UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (13)

UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (13)

por - Una pelicula sin episodios ni paisajes, Varios
21 Jun, 2026 12:59 | Sin comentarios
Miscelánea de pequeñas huellas del cine, visto o conjeturado, en el sueño real de la literatura, la poesía o el pensamiento.

En la Scuola Normale usted también tuvo como profesor al medievalista Arsenio Frugoni. ¿Qué lecciones tomó de él? ¿Cuáles fueron las características de Frugoni que más le impactaron y en qué medida contribuyeron a su carrera como historiador?

Frugoni me influyó mucho, sobre todo porque cuando yo ingresé en la Scuola no tenía claro que fuese a dedicarme a la historia. Como le comentaba, primero había querido ser novelista, luego pintor, y, en un principio, pensé que la historia del arte podía ser un buen campo para mí. Sin embargo, Arsenio Frugoni cambió mi perspectiva. Primero, me incitó a leer un ensayo de Croce sobre un marqués napolitano que se había convertido al protestantismo en el siglo XVI, pero yo, que ya había leído la Historia de Europa en el siglo XIX, no me sentía muy atraído por la concepción histórica de Croce y lamentablemente me sucedió lo mismo con aquel ensayo. En ese momento le dije a Frugoni que prefería no estudiar historia porque no me interesaba demasiado. Entonces, Frugoni cambió de perspectiva y me propuso hacer un trabajo sobre la revista Annales, fundada por Marc Bloch y Lucien Febvre a fines de la década de 1920. En ese entonces yo no sabía nada de los Annales, pero acepté el desafío. De repente, me encontré leyendo una obra que me marcaría profundamente. Me refiero a Los reyes taumaturgos de Bloch. Ese fue el momento, en el que me di cuenta que mi camino era la historia. Al final, Frugoni lo había conseguido.

En términos académicos, Frugoni era un hombre realmente impresionante y siempre he sentido una deuda con él. Fue el autor de un libro muy original sobre Arnaldo da Brescia, un hereje del siglo XII que fue quemado en la hoguera por la Iglesia Católica. Este libro que, según tengo entendido, solo ha sido traducido al francés, estaba construido de un modo muy particular, porque en cada capítulo Frugoni presentaba retratos muy distintos de da Brescia. La composición de ese texto siempre me resultó muy similar a la de la película Rashomon de Akira Kurosawa: una misma historia contada, episódicamente, desde distintas perspectivas. Nunca pude constatarlo, pero creo que pudo haber existido una influencia directa de aquella película, que se estrenó en 1950, en el libro de Frugoni, que fue publicado en 1953. Sin embargo, además de las cuestiones propiamente académicas y de su dedicación a los estudios medievales, Frugoni fue un hombre con episodios de vida realmente interesantes. Hace algunos años, Gianni Sofri, el sobrino de Adriano Sofri, publicó un hermoso libro titulado L’anno mancante [El año perdido], en el que reconstruyó la vida de Frugoni entre 1944 y 1945. En ese tiempo, hacia el final del régimen fascista, Frugoni fue a Saló, donde funcionaba la República Social Italiana, el último bastión del régimen fascista que operaba en el norte, bajo la ocupación alemana. Frugoni había ido allí a desempeñarse como traductor e intérprete, pero al mismo tiempo que hacía estas labores para los fascistas, sostenía una relación con miembros católicos de la resistencia y con hombres como Giovanni Battista Montini, que luego, al asumir el papado en 1963, se convertiría en Pablo VI. En definitiva, Frugoni hacía una suerte de doble juego.

Carlo Ginzburg, entrevistado por Mariano Schuster durante el 2024, en Nueva Sociedad (se lee acá)