30 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA 2015 (08): BREVES REPORTES MARPLATENSES: EVA NO DUERME

30 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA 2015 (08): BREVES REPORTES MARPLATENSES: EVA NO DUERME

por - Críticas, Festivales
31 Oct, 2015 07:22 | Sin comentarios

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Por Santiago González Cragnolino

En la ronda de preguntas con el público posterior a la proyección de Eva no duerme, segunda película en competencia del día, el director Pablo Agüero comenzó dando la respuesta de rigor: para filmar esta película, tenía que hacerlo desde la responsabilidad histórica. Continuó contando la trayectoria de la concepción de su proyecto: su primera tendencia fue tomar la historia de la puja por el cadáver de Evita desde el grotesco, “a lo Fellini”, por el absurdo de la historia. Al comprender que la importancia de su cometido merecía mayor seriedad, decidió contar la historia desde la crónica. Luego de pensarlo bien, entendió que todo relato histórico que se presupone objetivo porta una mirada sesgada y teñida de intereses particulares, por lo que se inclinó por un ”tercer movimiento” en el que anclaría el relato en “un universo creado por el cine”. Sin ironía aparente, Agüero se posicionaba así en su propia Tercera posición.

La película comienza con un grupo de militares en un plano alejadísimo acercándose a cámara, iluminados a contraluz, en un plano que recuerda a la pandilla de Alex en La naranja mecánica. Sobre esa imagen se escucha la voz del personaje interpretado por Gael García Bernal, un oficial autodefinido como héroe de la Patria. En su relato, una vez que “los salvajes invadieron la hermosa capital”, había que tomar cartas en el asunto y así lo hizo. La culpa era de la Yegua o la Hembra, por lo que el operativo que montó, la apropiación y desaparición del cadáver de Eva Duarte de Perón, se trató de una venganza histórica. Las impresionantes imágenes de archivo del funeral del ‘52 y del bombardeo de la Plaza de Mayo en el ’55, posicionan a la película del lado de Evita; el vocablo “yegua”, repetido hasta el cansancio, nos dice que las cosas no cambiaron mucho de esa época hasta hoy. Hay varios momentos similares que indican al espectador que actualmente el pensamiento antiperonista sería el mismo que en ese entonces y la presidenta Fernández de Kirchner podría ser vista como la heredera directa de Eva. Ese tipo de versiones en los que la historia se repite circularmente despierta las primeras alarmas. Hay un desafío en pensar cada época y sus características particulares, pero Agüero no recoge el guante. Veremos que su interés pasa por otro lado.

Eva no duerme, Pablo Agüero, Argentina-España-Francia, 2015

La siguiente sección de Eva no duerme está dedicada al embalsamiento del cuerpo. El embalsamador interpretado por Imanol Arias, parece disfrutar el proceso como si se tratara de una experiencia sensual, un disfrute que aparentemente es el del director. En esta secuencia la fotografía es lujosa y las imágenes son voluptuosas como pocas veces se ha visto en el cine argentino reciente. El placer mortuorio será una constante pero nunca se verá tan claramente como durante la faena del embalsamador.

El siguiente protagonista es el militar encargado del transporte del cadáver de Eva, un Denis Lavant gruñón y demacrado, tan histriónico como siempre, que lleva en su camión al cajón y a un soldado raso que no conoce su contenido. Cuando el soldado abre el cajón, Agüero dedica otro momento al amor soterradamente necrófilo y a una aparente pulsión peronista latente en la mayoría de la población. Una vez que ambos hombres conocen el propósito de la misión, el director se embarca en su momento de mayor ambición técnica. Un larguísimo plano secuencia que muestra a los dos personajes sentados frente a frente, va de la noche al amanecer, que apenas se vislumbra por el parabrisas del camión; y culmina en un enfrentamiento físico coreografiado y espectacular. Una rareza total para el cine nacional, una escena de acción pura perfectamente ejecutada. Pero es más que eso: mientras la cámara traza un movimiento virtuoso, es también una ostentación de habilidad legítima aunque de propósitos cuestionables. En el siguiente plano, Agüero da un paso más allá con una imagen lírica de un amaneramiento llamativo. El personaje de Lavant carga en sus brazos el cadáver, enmarcado por unos árboles enormes y un espejo de agua que distorsiona la vista y ocupa la mayor parte del cuadro. La cámara está invertida de arriba hacia abajo, en un plano que tiende a la abstracción, una muestra perfecta del trabajo de su director: Peronismo d’art o la adaptación de cierta iconografía peronista al gusto mayoritario de los grandes festivales de cine.

Por corte directo, vemos nuevamente filmaciones de archivo: sobre las imágenes de la juventud combativa se imprime el año 1969 y desde la banda sonora se escucha un remedo de London Calling de The Clash, el llamamiento punk de los ingleses del ’77, quizás otra muestra de desorientación histórica del director. Inmediatamente después, la película aborda el interrogatorio de Montoneros al General Aramburu, prisionero en un oscuro sótano que permite el lucimiento fotográfico. Es la secuencia en la que la película se presta al trabajo actoral más melodramático y presuntuoso. Una vez que está decidido que Aramburu será fusilado, el militar amenaza a los guerrilleros y es realmente alarmante la pomposidad con la que se anuncia el Terror por venir.

Desde la muerte de Perón en adelante (y antes) se han visto todo tipo de apropiaciones, reapropiaciones, resignificaciones, remixes y covers de su ideología y el movimiento que se creó en torno a él. Me cuesta recordar una tan vana y autoindulgente como Eva no duerme. Durante la charla con el público, el actor Daniel Fanego (Aramburu) afirmaba que Agüero hizo una película “peronista y rockera”. Sin embargo, consultado por la elección de tantos actores extranjeros (García Bernal, Arias, Lavant), el director afirmaba que eso le permitía “hacer una parábola universal” de la historia que cuenta. Al quitar la particularidad histórica, la empresa se torna un tanto absurda y la inclinación por el mito, una elección puramente estética. En ese momento, queda confirmado más que nunca que Leonardo Favio no tiene herederos.

Santiago Gonzalez Cragnolino / Copyleft 2015