BONG, UN CINEASTA POPULAR

BONG, UN CINEASTA POPULAR

por - Ensayos
11 Feb, 2020 11:42 | 1 comentario
Algunas ideas sobre el cine del ganador del último Óscar y algunas otras cuestiones.

El abuso alevoso de ciertos términos atenúa su posible precisión. Lo popular, entre nosotros, ya casi no significa nada; es un vocablo empleado para la burla, el marketing, la vindicación caprichosa, la demagogia. Al cine, alguna vez, se le adjudicó ese noble adjetivo y se lo calificó, entonces, de arte popular.

En efecto, al apagarse la luz, en la sala se conjuraban por unos minutos todas las diferencias entre los espectadores y todas las historias proyectadas en la tela resultaban dignas para cualquier hombre o mujer. Los pudientes, los asalariados, los eruditos, los humildes, incluso los que no podían siquiera leer reían y lloraban con Chaplin, sentían la felicidad de Gene Kelly bailando ante cualquier excusa y reconocían de inmediato la dignidad humana en menos de 10 minutos al encontrarse con la gloriosa Qué verde era mi valle.

El secreto de Parásito radica en su índole popular, y también en el arte de su director, Bong Joon-ho, uno de los tres grandes cineastas coreanos de su generación (junto con Lee Chang-dong y Hong Sang-soo), sin duda el más popular de todos, debido, casi con seguridad, a una sensibilidad social capaz de articular inquietudes comunes en el corazón de una comunidad con los requerimientos del cine de género. Las películas de Bong nunca son tímidas al momento de advertir que no todo está bien en el mundo, y sobre esa clarividencia lateral, no declamada pero sí exhibida, se edifica un relato que retoma los resortes dramáticos de los géneros cinematográficos, que tienden puentes entre las distintas culturas, pertenencias de clase y generaciones.

Desde la ópera prima de Bong, la mordaz y amable comedia Perro que ladra no muerde hasta Parásito, las películas del ganador del Óscar han trabajado sobre formas del malestar: en su primera película, el tema era la soledad y la función de las mascotas respecto de ese estado de ánimo asociado a una forma de vida contemporánea. El capitalismo es un concepto excesivo, pero es una forma de vida. A Bong siempre le ha interesado filmarla.

De ese notable debut, Bong pasó a su primera obra maestra: Memorias de un asesino. La historia de un famoso asesino serial de la década de 1980 es apenas la superficie de una sociedad signada por la violencia estructural propia de una dictadura, en la que el homicida del relato es la extensión microscópica de un Estado no menos criminal. Todo eso se insinúa sin subrayados, y sucede mientras el relato se centra en las peripecias de un detective desesperado por atrapar al asesino. El ominoso clima ubicuo del filme es el verdadero protagonista.

Después de aquella maravilla, llegó otra genialidad del director: The Host. Un viejo y fallido experimento científico de los estadounidenses en Corea regresa, décadas después, materializado en una criatura monstruosa. Desde el fondo de un río, una entidad anfibia y enorme, hija de una guerra, persigue y devora todo lo que está a su alrededor. Bong elige la perspectiva de una familia, no muy distinta a la familia no privilegiada de Parásito, para avanzar en el relato, que no puede tener otro núcleo dramático que acabar con la bestia.

Se podrían tomar sus otras películas, como Madre, Snowpiercer Ojka, algunas tan buenas como las mencionadas, otras menos felices, y hallaríamos algunas regularidades: Bong elige un género, añade elementos históricos que resignifican la libertad de toda ficción, identifica algún síntoma que remite al malestar contemporáneo y lo incluye, elige personajes más bien marginales y el relato toma velocidad. Bong tiene un sentido del ritmo privilegiado, en el propio registro y en el montaje, y trabaja con precisión sobre cada uno de sus encuadres, marcas registradas de un cineasta. En Parásito,el olor (una idea narrativa) no es el único signo que demarca la diferencia de clases, el espacio y su percepción (una poética) también denota esa demarcación, y eso es visible porque los encuadres materializan una experiencia.

La diferencia de clases es el gran tema de Parásito, y las contiendas hermenéuticas que ha suscitado el film duplican lo que está en él por fuera. Las lecturas son diversas, y las acusaciones y defensas permiten sospechar que el filme de Bong está situado en una incómoda y a la vez paradigmática posición desde la cual molesta a todos. Parásito incita a pensar, como también remueve ansiedades y prejuicios.

Que haya ganado en Estados Unidos los principales premios del Óscar, y entre ellos, el máximo, no solo constituye una anomalía histórica que en los últimos años se anunciaba con los galardones acopiados por directores mexicanos; su triunfo rotundo es una indicación acerca de una mutación en la relación existente entre el cine global y los cines nacionales. La identidad en sí es lo que está en juego, y es por eso que no faltaron las declaraciones patrióticas ni bien se conoció el veredicto de la Academia. La presencia en cuatro oportunidades de una traductora sobre el escenario de la ceremonia fue el verdadero signo distintivo de la noche. El idioma inglés había perdido su entera hegemonía. Las lenguas también pueden tener un rol protagonista en litigios y contiendas, y una estrategia frecuente en las luchas lingüísticas consiste en parasitar el habla de los otros. Esto recién empieza.


*Este texto fue comisionado por el diario La Voz del Interior y publicado en el mes de febrero 2020.

Fotograma: Memoria de un asesino; 2) The Host

Roger Koza / Copyleft 2020