CANNES 66 (07): LA DICTADURA DE LOS NÚMEROS

CANNES 66 (07): LA DICTADURA DE LOS NÚMEROS

por - Críticas, Festivales
24 May, 2013 09:16 | comentarios
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3x3D

Por Roger Koza

En algún lugar perdido de Suiza sigue trabajando. Hace un año, él, Jean-Luc Godard había anunciado una nueva película con un trama insólita: una pareja, aparentemente, ya no podía establecer un diálogo y su perro, sólo él, ese cuadrúpedo amigable que no habla y mueve la cola, podía operar como un mediador entre los dos miembros de la pareja. Un caso extraño, tal vez bizarro, filosóficamente provocador y esencialmente cómico. La película iba a ser en 3D y su título no podía ser otro que el anunciado: Adiós al lenguaje. Se supo entonces que Jean-Luc Godard venía trabajando sobre el tema y se disponía entonces a realizar un film bajo estas condiciones técnicas características de la era digital; hoy todos nos vemos obligados a mirar con anteojos, incluso la película de apertura de Cannes. ¿Godard se ha entregado, cree en la novedad y en el imperativo del mercado?

Faltando unas semanas para dar comienzo a esta nueva edición de Cannes 66 se dio a conocer la gran noticia, la que debería haber generado una celebración generalizada en el planeta de la cinefilia. Sucede que en la Semana de la Crítica se estrenaba un anticipo de aquel film de Godard en 3D. En efecto, un cortometraje de Godard llamado Los tres desastres se habría de proyectar con dos películas más y en 3D de otros dos directores. Uno de ellos resultó muy conocido, y a juzgar ahora por los resultados, digan lo que digan sus detractores de siempre, Just in Time, de Peter Greeneaway, se acopló al experimento con soltura e ingenio. El espacio ha sido una categoría sensible y determinante en el cine de Greenaway, y aunque el título aluda a otra categoría esencial del cine, es la intensificación del espacio hacia el fondo del plano lo que Greeneaway ha filmado en esta ocasión. Además, Greeneway le ha interesado siempre la división del plano y la incorporación del texto al imagen. El libro cine soñado de Greeneway parece congeniar muy bien con el 3D. El otro director, por otra parte, un ignoto director portugués para la mayoría llamado Edgar Pêra (aunque conocido para todos los cinéfilos portugueses), era el último integrante del trío en cuestión. Su película Cinesapiens, para decirlo con cierta amabilidad, sólo puede ser recordada como una parodia involuntaria de lo dicho por Godard o simplemente como una prueba dolorosa e irritante de lo enunciado en Los tres desastres como escritura cinematográfica del desastre. No solamente es un film horrible y pésimo el del portugués, sino que en una representación exacta de los males que Godard adjudica al 3D. El gran Gatsby de Barz Luhrmann frente a este episodio de 3X3D es simplemente glorioso. Sería interesante saber en qué pensaban los productores de este film al convocar al director portugués. ¿No había otros disponibles? El anterior proyecto de la capital europea de Guimarães contaba con Pedro Costa, Víctor Érice y Manoel de Oliveira.

Tesis general: “El digital se convertirá en una dictadura”, dice Godard. Genealogía de la dictadura: indagar sobre la invención de los números negativos entre los sabios indios de la tradición hindú y repasar la concepción lógica matemática de Frege. En principio una clarividencia: lo digital en el cine es un problema matemático, una transacción ontológica por la cual lo real deviene en número (combinación infinita de ceros y unos) antes que una impresión indirecta de ella en una imagen. Proposición e ilustración poética de Godard sobre el problema: mostrar el derrumbe de un edificio y decir: “En el derrumbe el edificio conoce el 2D, da con su sombra”.

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Los tres desastres

La poética general de Los tres desastres es la empleada en Historias de cine: fragmentos de películas y material de archivo colisionan, producen en sus inesperadas asociaciones un desplazamiento de sentido permanente. Un plano de la escena de la ducha de Psicosis puede ligarse al rostro de un sobreviviente de un campo de concentración y las intersecciones de planos diversos se conjugan al infinito. A este trabajo sobre lo visible se le suma una complejidad sonora: inscripciones, declaraciones, citas varias, sonidos prestados de las películas que se ven, piezas musicales que se repiten, la irrupción de un piano violento que sirve como el sonido de una sinfonía del desastre. Ludwig Wittgenstein, Orson Welles, David Darling, materiales heterogéneos se reúnen ahora para contrarrestar a una dictadura rampante y festiva de un supuesto realismo anabólico que destituye una forma de hacer experiencia con una imagen. ¿No era este el film ideal para abrir Cannes 2013? ¿No hubiera sido revolucionario empezar con Godard? Es posible que Tierry Frèmaux hubiera ganado un lugar en el cielo.

El intento de Godard es preciso: una memoria histórica del 3D. Los primeros minutos son sólo las letras y las inscripciones de texto los que aparecen en 3D frente a los ojos. Es un modo de explicitar que la relación histórica entre los efectos estereoscópicos y la escritura no es nueva. La experiencia en 3 dimensiones, no hay que olvidarlo, en esta preliminar memoria histórica del 3D, fue primero analógica y luego digital. De allí que se trata en un principio de acentuar la profundidad de campo de imágenes inestables, como las que se obtenían del video. Pero tarde o temprano hay demarcar y reconocer el paso a lo digital a la esencia de la dictadura de los números, una nueva ontología. Hay un pasaje clave en el que se ve las cámaras de Godard frente a un espejo y el venir del registro de esas imágenes hacia nosotros. Un rayo rojo de un láser penetra en el ojo, y no se trata de una metáfora. El 3D es mucho más que una moda. Es una irrupción sobre la fisiología de la mirada. La imagen llegaría hasta el ojo y de allí al cerebro. Es un problema estético, físico y neurológico.

¿Cuál es la novedad de Godard en 3D? El fundido encadenado. En el tránsito de un plano a otro, en la necesaria yuxtaposición en tiempo y espacio, un plano se despega del otro respecto del fondo y el frente pero en un mismo tiempo. El 3D recaería más en el montaje que en el registro y su reproducción. Es un efecto visual del orden de la alucinación y de una belleza desconocida. En alguna ocasión Godard utiliza el 3D para incorporar un texto y una imagen y en la desproporción entre las dos imágenes en el plano surge una figura inédita. Lo mismo sucede cuando una suerte de tela casi transparente se antepone a un plano de fondo que no pertenece a un mismo registro. Pero lo más interesante en este juego misterioso de montaje es el trabajo sonoro. ¿Por qué no pensar las capas sonoras y la distribución sonora respecto del plano bajo una lógica tridimensional? El 3D es sonoro antes que visual. Esta disyunción entre imágenes y sonidos inauguraría una camino cognitivo y estético que Godard viene delineando desde el inicio de su carrera.

Los tres desastres permite intuir que la futura entrega de Adiós al lenguaje será una obra capital en la historia general de las imágenes en movimiento. Será nuestro Cratilo o El cuaderno azul y marrón de la cinefilia, una obra para revisar una y otra vez y entender qué fue y es el cine. Da la impresión de Godard sabe algo que muy pocos saben. Su querido compañero Straub tal vez lo secunde en ese saber y entienda ese dialecto aún no explorado del todo al que llamamos cine. Por ahora los dos están con nosotros. Por mi parte encuentro en ellos el cuidado y la inquietud justa que el cine necesita para no convertirse en pura técnica constituida de números para hacer más números.

Roger Koza / Coypleft 2013