FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA 2016 (05): THE DREAMED ONES

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA 2016 (05): THE DREAMED ONES

por - Críticas, Festivales
14 Nov, 2016 01:12 | Sin comentarios

the-dreamed-ones-still-526x284 LETRAS FILMADAS

Por Roger Koza

El género epistolar es fascinante. Cuando los involucrados escriben suponen que sus respectivas cartas serán leídas solamente por sus receptores, más aún si el intercambio es de índole amorosa. El destinatario y el remitente son suficientes para instituir un espacio literario, el que siempre puede trascender a los comprometidos en la tarea literaria en un tiempo distinto al que le dio sentido. Una carta objetiva una experiencia de la intimidad que es puesta a consideración de ese lector elegido que además es el estímulo inicial de la voluntad literaria de quien remite. Sucede que emitir signos es propio de cualquier vínculo amoroso, ya que todo encuentro empieza entre dos extraños que anuncian un mundo desconocido que se cifra en ellos.

¿Cómo filmar una carta? ¿Qué puede hacer un cineasta frente a 200 cartas escritas durante más de 20 años entre un hombre y una mujer en una período histórico sombrío? Las misivas de Los soñados tienen firmas ilustres: Paul Celan e Ingeborg Bachmann; él, un poeta excepcional y sobreviviente del Holocausto; ella, una intelectual que escribió poesías y ensayos, entre otros géneros literarios, y cuya familia, en particular su padre, apoyó al partido Nazi. Cuando se conocieron él tenía 27 años, ella 21; el amor físico fue tan fugaz como el coronamiento propio de cualquier acto amoroso; no así la relación epistolar que mantuvieron por dos décadas, incluso cuando después de que Celan se casó con otra mujer y tuvieron hijos.

The Dreamed Ones, Ruth Beckermann, Austria, 2016

La documentalista Ruth Beckermann decide entonces filmar este romance que da cuenta de las pasiones de los involucrados, pero que también sintoniza con toda una época de Europa. Amarse después de los campos de concentración y el nihilismo que encarnó en la Historia es como mínimo una proeza del espíritu. Tal clarividencia determina el tono de las cartas: el antisemitismo y la culpa del sobreviviente son temas recurrentes, además de las taras afectivas y los celos de los amantes, que también encuentran erotismo en el intercambio filosófico y literario.

La poética elegida por Beckermann consiste en dos actores que simplemente leen algunos fragmentos de las cartas siguiendo un orden cronológico. El lugar elegido es un estudio de grabación en Viena, ciudad que aparece en el encabezamiento de muchas de las cartas leídas. El procedimiento es elemental: un hombre y una mujer interpretan esas cartas, a veces memorizadas. Sin embargo, no todo en Los soñados pasa por ese vínculo literario; Beckermann pone atención en las pausas y los momentos de descanso de los jóvenes actores que encarnan las voces de los amantes; la propia fuerza de las cartas pareciera inspirar o anunciar un posible romance entre ellos. La tímida sensualidad de esos recreos más que producir un corte en la representación y evocación, refuerza los párrafos leídos.

Extraña película la de Beckermann: en su deliberada abstracción y reclusión (casi todo sucede en un solo lugar y la supremacía de planos cerrados es ostensible) reside la fuerza tangible de sus palabras filmadas. Los signos pretéritos de los amantes son lo suficientemente reales como para destituir el solipsismo de la puesta en escena. Después de todo es un amor propio del siglo XX.

Este texto fue publicado por la revista Ñ en el mes de octubre de 2016

Roger Koza / Copyleft 2016