UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (17)

UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (17)

por - Una pelicula sin episodios ni paisajes, Varios
03 Ago, 2026 08:06 | Sin comentarios
Miscelánea de pequeñas huellas del cine, visto o conjeturado, en el sueño real de la literatura, la poesía o el pensamiento.

Ya se han marchitado las rosas rojas que el pueblo dejó en el pequeño cementerio de Friedenau en la tumba de Marlene. Pero sigue la polémica. La herida volvió a abrirse y tardará en cicatrizar. De pronto, todo el pasado volvió al presente. Esas generaciones volvieron a mirarse en el espejo. Aquellos doce años que pesan como siglos en la conciencia de un pueblo. Marlene en Berlín volvió a traer la memoria, ese pasado. […]

Todos fracasaron ante Marlene. Políticos, intelectuales, actores. Nadie se atrevió a decir lo que significó Marlene para cada uno. El deseo de Marlene de volver a Berlín y descansar para siempre en el cementerio de su barrio produjo una crisis repentina de falta de decisiones, de saber jugarse, de miedos, de piernas flojas y ausencias injustificadas. Todos quisieron disimular y todos quedaron desnudos.

La clave estuvo en que, a pocos días de la llegada del Ángel Azul, hay elecciones en Berlín. ¿Y qué político se juega en ese momento? ¿Qué político ante las urnas da rienda suelta a sus pasiones, a lo que le gusta pero que puede alertar y escandalizar al buen burgués medio? El burgomaestre de Berlín, el demócrata cristiano Diepgen, cumplió con cara agria y estuvo presente en la despedida final de esa hija que no se rindió; pero el funcionario fue como quien cumple con uno de tantos actos protocolares. Es que, para quienes lo votan a él, Marlene es una «traidora». Escribimos «es» porque ella sigue estando en el cielo de Berlín, como la filmaría Wim Wenders. Es que, para los conservadores, Marlene es la figura latente de la República de Weimar, de la traicionada República. De la República que crearon los marineros revolucionarios de Kiel y que luego traicionaron todos sin excepción. Marlene es la constante imagen de la Berlín de los años locos, de pacifistas, anarquistas y rebeldes, de masas proletarias revolucionarias, de la libertad del arte y la libertad de pensar y de palabra. Marlene es el Ángel Azul, libre y desprejuiciado, y Emil Jannings, el profesor Unrath, la Alemania del militarismo y la obediencia derrotada en 1919 y que iba a resurgir con todos sus prejuicios y autoritarismo en 1933. Por eso los demócratas cristianos, nombre-disfraz para los neoconservadores, se callaron la boca ante Marlene. Les dejaron el campo libre a los socialdemócratas. ¿Y éstos? ¿Cómo reaccionaron? Pensaron ante todo en las elecciones. «Como siempre, los sozis se cagaron en los pantalones», fue el comentario del pueblo berlinés, con su lenguaje directo y su sarcasmo habitual. Sí, al final se hicieron los distraídos, pero antes hubo muchos sofocones. Hasta Willy Brandt se calló la boca. Aunque se lo disculpó por la extrema enfermedad que lo aqueja. ¿Pero y los otros? La cultura oficial de la ciudad está en manos de ellos, y no fueron capaces o no quisieron organizar nada en homenaje a la más grande actriz alemana de fama internacional. Ahí están las salas, en pleno Berlín, donde ella comenzó y de donde saltó hacia el Ángel Azul que la iba a acompañar toda su vida y mucho más allá de su muerte. Pero el homenaje, la gran función final con sus canciones y sus personajes, no se hizo. Se pensó en los votos del siguiente domingo. Y se perdió la vergüenza.

«Marlene, vos sos la otra Alemania», fue la inscripción con tiza en la Alexanderplatz que resumió miles de discusiones. Y otra, toda la poesía de la resistencia: «El Ángel Azul y la Rosa Blanca». La Rosa Blanca, la organización de estudiantes universitarios de Múnich que luchó contra Hitler en plena guerra y terminó en el cadalso.

Es que Marlene fue fiel a su rebeldía. Cuando Goebbels fracasó en todos sus intentos de atraerla para que sirviera al régimen, ordenó su prohibición absoluta. En los considerandos de la medida describe los papeles que hasta ese momento había representado Marlene: amante, prostituta, adúltera. «Quien prefiere representar esos papeles es una actriz conocida como alemana en todo el mundo. En sus figuras, que aparentan ser típicamente alemanas, se falta el respeto y se infama a Alemania. Por eso, exhibir aquí obras realizadas contra Alemania sería no tener dignidad y representaría un atentado contra el sentir alemán, de acuerdo con el artículo 7 de la Ley de Cinematografía de 1934». […] El texto nazi lo dice todo: nos habla de censura y castigo contra una mujer que no quiso someterse ante nadie ni ante nada. La historia sigue siendo la maestra mayor de la ironía y la mordacidad: justo Marlene, la hija del oficial de policía Otto Dietrich y cuyo padrastro fue el capitán prusiano Eduard von Losch. Hija del autoritarismo, consecuente rebelde. […] Su poesía preferida, del romántico Freiligrath, dice: ¡Oh, amá tanto como puedas hacerlo!, y su canción más popular, Estoy dispuesta para el amor, de pies a cabeza. Una receta humilde y tierna contra un mundo de violencia y autodestrucción.

Berlín, 20-5-1992

Osvaldo Bayer, «El miedo al Ángel Azul», recuperado en Rebeldía y esperanza. Documentos (2009)