
LOS OLVIDADOS: IRVING RAPPER
Nacido en Londres en 1898, Irving Rapper llegó a los Estados Unidos cuando solo tenía ocho años. Mientras estudiaba en Nueva York comenzó a incursionar en el teatro, desarrollando luego una carrera en Broadway como actor y director. A mediados de los 30, Rapper arribó a Hollywood, donde comenzó a trabajar como asistente de dirección y dialoguista en varios títulos exitosos. Su debut como director se produjo en 1941 con Shining Victory, sobre un relato de A. J. Cronin, desarrollando desde allí una carrera no demasiado prolífica hasta su retiro en 1978, en la que incursionó en varios géneros y consiguió sus mejores logros en el terreno del melodrama. Luego de mediados de los 50, su carrera perdió interés y sus últimas películas fueron chatos mamotretos bíblicos. Irving Rapper falleció en Los Ángeles en 1999.
A Irving Rapper es probable que se lo recuerde por haber dirigido cuatro películas con Bette Davis, y si bien es justo que ello ocurra, hay en su filmografía algunas otras películas valiosas. Es cierto que la gran Bette muestra en esos papeles su enorme versatilidad actoral, que la ha convertido, para muchos críticos, entre los que me incluyo, en la más grande actriz de la historia de Hollywood. Pero hay que señalar que, si bien con la Davis se lució, Irving Rapper fue, en general, un muy buen director de actores. Sus orígenes teatrales y el hecho de haber adaptado varias obras de ese género provocan que, en algunos momentos de sus películas, la teatralidad asome como un rasgo reconocible, pero, en general, el cineasta sale airoso. Además, su trabajo con la cámara es siempre sugerente. En ese sentido, hay un rasgo característico de sus encuadres: la manera en que utiliza la profundidad de campo, algo que confiere una impronta personal a varios pasajes de sus películas. Habría que añadir el hecho de que varios de sus films fueran producciones casi independientes, circunstancia que le dio un margen de libertad inusual. Tampoco se puede omitir la ambientación inglesa de algunos de sus títulos, un rasgo estético que demuestra que nunca olvidó sus orígenes. Pasemos entonces a recomendar brevemente algunas películas de Irving Rapper.
LA EXTRAÑA PASAJERA (Now, Voyager, 1942) es la película más recordada del director, aunque no necesariamente la mejor. Apoteosis del soaper romántico, está centrada en una muchacha sometida al despotismo de su madre que, luego de un tratamiento psiquiátrico, se convierte literalmente en otra persona y entra, durante un viaje, en relación con un hombre casado con una hija traumatizada. Notables trabajos de Bette Davis y Gladys Cooper (la dominante madre), no exenta de algunos golpes bajos, y un refinado trabajo del director.
RAPSODIA EN AZUL (Rhapsody in Blue, 1945) es un biopic sobre la vida de George Gershwin con todos los condimentos que incorpora Hollywood dentro de ese subgénero (romance, melodrama, etc.). Abundan los clichés, pero la excelencia de la música del compositor, las coreografías de Hermes Pan, algunas inesperadas presencias en el reparto y el formidable trabajo de cámara de Lee Garmes, que alcanza su clímax en el final, provocan que el film sea disfrutable y se vea con agrado.
CUANDO EL AMOR FLORECE (The Corn Is Green, 1945) está ambientado en un pequeño poblado minero galés a fines del siglo XIX y tiene como protagonista principal a una abnegada maestra (la Davis, notable), narrando su relación con diversos personajes del lugar. El film, de carácter coral, podría encuadrarse dentro de lo que se llama «american» (la descripción de la conducta de los habitantes de una comunidad, sin exacerbar picos dramáticos).
ENGAÑO (Deception, 1946). Aquí Bette, formidable como siempre, es una pianista que se reencuentra con un viejo amor, violonchelista y celoso, que regresó de Europa. Ella, durante su ausencia, ha tenido una tortuosa relación con su profesor de música (un Claude Rains excelente, con un grado de locura y sadismo infrecuente). Las relaciones entre estos tres personajes dan lugar a un melodrama desaforado, con varios momentos de bravura de Davis y Rains. Un film recordable.
VENENO PARA TUS LABIOS (Another Man’s Poison, 1950) es otra con Bette Davis, aquí encerrada en un único ambiente al cual llega un extraño. Un auténtico whodunit con varias vueltas de tuerca, un asesinato incluido y la presencia de un curioso vecino. El hecho de estar filmada en un único espacio provoca que, por momentos, no se pueda evitar la teatralidad, pero el relato cuenta con una buena dosis de suspenso y atractivos personajes.
SIEMPRE AMANECE OTRA VEZ (The Glass Menagerie, 1950) es una adaptación de El zoo de cristal de Tennessee Williams, que logra transmitir con precisión la desolada frustración de los personajes. El film se apoya, sobre todo, en las muy buenas actuaciones (en particular Gertrude Lawrence, en una de sus escasas participaciones cinematográficas) y cuenta con una notable banda de sonido de Max Steiner.
EL AVARO (Bad for Each Other, 1953) transcurre en un pequeño poblado minero y tiene como protagonista a un médico militar que, de regreso de la guerra, se enamora de una rica heredera y abandona sus ideales a cambio de dinero y estatus, aunque, como suele ocurrir, la redención final aparece. El film está bien narrado y cuenta con la ventaja adicional de la presencia del gran escritor de serie negra Horace McCoy en el guion y los filosos diálogos.
MUJER INFIEL (Strange Intruder, 1956) es tal vez el film más curioso del director, con elementos del film noir (el uso de la voz en off y el carácter marcadamente ambiguo de los personajes, en particular el protagonista). Si bien el relato cuenta con varias aristas de interés, la sensación final es que nos encontramos ante un film que requería un mayor desarrollo para evitar sentir que estamos ante una película inconclusa.
Jorge García / Copyleft 2026



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