YO, NARCISO

YO, NARCISO

por - Críticas
15 Ago, 2026 11:54 | Sin comentarios
Que exista es un misterio. Que llene las salas es más que una cuestión estadística.

MUNDO LIFTING

Alguien es más que nadie cuando no es igual a cualquiera, lo que sería ser poco o nada. Pero el narcisismo es un exceso de afición en la matriz de la identidad, una inquietud sobreactuada de sí que presupone una experiencia del yo que no pueda ser asimilable a la de otros. El narcisista quisiera ser inimitable, un “distinto”. Como lo expresa el cirujano plástico que interpreta Adrián Suar, en una escena que pretende ser graciosa, después de Dios, que hizo hermoso a un porcentaje escaso de la población, para los feos del mundo está él, Máximo Rey, capaz de transformar el semblante de sus pacientes y convertirlos en criaturas bellas.

El horror del narcisista consiste en descubrir que él o ella es uno entre otros, uno más, acaso una copia. La indagación sobre el yo en cualquier camino que se transite implica necesariamente tener en cuenta la relación de distancia entre el yo y el estereotipo. Para una comedia, el empleo de estereotipos y la distancia elegida respecto de tales modos de caracterización resultan decisivos. Más todavía si se trata de una película en la que el narcisismo es el punto de partida. La distancia de un personaje respecto de su estereotipo es lo que ayuda a comprender lo propio de lo impropio, lo subjetivo de su máscara. La angustia del narcisista es ser poca cosa.

En Yo, Narciso, no existe prácticamente nadie ni nada que no sea un estereotipo. La distancia es nula: el marica es el marica; lo mismo pasa con cada personaje: de la socióloga que encarna Natalia Oreiro a la secretaria del cirujano y sus amantes. La aparición del político en el final es la prueba más nítida de la afección de una película que es la quintaesencia de un estereotipo, como si la propia película en sí fuera el estereotipo de una película de Adrián Suar.

En el inicio, un plano secuencia que empieza siguiendo a Oreiro y sigue con otro plano al ras del suelo y en movimiento es probablemente el único minuto de algo parecido al cine, porque después los planos solamente existen para hacer avanzar una trama que suma conflictos perezosos y parlamentos sobrescritos que explican la intrascendente psicología acartonada de los personajes. En más de una ocasión, hay varias imágenes realizadas con estupidez artificial en las que un corpulento Suar y una hermosa Oreiro glosan idílicamente los estados de ánimo de los personajes. Es una invocación muy peculiar a la tradición y mitología griega. Adjudicarle la noción de kitsch a tales secuencias es lo más parecido a un elogio.

Como en la mayor parte de las películas de Suar, el relato transcurre en un mundo paralelo. Puede haber una escritora que elija a un narcisista perfecto para estudiar una patología del yo; puede ocurrir también que la autora viva con una mujer y que existan cruces inesperados entre estas vidas. Lo interesante desde una perspectiva sociológica es hacer el intento de descifrar en qué mundo se proyectan los personajes de la película. En cierto sentido, todo resulta lógico; es el mundo ideal del cirujano: ahí no solamente no existen los narigones, tampoco hay señales de vida en las calles, en esas calles donde el concepto de lifting facial suena como una formulación marciana.

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Yo, Narciso, Argentina, 2026.

Dirigido por Adrián Suar.

Escrito por Pablo Solarz y A. Suar

Intérpretes: Adrián Suar, Natalia Oreiro, Julieta Zylberberg, Sofía

Morandi, Mariano Saborido, Camila Peralta, Andy Chango, Patricia

Viggiano, Eleonora Wexler, Moria Casán y Gustavo Bermúdez

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* Publicada por La Voz del Interior en el mes en curso.

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