
UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (18)
[…] la primera parte del siglo veinte en Corea del Sur estuvo marcada por un estado continuo de guerra, violencia, devastación y bombardeos. La colonización japonesa se había propuesto eliminar la identidad nacional y dos guerras habían destruido físicamente la mayor parte del territorio urbano. Finalmente, en las últimas décadas del siglo, un intenso proceso de industrialización y de rediseño territorial borró aquellas zonas de paisajes naturales que no habían sido destruidas por la guerra.
En la capital surcoreana de Seúl, todos los rastros de la vida tradicional han sido reemplazados por una vida rediseñada artificialmente. La comunicación social ha sido completamente transformada por los smartphones, que insertan la red en la vida cotidiana y en el deambular urbano. La mayoría de las personas están siempre mirando las pequeñas pantallas de los celulares. En la tierra de Samsung y LG, la conexión es permanente. Mientras están caminando, sentados en un café, parados esperando el metro, las manos de los habitantes de la ciudad toquetean frenéticamente las pantallas.
La visión urbana también ha sido enteramente rediseñada por pantallas de diversos tamaños que se encuentran por todos lados: grandes pantallas en las paredes de los rascacielos, pantallas medianas en los andenes de las estaciones de tren. Las pequeñas pantallas privadas de los teléfonos «inteligentes» ganan la atención de la muchedumbre, que arrastra los pies calmada y silenciosamente y que apenas mira a su alrededor. La mente surcoreana se ha reconfigurado en este paisaje artificial y ha entrado sin problemas en la esfera digital, con un bajo grado de resistencia cultural […].
En un espacio social vaciado por la agresión militar y cultural, la experiencia coreana está marcada por un nivel extremo de individualización y, simultáneamente, se encamina hacia un cableado completo de la mente colectiva. El individuo se ha convertido en una mónada sonriente que camina sola en el espacio urbano, en una tierna y continua interacción con fotos, tuits y juegos que se alojan en su pequeña pantalla. Dado que las relaciones sociales están mediadas por la conexión, sus reglas y procedimientos se hallan ocultos en el formato técnico de la red.
El organismo perfectamente aislado y conectado se ha convertido en una interfaz uniforme del flujo de información.*
Franco Berardi, «Conectividad y suicidio en Corea del Sur», en Fenomenología del fin (2017)
*¿Lo que se describe acá no es acaso el fuera de campo del cine austero, discreto e indócil de Hong Sang-soo? [Nota del copista].
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