EL COLECCIONISTA

EL COLECCIONISTA

por - Entrevistas
29 Ago, 2026 03:04 | Sin comentarios
Kamal Aljafari habla sobre Hassan in Gaza, una película que revive un viaje pretérito a su país al inicio del siglo. ¿Quiénes de los que aparecen en la película siguen vivos? ¿Qué queda de la ciudad filmada unos 25 años atrás? Si ya se vivía entre escombros, ¿qué vería hoy la cámara en Gaza?

Dos son los grandes cineastas palestinos de este tiempo. Uno se dedica a la ficción, ha concebido un personaje que se parece a Buster Keaton y Monsieur Hulot y su tema central es el absurdo que define nuestro mundo. Su nombre es Elia Suleiman. El otro se llama Kamal Aljafari, se dedica al cine de lo real, suele trabajar con archivos y ninguna de sus películas se parece a la anterior. El punto de partida es el archivo, pero en cada película inventa algo.

Su último largometraje se estrenó en el Festival de Locarno en agosto del año pasado. Desde aquel momento, pasó por cientos de festivales. Es una película sencilla: en el 2001, el cineasta visitó Gaza con un propósito ajeno al cine: buscaba a un amigo que conoció en prisión durante el último año de la década de 1980. Mientras buscaba, filmaba, pero sin ningún motivo. El registro de su estadía en la ciudad contrasta con la iconografía presente signada por la desgracia. Es un registro relativamente feliz: no muy lejos en el tiempo, los niños podían jugar sin correr demasiado peligro; los adultos, quizás, todavía podían creer que sus vidas tenían un destino decoroso. Los jóvenes aún proyectaban algo hacia el porvenir. No se trataba de una época de paz, pero el conflicto con los vecinos no había escalado al punto de hacer invivible cada día del año.

El registro es hermoso. Descubre un mundo. Es el contrapunto de la abyección generalizada que es la marca del presente. Sin embargo, ¿cómo saber si aquellos que eran más jóvenes 25 años atrás siguen entre nosotros? Morir en Gaza es un hábito colectivo y cotidiano. ¿Es Con Hassan en Gaza una película de fantasmas? Tal vez.

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Hay un concepto que está en el centro de su trabajo: el de “la cámara de los desposeídos”. ¿Qué se quiere decir exactamente con eso?

Los archivos pueden ser de instituciones, de origen desconocido, incluso suyos; también puede emplear secuencias de películas ajenas. En el montaje, usted inventa algo inesperado. En el caso de Con Hassan en Gaza, el archivo es enteramente personal. ¿Por qué elige ese modo de trabajo?

¿Qué descubrió para que esto fuera tan importante?

¿Por qué fue decisivo para su trabajo?

¿Qué hizo después?

¿Qué fue lo que cambió respecto del material tal cual lo encontró? El principal elemento de trabajo fue el sonido y la narración. Imagino su sorpresa de verse con 25 años menos, como también el desconcierto de volver a mirar la vida en Gaza. Parece una época luminosa.

Hay algo terrible en todo esto. La película nace del intento de encontrar a un amigo que estuvo preso con usted en 1989. En 2001, fue a buscarlo y no lo encontró. Pasaría lo mismo con Hassan.

¿Hace cuánto que no visita Gaza?

En aquel entonces coincidió con la segunda intifada.

Debe ser igual para las personas que salen en la película. Si están vivas y ven Con Hassan en Gaza es probable que no reconozcan más los lugares que ahí aparecen. Es el mismo espacio, pero ya no es el mismo lugar.

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* Publicada en otra versión en Revista Ñ en el mes de agosto.

Roger Koza / Copyleft 2026