KONTINENTAL ’25 (02)

KONTINENTAL ’25 (02)

por - Críticas
21 Sep, 2026 10:09 | Sin comentarios
Notable película del cineasta rumano.

LA INDIFERENCIA

En una escena que puede pasar desapercibida, Orsolya mantiene una charla con un joven que conocía de otro tiempo y ahora es repartidor para poder vivir. Pasean un rato, toman un café en el bar de un cine de Cluj y, con un viejo monumento de fondo que encarna un significado histórico concreto y de peso respecto de la historia de Rumania, ven un video de YouTube. El material es real. Se alcanza a ver cómo explota una bomba en una trinchera ocupada por un soldado del ejército ruso invasor. El joven comenta el video e incluso desprecia al soldado muerto escupiendo en el suelo. Ella, en cambio, expresa algo de perplejidad. Lo que se ve no es fruto de la inteligencia artificial, tampoco es un montaje: es un hombre que muere.

La escena descripta es importante porque Kontinental ’25 no es otra cosa que una especie de drama no exento de comicidad (ninguna película de Jude prescinde del humor) en el que se examinan formas de la indiferencia. El drama se origina a partir de las consecuencias que tiene un edicto de desalojo y su consumación. Un pordiosero va de un lado al otro de la ciudad:  a veces pide limosna, interactúa poco con las personas, come lo que puede y duerme todas las noches en el sótano de un edificio. Pero un día le avisan que tiene que dejar ese lugar debido a que la propiedad se convertirá en un emprendimiento empresarial: un hotel de lujo. Algo sucederá. Quien ejecutará la orden es Orsolya; la escena en cuestión es prodigiosa: el tiempo, el tono, el cuidado, lo visto y lo no visto. Lo que sucede después consiste en una indagación indirecta de los recovecos de la conciencia de la protagonista. Culpa, remordimiento, incomodidad, tristeza. Lo que no logra es sentirse indiferente. Las monedas donadas a causas justas, que apenas lavan el cínico rostro de las corporaciones, ya no alcanzan a suavizar por completo las palpitaciones de la inquietud.

Cluj es una ciudad muy peculiar de Transilvania. Alguna vez fue parte de Hungría, algo que puede rastrearse en la arquitectura y en los monumentos que Jude incluye en escena con delicadeza y precisión. Este conflictivo político dirimido a fines de la segunda década del siglo XX persiste como ruido de fondo. En una conversación que tiene la protagonista con su madre, lo que hasta ahí podía percibirse como extraño se vuelve verbo. Es una discusión típica de las películas de Jude: un imaginario emerge, se vuelve transparente y se desglosa a través de una retórica donde asoman la inconsistencia y el disparate. Por eso son decisivas las conversaciones de la película: la que tiene Orsolya con un sacerdote, con su marido, con su jefe o con una amiga. En cada ocasión en que se toma la palabra se insiste sobre una arista de un mismo problema: la indiferencia, que estará indisolublemente anudada a otras afecciones de la vida contemporánea en un absurdo entramado material y simbólico que separa a las personas de su facultad de comprensión y de juicio ético. En este sentido, es un portento el modo en que Jude filma la ciudad, entendida como un cúmulo de signos que revelan un estado de la mente y la sensibilidad colectivas, con sus concomitantes efectos sobre las ideas y los comportamientos de quienes la habitan. El director viene perfeccionando este método crítico en sus últimas películas; véanse Sexo desafortunado o porno loco (2021) o No esperes demasiado del fin del mundo (2023). Córdoba sigue esperando a quien cinematográficamente se atreva a tanto.

En la escena descripta en el inicio se indicó el modo elegido por Jude para introducir en el plano lo que se ve en el video. Eso que se ve está mediado por el teléfono, pero al ser filmado, paradójicamente, el efecto de indolencia que caracteriza a la visión de imágenes de eventos atroces en el teléfono se neutraliza. De otro modo, si la explosión en el plano se hubiera visto como plano completo, hubiera sido abyecta: pertenecería a otra película. En esta decisión, en esta lección de cine, se puede constatar quién es Radu Jude.

No es extraño que el punto de inspiración de esta gran película rumana haya sido Europa ´51. En aquella película de Roberto Rossellini, el personaje de Ingrid Bergman pasaba por una experiencia personal que resultaba un antes y un después. Pero no es solo esto lo que une a las dos películas. A Jude le importan la historia del cine y las tradiciones que perviven. El gesto de la modernidad cinematográfica sigue vivo en sus películas. Las películas intervienen en el mundo y permiten conocer mejor qué hacemos en él. A esto se llama lucidez. La tradición crítica de la modernidad tiene acá a su hombre con una cámara.

***

Kontinental ’25, Rumanía-Suiza-Reino Unido-Luxemburgo, 2025.

Escrita y dirigida por Radu Jude.

Intérpretes: Eszter Tompa, Gabriel Spahiu, Adonis Tanța, Oana Mardare, Șerban Pavlu, Ilinca Manolache.

Roger Koza / Copyleft 2026

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