EL NOIR DE RECIFE Y LA MEMORIA 

EL NOIR DE RECIFE Y LA MEMORIA 

por - Entrevistas
04 Jun, 2026 11:14 | Sin comentarios
Un diálogo con Kleber Mendonça Filho sobre El agente secreto.

Debería haber ganado la Palma de Oro en Cannes, podrá o no ganar un Oscar en marzo, y más allá de sus premios acá y allá, una gran película tiene que ser inmune al éxito y al fracaso que exhiben los números. Pasarán las décadas, y el cuarto largometraje de Kleber Mendonça Filho seguirá en pie: su lucidez política y afectiva permanecerá intacta, también su energía cinética y narrativa; si el desierto aún no se ha extendido del todo para entonces, quienes descubran el film en el 2050 o el 2077 reconocerán las proezas de la puesta en escena, la incomodidad de su trama y la simpatía de casi todos los personajes, incluso los aviesos. Sucede que El agente secreto es una de las grandes películas latinoamericanas del siglo, como lo fue La ciénaga en algún momento, Luz silenciosaSantiago El gran movimiento, más tarde, y algunos otros títulos. El encomio acá es justo y merecido, y debe decirse ahora, no al timorato amparo del paso del tiempo: cuando todavía existen disputas y cuestionamientos en torno al cine como herramienta estética y ética de conocimiento, es cuando hay que decir lo que corresponde.

En 1977, un científico vuelve a su ciudad en el momento en que se celebra el carnaval. Antes de llegar a Recife, Marcelo se detiene a cargar nafta en una estación de una zona rural. Si el vehículo no fuera un escarabajo de Volkswagen, podría ser un caballo traspirado y sediento que necesita descanso y agua; el conductor podría ser entonces un jinete. Es una típica escena de western. A menos de dos metros, un cuerpo sin vida yace en el suelo. Luego, llega la policía. Todo huele a podredumbre, y no solo por el cadáver. ¿Carnaval?

El agente secreto

En El agente secreto pasa de todo y lo que pasa no se comprende de inmediato. La lógica no es causal; el anudamiento de situaciones es el característico de un noir de los años 40. (En inglés se podría haber llamado Out of the Past, como la de Jacques Tourner, cuya complejidad es muy parecida a la de este film de Mendonça Filho). La relación con los géneros cinematográficos no es acá un deporte hermenéutico practicado para estímulo de críticos y cinéfilos. El cineasta conoce a la perfección la historia del cine y la importancia de sus tradiciones, y las emplea con pertinencia.

Por mucho tiempo, poco se sabe de quién es Armando o Marcelo (lleva dos nombres, uno falso) y la razón de su regreso. Por sus actos, parece una buena persona. Alrededor de él, se van sumando personajes inolvidables: un proyectorista de cine, la encargada septuagenaria de unos departamentos, un jefe de policía corrupto aunque simpático, un par de asesinos memorables, amantes, quizás espías y militantes clandestinos, oriundos de países diversos. Udo Kier luce como un nazi, pero es en verdad un sobreviviente de un campo. Una “pierna peluda” asesina compulsivamente a homosexuales. Se incluye a un canalla que representa al empresariado brasileño, alguien que está en contra del progreso científico y la industria vernácula, un enemigo de la democracia y la civilización, de esos que no dejan de proliferar. En algún momento, absolutamente conmovedor, el hijo del protagonista, que vive ya en nuestro siglo, resignifica el sentido de saber, recordar y olvidar. En él se concentra la ubicua inquietud de la película: la transmisión de una época y las consecuencias microfísicas en todos los órdenes imaginados para lo que viene después.

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Empecemos por algo que parece irrelevante: el título de la película. 

Quien espere una película de espionaje se encuentra con un relato que emplea ciertos elementos de ese género, pero que están ensamblados bajo otra lógica. Durante los primeros 70 minutos, resulta difícil saber exactamente qué es lo que sucede y quiénes son los personajes. ¿Por qué concibió trabajar la película bajo un concepto de opacidad general propio del noir clásico?

El agente secreto

Si tuviera que sintetizar cuál es el núcleo de El agente secreto, ¿qué elegiría?: ¿la trama política, la familiar, la relación de la ciudad de Recife con su historia, la última dictadura brasileña o el pasado reciente? O, dicho de otro modo: ¿cómo concibió entrelazar tantas variables en una película que no parece tener un conflicto central, sino una red de situaciones que, en su conjunto, erigen una atmósfera y un enigma?

El personaje de Wagner Moura sostiene el universo simbólico de El agente secreto. En él se sustenta una posición frente al mundo y su perspectiva organiza nuestra mirada. Usted lo rodea de personajes y, al hacerlo, todo se vuelve más complejo y fascinante. Es una película en la que cada personaje secundario resulta indispensable y suma un matiz a la trama. ¿Puede hablar un poco de esta proliferación de personajes?

A propósito de esto último, no puedo dejar de preguntarle por el personaje de Udo Kier. Puede pasar por un capricho que él participe en la película, pero en verdad no lo es. ¿Qué buscaba con su presencia?

El agente secreto

Hay otro personaje que precisa algún tipo de explicación: “la pierna peluda”. ¿Qué o quién es ese personaje homicida?

Hay un giro sorprendente en la trama que establece un lazo directo entre el pasado y el presente. ¿De qué modo cree que El agente secreto es una película para el presente y no una revisión del pasado?

*Publicada en otra versión en Revista Ñ en el mes de marzo.

Roger Koza / Copyleft 2026