BASTARDOS SIN GLORIA (2)

BASTARDOS SIN GLORIA (2)

por - Críticas
10 Sep, 2009 03:42 | comentarios

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

ÉRASE UNA VEZ LA BARBARIE

images

Bastardos sin gloria / Inglorious basterds, EE.UU., 2009.

Escrita y dirigida porDirigida por Quentin Tarantino. .

*** Hay que verla  

La última película del ícono del cine norteamericano de los ’90 se parece a sus títulos precedentes, pero una mirada más atenta habrá de verificar algunos cambios decisivos, aunque Bastardos sin gloria ostenta una importancia que excede a su responsable.

 “El cine es un historiador sensacionalista”. La declaración pertenece a Godard, y más allá de que Quentin Tarantino la conozca o no, el realizador de Kill Bill parece apostar a conjurar este señalamiento en una apuesta hiperbólica. No se trata, entonces, de pretender rigor histórico, sino más bien de hacer una finta a la verdad histórica y fantasear sin restricciones: matar a Hitler, Goebbels y una caterva de nazis en una sala de cine es un permiso lúdico, o quizás Quentin ha inventado algo nuevo: violencia kosher.

“Érase una vez… Francia ocupada por los nazis. 1941”. Así empieza el primer capítulo de Bastardos sin gloria, el primer guiño cinéfilo, en este caso a Sergio Leone. Pero lo que importa aquí no es el saber enciclopédico pop de Tarantino, presente en toda la película, sino la perfección de esta introducción: un campesino y sus hijas trabajan en la campiña francesa. Mientras las hijas cuelgan la ropa recién lavada se divisa a lo lejos un jeep nazi. ¿Es un western?

La llegada del “Cazador de judíos”, el políglota coronel Landa (Waltz), es la presentación del villano más odioso en el bestiario de Tarantino. Este Sherlock Holmes ario, que dice saber pensar como judío, y, como un etólogo, intuye el comportamiento de estas “ratas”, sabe que el campesino esconde a una familia de judíos. La precisión del diálogo, sus pausas, un vaso de leche, los encuadres, un movimiento semicircular de la cámara y la decisión de dejar en fuera de campo la ejecución, es decir, no mostrar a las víctimas, constituyen el mejor pasaje de todo el cine de Tarantino, y este pasaje explicita, sesgadamente, una tesis: la violencia es primero un discurso, luego una acción física. De esta matanza surgirá una sobreviviente, Shosanna, quien se convertirá en dueña de un cine de arte.

Los cuatro capítulos restantes se articulan en torno a dos planes simultáneos para matar al Führer, que asistirá a la première de “El orgullo de la Nación”, dirigida por su ministro de propaganda, Goebbels. La cinéfila Shosanna planea convertir el celuloide en pólvora y el cine en cámara de fuego. Mientras tanto, los “bastardos sin gloria”, la pandilla secreta liderada por el descendiente de apaches Aldo Raine (Pitt) y sus secuaces judíos también sueñan con asesinar en el mismo escenario al obsceno mandatario de bigote.

Tarantino es un auténtico transgresor. Mientras Hollywood consolida un nuevo género, el cine del Holocausto, y reescribe y normaliza el Holocausto en sus propios términos, Tarantino se resiste a este gesto reconciliador entre el pasado y el presente. De La lista de Schindler a Desafío, se trata de instaurar un relato humanista del horror, y es por eso que Spielberg y sus seguidores son meros historiadores sensacionalistas.

En su libertad irresponsable, Tarantino no apuesta por la reconciliación, y, como si canalizara el espíritu combativo e intolerante del Viejo Testamento, ametralla y carboniza en 1944 a un sujeto histórico cuyo fantasma todavía sigue merodeando.

***

Nota: escribí esta crítica antes de leer la nota de Nicolás Prividera que publicó aquí y precede a esta crítica. Solamente sabía que no le había gustado y que su crítica sería negativa. Sinceramente pensé que mi recepción del filme habría de ser igual; siempre me ha molestado la estetización de la violencia en el cine de Tarantino, rasgo que no deja de estar ausente en Bastardos sin gloria, aunque el gore esté menos presente en este film. Si bien creo (críticamente) en la política de los autores, no obstante siempre pretendo pensar la película con cierto grado de autonomía, más allá de la firma que siempre condiciona, mucho más de lo que pensamos. Nunca me he ha interesado el cine de Tarantino, y su influencia en la escena contemporánea no me parece precisamente edificante. Sin embargo, Bastardos sin gloria es un film importante, y en la crítica, más breve que la de Nico,  intenté explicitarlo. Aunque creo que la posmodernidad es un macguffin, como solía decir un filósofo acusado de posmoderno, entiendo muy bien el señalamiento de Nicolás, y no deja de ser pertinente y necesario discurrir sobre la distancia irónica respecto de la crueldad que Tarantino le regala a sus fans a lo largo del film.

 Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La Voz del Interior en el mes de septiembre de 2009