
LOS VENCEDORES
CARA A CARA
Cuando Pablo Aparo decidió viajar a filmar las Islas Malvinas, Giovani Lo Celso todavía no había levantado el trapo con el reclamo histórico argentino sobre las islas después del partido en el Mundial contra Inglaterra, ni el actual presidente argentino, admirador confeso de Margaret Thatcher, había hecho de su corazón malvinero una bandera. El interés del cineasta no estaba movido por la coyuntura. Ningún viaje a las Malvinas es inocente, y lo político del caso es insoslayable, pero, a juzgar por lo que Los vencedores permite constatar, el móvil del cineasta no fue otro que el del entendimiento. ¿Quiénes son los que habitan las dos islas? ¿Qué recuerdan de la guerra? ¿Qué dicen de nosotros, los argentinos? Sobre la última pregunta, un cartel en una ventana lo expresa con claridad: los argentinos serán bienvenidos cuando dejen de reclamar soberanía.
Aparo es afable y respetuoso. Rápidamente, conquista la confianza de sus entrevistados. Pueden ser sacerdotes, agricultores, jubilados, un jefe de policía, empleados de comercio. No importa quién tome la palabra, el consenso sobre la legitimidad británica en las Malvinas es incuestionable. Aparo pregunta y escucha, eventualmente responde a las preguntas de sus entrevistados, pero jamás desea refutar las afirmaciones de sus personajes. Solamente expresa con honestidad que quiere conocer el otro punto de vista.
El cineasta tiene buen oído y aprovecha muy bien el espacio de la conversación. Cada intervención constituye un discurso común de los malvinenses. En él se pueden leer los efectos de la historia en la interpretación de la soberanía. Los datos duros son acallados: si las Islas están a 500 km de las costas argentinas y a 13.000 del Reino Unido, no tienen ninguna incidencia sobre los razonamientos de los isleños.
Tras algunos minutos de Los vencedores se escucha un nombre que será decisivo. ¿Quién es M? Este hombre que vive en el campo, en la Isla Stanley, que tiene armas y caza, y que le advierte al cineasta que no lo provoque es quizás el protagonista. En efecto, Aparo consigue filmar en el interior de su casa, retrata sin restricciones su vida cotidiana, habla con su padre, incluso hay varios planos en los que se ve la relación con su novia. Este admirador de John Wayne tiene mucho para decir, y es recién al final cuando el diálogo con Aparo alcanza su cénit. Es un momento de clarividencia, un triunfo minúsculo de un humanismo previo a la identificación con las banderas.
Los vencedores es prodigiosa en su potencial didáctico. Los isleños tienen cosas para decir sobre aquel momento doloroso. Hay muchos testimonios que pueden resultar más o menos irritantes, pero también los hay sobre los soldados argentinos (casi siempre piadosos) y sus superiores (casi siempre negativos). No faltan los señalamientos sobre el cinismo del dipsómano Galtieri y la utilización de Malvinas para restaurar la legitimidad de un gobierno ilegítimo. Por otro lado, a ningún malvinense se le ocurre pensar en la relación entre el imperialismo británico y la soberanía de las islas.
Más allá de la palabra, hay nuevas imágenes de las islas, de hoy y de ayer. La geografía es conocida, pero no siempre es homogénea. Están los cementerios, como otros vestigios de la guerra. Un tanque abandonado, otros instrumentos de aniquilación desperdigados en los pastizales, hacen coexistir el pasado con el presente. Las Malvinas del siglo XXI se pueden reconocer de inmediato, aunque la militarización de su paisaje es una de las consecuencias ostensibles de todo lo que comenzó el 2 de abril de 1982.
Siempre es bueno volver a decir: hubo cadáveres y, por consiguiente, existe una obligación de mantener viva la memoria. Lo que pasó no se olvida, aunque la Historia siga su curso. Frente a eso, solo falta decir que el trapo que inmortalizó el futbolista con la número 11 sigue vigente para los años venideros.
***
Los vencedores, Argentina, 2026.
Escrita y dirigida por Pablo Aparo.
***
*Publicada en La Voz del Interior en el mes de septiembre.
Roger Koza / Copyleft 2026


Últimos Comentarios