un simple instante en el que el investigador enseña a su hijo a filmar compendia la inteligencia sensible del cineasta, escena que está en el inicio pero que se resuelve en el epílogo.

En efecto, Al centro de la Tierra prescinde de cualquier atisbo de superioridad a la hora de observar al personaje en la precaria consecución de sus intereses vitales; se lo acompaña a la misma altura, aunque a veces bajo una estética ajena al universo de este, lo que se puede verificar en las intervenciones musicales y en la escala de planos del último segmento, destinado a ser imperceptiblemente una prueba de fe para el propio espectador.

Hermoso film sobre ufología empírica que no es otra cosa que un retrato de un hombre luchando simbólicamente por trascender su propia finitud. La aventura vertical de Zuleta es humana, demasiado humana.

Esta crítica fue publicada por Revista Ñ en el mes de noviembre de 2017.

Roger Koza / Copyleft 2017