
PEDRO EN EL PAÍS
LA HISTORIA EN PRIMERA PERSONA
Los primeros minutos indican un tiempo y un espacio: 1968, Ciudad de México, en aquel entonces Distrito Federal. En el país de Octavio Paz y el Indio Fernández, se celebrarán los Juegos Olímpicos en el inicio del mes de octubre; apenas unos días antes, más precisamente el miércoles 2 del mismo mes, en la Plaza de las Tres Culturas, las fuerzas del orden del Estado mexicano reprimieron a los estudiantes que protestaban y reclamaban más libertades democráticas. La masacre de Tlatelolco dejó más de 1000 heridos y más de 300 muertos.
De eso no se dice nada en el prólogo de Pedro en el país, aunque la violencia política de este período histórico se introduce pausadamente a través de algunas cartas leídas. Las voces de Lucía Aduriz y Mariano Llinás reviven sonoramente la correspondencia amorosa y militante de Alicia Eguren y John William Cooke. Son historias de vida que desbordan lo personal, más allá de que el tono de las misivas transmite la intimidad de la pareja. Que ella haya sido asesora de Juan Domingo Perón tras el golpe de 1955 o que haya luchado junto al Che Guevara, al igual que Cooke, el mayor intelectual de su tiempo de la izquierda peronista, son parte de una biografía a cargo del hijo de Eguren: Pedro Gustavo Catella Eguren. Es él quien repone el contexto de la relación de su madre con Cooke, a quien quiso y admiró, aunque no fuera su padre. Es en la memoria del hijo que la Historia habla en primera persona.
La austeridad poética elegida por Benjamín Naishtat y María Alché se justifica retóricamente. La palabra de Pedro es rica en observaciones microscópicas y su vocabulario es sugestivo cuando la anécdota lo requiere. “Bailaba con la elegancia de los gordos”, dice el referirse a un momento crucial en la vida de Cooke. De un recuerdo familiar puede pasar a hablar sobre la desaparición y muerte de su madre o también discurrir sobre las disputas hermenéuticas en torno al regreso de Perón y lo sucedido antes, durante y después de Ezeiza. A Pedro no lo conmina nadie; conjetura, analiza y enuncia. Puede hablar de la creación de la Triple A o revelar que a Cooke no le gustaba el cine intelectual de Bergman y amaba los westerns con Gary Cooper. Algún plano detalle de la posición del cuerpo de Pedro y un par de fotos son suficientes. El propósito se cumple de principio a fin: quien habla fue testigo y protagonista de una época.
En el final se puede leer una cita del escritor Miguel Mazzeo (cuyo libro El hereje: apuntes sobre John William Cooke es complementario a la película). Es una cita pertinente, introducida en el epílogo como contrapunto a lo dicho por Pedro a lo largo de 50 minutos. Es un párrafo extenso, elegido con cuidado y meditado con deliberación, porque en él se conceptualiza la palabra del protagonista y se la posiciona en dirección a otro marco de interpretación. En la singularidad de la memoria de Pedro se replica la verdad de la Historia. No toda la verdad, tampoco la propia, sino aquello que no es fruto de ningún capricho y puede entreverse en el entresijo que habita entre la experiencia y la palabra.
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Pedro en el país, Argentina México y Noruega, 2026
Dirigida por María Alché y Benjamín Naishtat
Escrita por María Alché y Benjamín Naishtat
Roger Koza / Copyleft 2026


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