74 FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN (04): LA RETROSPECTIVA

74 FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN (04): LA RETROSPECTIVA

por - Festivales
02 Oct, 2026 10:44 | Sin comentarios
Sobre las películas escritas y dirigidas por José Giovanni.

Volver este año al Festival de San Sebastián fue motivo de gran satisfacción. Los nueve días que dura el festival constituyen, en la ciudad, un auténtico acontecimiento. Las salas llenas y el entusiasmo, muchas veces desmedido, con que se reciben las películas dan cuenta de ello. En su 74.ª edición, el festival volvió a mostrar las características habituales de los grandes eventos de este tipo: una gran cantidad de películas que buscan equilibrar el gusto promedio del público con las exigencias de la cinefilia dura. Se extrañan, por cierto, las retrospectivas completas de grandes directores (Ernst Lubitsch, Frank Borzage, Anthony Mann, Jacques Tourneur), reemplazadas ahora por muestras más acotadas. Este año, el elegido fue el director, guionista y escritor José Giovanni, un personaje de rasgos peculiares pero, sin duda, una figura central en el cine policial francés.

José Giovanni fue un referente esencial del polar, el cine policial francés. Nacido Joseph Antoine Roger Damiani en París en 1923 y de origen corso, en su juventud ejerció diversos oficios antes de instalarse en el barrio de Pigalle, donde rápidamente entró en contacto con truhanes de distinta calaña que frecuentaban los bares de la zona. En esos años se relacionó con sectores colaboracionistas del gobierno de Vichy, algo a lo que nunca hizo referencia posteriormente. Su relación con personajes del hampa lo llevó a participar del asesinato de tres personas, lo que lo condujo a la cárcel. Condenado a muerte, el presidente francés le conmutó la pena por veinte años de trabajos forzados. En la cárcel escribió un diario y urdió la trama de su primera novela, La evasión, que dio lugar a un notable film de Jacques Becker. Tras salir de prisión, en 1956, logró publicar la novela, que tuvo bastante éxito y lo motivó a seguir escribiendo. Llegó a completar un total de veintidós títulos, que lo transformaron en una figura influyente de la novela policial de la época. Sin la sutileza de Georges Simenon, pero con un estilo narrativo crudo y directo, sus novelas tuvieron considerable éxito. Al mismo tiempo, se fue perfeccionando como dialoguista y guionista y colaboró con varios de los realizadores más importantes del polar: el mencionado Becker, Claude Sautet, Jacques Deray, Henri Verneuil y Jean-Pierre Melville. Este último, con guion suyo, realizó una de sus obras maestras, El último suspiro. En 1966, Giovanni debutó como realizador y dirigió doce películas hasta su retiro en 1990. En sus últimos años vivió en un pueblo rural y trabajó como consejero de convictos. José Giovanni falleció en Lausana en 2004.

José GiovannI

Es posible que haya consenso en que José Giovanni es mejor guionista que director. Sus guiones fueron potenciados por varios de los directores antes mencionados. Por supuesto, eso no invalida su labor como realizador, pero es indudable que en este terreno mostró algunas limitaciones. Desde luego, hay que valorar el realismo extremo con el que desarrolla sus relatos y su buena relación con varios de los actores emblemáticos del polar, pero también señalar que, si bien tiene películas logradas como Último domicilio conocido o Dos hombres en la ciudad, en otros casos su puesta en escena luce algo desprolija y carente de imaginación. Hay, sin embargo, algunos rasgos personales, como la construcción de parejas asimétricas, con personajes de características opuestas, y, en ocasiones, cierto regodeo gratuito con los movimientos de cámara. También se pueden señalar algunos elementos constantes, como la escasa diferenciación entre las conductas de policías y delincuentes, la amistad viril, la continua sucesión de lealtades y traiciones entre sus protagonistas y la venganza como motor de la acción. A esto se suma el amargo pesimismo que impregna varios de sus films. Lo cierto es que Giovanni, en su triple rol de novelista, guionista y realizador, es una figura insoslayable dentro del cine policial francés. Si bien las mejores películas de su filmografía son aquellas en las que trabajó como guionista, aquí reseñaremos brevemente algunos de los títulos que dirigió.

El rapaz es la segunda película realizada por Giovanni, un relato centrado en un sicario contratado para asesinar a un presidente mexicano (la acción transcurre en Veracruz en 1938), quien es puesto en contacto con un joven burgués que aparece como candidato a la sucesión presidencial. Como suele suceder en Giovanni, el objetivo es conseguido a medias y se suceden una buena cantidad de traiciones. Lo más interesante es la relación que se entabla entre el duro y cínico asesino (un inmejorable Lino Ventura) y el joven aspirante a presidente, cargado de remilgos, mientras ambos permanecen encerrados en una pieza durante buena parte de la película. Giovanni amaga por momentos con entregarse al pintoresquismo, pero finalmente lo evita.

Último domicilio conocido

La tercera película de Giovanni, y una de sus mejores, es Último domicilio conocido, en la que a un policía relegado en la fuerza por sus violentos procedimientos (otra vez Ventura) le es asignada la tarea de encontrar a un testigo clave que debe declarar en un juicio y del que solo se conoce su último domicilio, donde, por supuesto, no se encuentra. Para la misión lo acompañará una joven de buenos modales, aspirante a ingresar en la fuerza. Otra vez, la contraposición entre los caracteres resulta interesante y, en el prolongado periplo de la dupla, ambos se encontrarán con una atractiva galería de personajes secundarios y se verán acosados por el grupo mafioso que quiere matar al testigo. Nuevamente, el triunfo de la pareja será aparente, mientras que Ventura, cuya mujer e hijo han muerto en un accidente, trasluce interés por la muchacha. Sin embargo, la frase final del policía, «es demasiado tarde», resume la amargura del final.

En El clan de los marselleses, la presencia de Jean-Paul Belmondo en el papel protagónico no parece la más adecuada para las características del relato, en el que un truhán de segunda busca sacar a un amigo de la cárcel. Lo más interesante del film es la meticulosa mirada, por momentos casi documental, sobre la mafia marsellesa, pero el film —más allá de algunos buenos momentos de acción— carece de la intensidad de los films reseñados más arriba. Hay un buen uso de las locaciones de la Marsella de los años 30 y una adecuada utilización de la banda sonora.

Dos hombres en la ciudad reúne otra vez a dos personalidades opuestas: el expolicía, ahora devenido educador, que interpreta Jean Gabin, quien, gordo y envejecido, sigue manteniendo una formidable presencia cinematográfica, y Alain Delon, que interpreta a un convicto que intenta rehacer su vida. Pero es acosado, por un lado, por sus excompinches, que le proponen nuevos trabajos, y, por otro, por quien lo detuviera, un policía obsesivo y tenaz al que la magistral interpretación de Michel Bouquet le otorga una siniestra perversidad. La situación se resolverá trágicamente. El film va adquiriendo un tono marcadamente oscuro que desembocará en un desolado final. Los últimos minutos son notables en un film que, además, es un claro alegato contra la inutilidad de la pena de muerte. Junto con Último domicilio conocido, es la mejor película dirigida por Giovanni.

El gitano

En El gitano, Delon interpreta a un ladrón de esa etnia perseguido desde hace mucho tiempo por la policía que, de manera fortuita, se ve relacionado con un experto en el robo de diamantes, acusado de haber asesinado a su esposa, quien, a su vez, tiene un amante entre los policías. El film tiene buenos momentos, pero en otros resulta bastante convencional en sus resoluciones, dando la impresión de ser una película al servicio de Alain Delon. Tal vez el mejor pasaje del film sea el encuentro del gitano con el ladrón de diamantes (Paul Meurisse).

Las cloacas del paraíso está inspirada en la autobiografía de Albert Spaggiari, un ladrón italiano que planifica con éxito el llamado «robo del siglo»: deslizándose por las alcantarillas, un grupo de ladrones llegará a la sede central de Société Générale de Niza y vaciará 400 cajas fuertes durante un fin de semana. Las escenas del traslado por las cloacas son muy buenas, pero lo más interesante es el personaje de Spaggiari, a quien, más que conseguir el dinero, le interesa el desafío de llegar a un recinto presuntamente invulnerable. Spaggiari será detenido, pero, durante una indagatoria ante un juez, saltará por una ventana y se fugará en un coche que lo esperaba, sin ser encontrado hasta su muerte.

Jorge García / Copyleft 2026