
LOS OLVIDADOS: ROUBEN MAMOULIAN
Nacido en Tiflis, Georgia, en 1898, de descendencia armenia, Mamoulian, hijo de un banquero, pasó su infancia en París, estudiando luego criminología en Moscú y teatro en la misma ciudad con un discípulo de Stanislavsky. En 1918 regresó a Tiflis, creando su propio estudio dramático, continuando luego su aprendizaje de teatro en Londres, donde dirigió su primera obra. En 1923 partió a los Estados Unidos y allí dirigió óperas y operetas, y en 1924 debutó en Brooklyn con Porgy, la obra que dio origen a Porgy and Bess, de George Gershwin. Debido a la inventiva que mostraba en sus trabajos teatrales, fue contratado por los estudios Paramount, debutando como director de cine en 1929 con Applause, donde mostró sus aptitudes innovadoras en su trabajo con el sonido, desarrollando luego una carrera de casi cuatro décadas, con algunos hitos, como haber dirigido la primera película en Technicolor en 1935, Becky Sharp. Sus ideas cinematográficas varias veces chocaron con las de los productores y así fue desplazado de la dirección de Laura, finalmente asignada a Otto Preminger, y también vio frustrado su deseo de dirigir Porgy and Bess, asimismo realizada por Preminger. En Cleopatrasolo pudo rodar diez minutos, antes de que se hiciera cargo de la película Joseph Mankiewicz. Su carrera en el cine terminó en 1957 con Silk Stockings, y luego estuvo al frente de varias obras de teatro, una actividad que nunca había abandonado mientras rodaba películas, hasta su retiro definitivo en los años 60. Rouben Mamoulian falleció en 1987 en Los Ángeles.
Cuesta entender la manera en que el eminente Andrew Sarris, en su libro sobre el cine norteamericano, subvalora a Rouben Mamoulian, un director que, más allá de gustos y afinidades —y este es un dato objetivo—, ha mostrado a lo largo de su carrera originales ideas creativas, tanto en lo narrativo como en lo formal. Desde el novedoso trabajo con el sonido en su primera película, Applause (1929), pasando por la utilización de la cámara subjetiva, la fusión de los diálogos con las letras de las canciones en sus musicales, el papel de los decorados y la escenografía, los virtuosos movimientos de cámara, el rol de la profundidad de campo, hasta el uso dramático del close-up —sobre todo en los films de la primera mitad de la década del 30—, su obra fue una constante búsqueda de innovaciones. Desde luego que en su cine se pueden encontrar influencias del expresionismo alemán en los contrastes entre luces y sombras, del cine mudo ruso en su trabajo sobre los primeros planos, pero también puede decirse que anticipa la planificación de Orson Welles y que en The Mark of Zorro se pueden apreciar algunas prefiguraciones del Buñuel mexicano. Mamoulian dirigió musicales, un género que está presente de algún modo en toda su obra, films de gánsteres, de aventuras, comedias, adaptaciones de novelas clásicas y films de época, y en todos los casos introdujo en sus obras elementos originales. Fue un director que siempre asumió riesgos, algo que le provocó varios conflictos con los productores. Y también hay que señalar que, aunque fue un hombre que comenzó su carrera en el teatro y continuó trabajando en ese terreno toda su vida, sus films son eminentemente cinematográficos. Y no olvidar que en un mismo año dirigió a dos superestrellas como Greta Garbo y Marlene Dietrich. Vayan entonces, con el perdón de Sarris, varias recomendaciones de films de Rouben Mamoulian.
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APLAUSOS (Applause, 1929) es la primera película de Mamoulian, una trivial historia de las relaciones de una artista de burlesque con su hija y dos hombres. El interés de la película reside en el trabajo que realiza el director con el sonido, en una de las primeras películas en ese sistema, y la notable labor de la cámara, a lo que hay que agregarle el muy buen trabajo de Helen Morgan en el protagónico.
CALLES DE LA CIUDAD (City Streets, 1931) es una estilizada fusión de relato de gánsteres con melodrama, sobre una historia de Dashiell Hammett y uno de los primeros protagónicos de Gary Cooper. Una vez más, por sobre los valores del guion, brilla el trabajo de cámara e iluminación de Lee Garmes, en el que se detectan claros ecos del expresionismo alemán.
EL HOMBRE Y EL MONSTRUO (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1932) es una de las varias adaptaciones de la novela de Robert Louis Stevenson y, para muchos, la mejor, en la que el director, con un gran trabajo de puesta en escena, experimenta con la cámara subjetiva. Formidable el trabajo de Frederic March y Miriam Hopkins, así como los momentos de transformación del personaje y el uso del close-up, que refuerza el dramatismo de varias escenas.
ÁMAME ESTA NOCHE (Love Me Tonight, 1933). Que el director haya logrado un film notable teniendo como pareja protagónica a Maurice Chevalier y Jeanette MacDonald ya es un mérito, pero esta fusión de comedia musical y opereta, con música y letras de Rodgers y Hart, es una nueva muestra de la inventiva del realizador que, además, consigue una excelente integración de diálogos, canciones, bailes y toques de fantasía, con una gran utilización del espacio. Un brillante ejercicio de estilo.
EL CANTAR DE LOS CANTARES (Song of Songs, 1933) narra una historia con amplias posibilidades de caer en lo teatral, pero el director elude con elegancia esa situación, en un relato de ribetes absurdos en el que una luminosa Marlene Dietrich (en etapa pre–Von Sternberg), tras su frustrado romance con un escultor vecino, termina casándose con un militar millonario y cae en una vida disoluta. Otra vez, los méritos formales del film están por encima de la línea argumental.
REINA CRISTINA (Queen Christina, 1933). Mamoulian aquí incursiona en el film de época, aunque en un sorpresivo tono de comedia dramática, con Garbo en uno de sus mejores papeles (para muchos el mejor) como la reina sueca, conflictuada entre sus deberes reales y su pasión amorosa con un diplomático español (un John Gilbert, como casi siempre, algo desajustado). El film cuenta con varias secuencias memorables, además de ser un verdadero estudio sobre el rostro de Garbo, que alcanza su clímax en el inolvidable plano final.
LA FERIA DE LAS VANIDADES (Becky Sharp, 1935) es una adaptación de una novela clásica de William Thackeray, sobre las distintas vicisitudes por las que pasa una desprejuiciada muchacha. El film es posiblemente el más convencional de Mamoulian desde lo narrativo y lo formal y solo pasa a la historia por la interpretación de Miriam Hopkins en el protagónico y por ser la primera producción de Hollywood en Technicolor.
LA MARCA DEL ZORRO (The Mark of Zorro, 1940) es una incursión del realizador en el terreno del cine de aventuras. Ambientada en México, con escenas que anticipan al Buñuel de ese país, narra el enfrentamiento del protagonista con el corrupto alcalde que destituyó a su padre y su villano ladero. El duelo final entre Tyrone Power y Basil Rathbone tiene un marcado carácter coreográfico y hay secundarios memorables (Gale Sondergaard y el gordo Eugene Pallette).
SANGRE Y ARENA (Blood and Sand, 1941) está basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez y tiene como protagonista a un torero analfabeto, encandilado desde niño con los toros, que se irá luego a Madrid, donde pronto triunfará. De regreso a su pueblo natal se casará con un amor de la infancia, pero pronto se verá enredado con una rica burguesa que acelerará su caída. Gran captación de lo hispano, con música, bailes y encuadres que parecen homenajes a los grandes pintores de ese país.
MUÑECA DE SEDA (Silk Stockings, 1957). La última película de Mamoulian es esta versión en comedia musical de Ninotchka, el gran clásico de Ernst Lubitsch, que demuestra que su inventiva e imaginación no han decaído. Con gran utilización del espacio y los decorados, la música de Cole Porter, las coreografías de Hermes Pan, la irresistible elegancia de Fred Astaire, las inigualables piernas de Cyd Charisse y hasta Peter Lorre, gordo y envejecido, cantando y bailando, el director pone un adecuado broche de oro a su filmografía.
Jorge García / Copyleft 2026




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