
ESTRENOS ETERNOS (28): EL COMPLEJO DE UNA MADRE / THE EFFECT OF GAMMA RAYS ON MAN-IN-THE-MOON MARIGOLDS
Hubo un tiempo en que hablar de “cine puro” era de avanzada, pero un siglo más tarde parece atrofiar el pensamiento. Una película como la que dirigió Paul Newman en 1972 seguramente se preste al tipo de reclamos sobre los que suelen descansar los comentaristas más propensos a la comodidad: “teatro filmado”, “si se hiciera en cualquier otro medio no habría ninguna diferencia”; toda esa clase de latiguillos ancestrales y frases prearmadas que nadie sabe muy bien de dónde vienen ni adónde nos llevan. Pero si uno mira atentamente El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, va a notar que una actuación puede ser tan cinematográfica como un tren en marcha. Hay algo deslumbrante en la energía que liberan ciertas personas, en la manera en que pueden calibrar su intensidad a través del cuerpo, en cómo el avistaje de un gesto puede, de repente, desenterrar una verdad que permanecía oculta.
Lo maravilloso de esta película está en la colisión de las actuaciones de Joanne Woodward y Nell Newman (madre e hija en la vida real y también en esta ficción). Mientras la madre está poseída por un ataque de histrionismo (fuma como una chimenea y mastica chicle como si no pudiera dejar la boca quieta; grita y habla sin parar, al mismo tiempo que levanta los brazos epilépticamente), la hija pequeña está constreñida (casi siempre la vemos quieta y callada, y cuando toma la palabra lo hace a partir de susurros frágiles que apenas encuentran lugar en esa casa poblada de alaridos).
Lo interesante es que la tensión no ocurre solo entre esas dos actuaciones, sino hacia el interior de cada actuación individual. Woodward parece estar en movimiento perpetuo, con las emociones a flor de piel, y, aun así, todas sus palabras remiten a una vida paralizada, siempre atascada en un pasado que no puede dejar atrás. Habla de novios muertos, de un exmarido desaparecido, de una belleza juvenil extinguida, como si diera vueltas en círculos sobre los escombros de su memoria. Nell Newman, que con su cuerpo encarna la quietud, cada vez que abre la boca tiene el tipo de pensamientos enérgicos que su madre no quiere o no puede entender. Habla de las estrellas que se transforman en diamantes, del Sol y del origen del Universo. La niña quiere pensar en el secreto de los átomos y la adulta solo puede pensar en la pileta sucia de la cocina. Woodward está atrapada en los confines de esa casa y de ese pueblo pequeño que se tragó todos sus anhelos. La hija, en cambio, sueña con todo lo que está más allá: aquello que le permite descubrir que ella (y que su madre y su hermana, y todos sus vecinos y sus compañeros de clase) son apenas un destello diminuto dentro de un Universo lleno de misterio.
Por supuesto, la belleza de la película no acaba con el trabajo de las actrices. Paul Newman dirige con sensibilidad y elegancia, y siempre sabe cuánto tiempo dejar correr un plano para captar un gesto subrepticio o cómo encuadrar una escena para aprovechar la profundidad de campo y mostrar a las mujeres sosteniendo una convivencia que cruje continuamente. Cada decisión formal y dramática decanta en un lugar doloroso que bordea la crueldad, aunque Newman y sus colaboradoras logran sortear la mala leche. En cierta forma, la actuación compasiva de Woodward recuerda a los trabajos de Gena Rowlands con John Cassavetes. Las dos mujeres componen personajes desbordados que disparan sus energías de forma anárquica, sin una dirección clara. Pero, si los personajes de Rowlands siempre dejan su vulnerabilidad al descubierto, lo que hace Woodward es exteriorizar una dureza que se va perforando y agrietando a medida que avanza la película. Es la crónica de ese intento fallido por mostrarse entera la que permite sostener la mirada empática de la película. Vemos la incoherencia de la madre, su insensibilidad, sus raptos de violencia, pero también vemos el torrente de angustia que corre por lo bajo.
Paul Newman registra pacientemente a una mujer que hace todo lo que puede por aferrarse a un pulso vital. Y aún así, esa vitalidad se le escapa, se le pierde de vista. Una y otra vez, ella se queda sola, sin palabras y sin máscaras ni pelucas que cubran sus heridas. ¿Cómo hacemos las paces con la vida que se nos escurrió? A veces, la tristeza de una sola persona tiene el peso de los siglos y siglos de la humanidad en la Tierra. Un atisbo de dolor puede sentirse del tamaño imponderable de la vía láctea. El efecto de los rayos gamma… se ubica en esa intersección. Filma lo minúsculo, lo magnánimo, lo imperceptible. La vida como un átomo en el dedo de una niña o como la primera vez que brilló el Sol.
***
El complejo de una madre / The Effect of Gamma Rays on Man-in-the-Moon Marigolds, Estados Unidos, 1972.
Dirigida por Paul Newman.
Escrita por Alvin Sargent, basado en la obra teatral de Paul Zindel.
Intérpretes: Joanne Woodward, Nell Potts, Roberta Wallach, Judith Lowry, David Spielberg, Richard Venture.
***
Iván Zgaib / Copyleft 2026


Últimos Comentarios