LOS OLVIDADOS: DAVID MILLER

LOS OLVIDADOS: DAVID MILLER

por - Columnas
25 Feb, 2026 08:25 | Sin comentarios
A pesar de tener en su filmografía varios títulos interesantes, pocos se acuerdan hoy de David Miller.

Entre los realizadores abordados en este espacio, no hay ninguno del que existan tan escasas referencias biográficas como en el caso de David Miller. Puede decirse que nació en Nueva Jersey en 1909, que trabajó como editor antes de dirigir varios cortometrajes y que su debut en el largometraje se produjo en 1941 con Billy the Kid, personaje retratado en numerosas ocasiones por el cine y en cuya realización, se dice, colaboró Frank Borzage. Su carrera se extendió a lo largo de cuatro décadas, con una cantidad moderada de películas; en los años finales de su trayectoria trabajó en televisión. Con escasa frecuencia mencionado, David Miller falleció en Los Ángeles en 1992.

David Miller

David Miller pertenece a la extensa lista de directores a quienes gran parte de la crítica considera artesanos sin vuelo; sin embargo, cuando uno revisa sus películas, se encuentra con algunas sorpresas. Realizador ecléctico, dirigió westerns, comedias, melodramas, films noir, un thriller político y también la última película de los Hermanos Marx (Love Happy, 1949), que no figurará en las recomendaciones, por cuanto las películas en las que participaban los Brothers las dirigían ellos mismos.

Lo primero que hay que señalar de Miller es su sólida eficiencia técnica, plasmada en su excelente uso del espacio, la precisión del montaje y la notable fluidez de la cámara. También corresponde destacar su capacidad para la dirección de actores, algo que puede apreciarse en los trabajos que obtuvo de intérpretes tan difíciles como Kirk Douglas y Joan Crawford. Además, cuando tuvo la posibilidad de unirse a productores como Edward Lewis y guionistas como Dalton Trumbo, consiguió excelentes resultados.

Por el contrario, cuando la pesada mano del productor Ross Hunter intervino en una película, esta perdió interés, como ocurrió con la tercera versión de Back Street, posterior a la magnífica de John M. Stahl y a la estimable de Robert Stevenson, que solo logra sobrevivir por momentos gracias a la interpretación visceral de Susan Hayward.

Pasemos, entonces, a recomendar algunas películas de David Miller que lo hacen merecedor de formar parte de nuestro panteón cinéfilo.

***

GALANTE Y AUDAZ (Billy the Kid, 1941). Ni Robert Taylor, demasiado mayor para el papel, ni Brian Donlevy resultan convincentes en los roles del protagonista y del sheriff, antiguos amigos de la infancia que ahora se encuentran enfrentados. Una historia de lealtades y traiciones que cuenta con varios elementos atractivos, entre ellos la utilización del paisaje de Monument Valley, donde se desarrolla buena parte de la acción.

LOS TIGRES DEL AIRE (Flying Tigers, 1942). John Wayne comanda un grupo de aviadores de combate en China en los días previos a Pearl Harbor, enfrentados a los japoneses. No es exactamente un film bélico, aun con sus excelentes escenas de combates aéreos, ya que también se presenta como un interesante estudio de caracteres; a ello hay que agregar que elude el tono triunfalista y propagandístico propio de esta clase de films en aquellos años.

El ídolo

EL ÍDOLO (Saturday Hero, 1951). Incursión del realizador en el género deportivo, con toques de melodrama. El protagonista es un talentoso jugador de fútbol americano, vocación que choca con su deseo de recibirse como ingeniero, mientras aspira a un romance con la hija de un magnate. Nada nuevo bajo el sol, pero la solvencia narrativa del director consigue que el film resulte entretenido y disfrutable.

MIEDO SÚBITO (Sudden Fear, 1952). Joan Crawford interpreta, con su habitual nervio y energía, a una exitosa autora teatral que despide a un actor sin sospechar que, poco después, se convertirá en su amante, ignorando los verdaderos planes del cesanteado. Curiosa inversión del juego del gato y el ratón en un film de creciente tensión y suspenso, con inteligentes vueltas de tuerca y un notable trabajo de cámara e iluminación de Charles Lang que potencia las aristas ominosas del relato.

ENCAJE DE MEDIANOCHE (Midnight Lace, 1960). Una atractiva burguesa, casada con un rico ejecutivo, es amenazada —primero en la niebla londinense y luego por teléfono— por una misteriosa voz. A pesar del desfile de modelos de Doris Day, de varios clichés y de un final previsible, rocambolesco y recargado (todos elementos, seguramente, gentileza del mencionado Ross Hunter), el film mantiene una adecuada dosis de suspenso a lo largo del relato.

LOS VALIENTES ANDAN SOLOS (Lonely Are the Brave, 1962). Un fenomenal Kirk Douglas interpreta a un vaquero anclado en el siglo XIX que no consigue —ni conseguirá— adaptarse a la modernidad de un poblado urbano. Preso deliberadamente para ver a un amigo en la cárcel, se fugará y será perseguido incluso por un helicóptero en un agreste paisaje muy bien utilizado por el director. Film de tono elegíaco, es uno de los mejores exponentes del género en su versión moderna.

Captain Newman

CAPITÁN NEWMAN (Captain Newman, M.D., 1963). Interesante relato ambientado en un hospital neuropsiquiátrico situado en una zona desértica durante la Segunda Guerra Mundial, en el que su responsable debe bregar con los diversos trastornos de los pacientes. Con varios toques de humor, el film presenta una atractiva galería de personajes secundarios y notables actuaciones de Eddie Albert, Bobby Darin y Robert Duvall.

ASESINATO DE UN PRESIDENTE NORTEAMERICANO (Executive Action, 1973). Contradiciendo la versión oficial, el film presenta el asesinato de John F. Kennedy como el resultado de una conspiración que involucra a magnates petroleros y a los servicios de inteligencia. Con un tono seco y distanciado, desarrolla una tesis que para muchos puede resultar arbitraria, incorporando elementos documentales. Un muy buen ejemplo de thriller político.

Jorge García / Copyleft 2026