LA UNIVERSIDAD DE LAS IMÁGENES 

LA UNIVERSIDAD DE LAS IMÁGENES 

por - Ensayos
02 Abr, 2026 02:50 | Sin comentarios
Cumple 25 años una institución que ha demostrado ser un lugar donde se ama al cine y se lo cuida. ¡Larga vida al Cineclub Municipal Hugo del Carril!

Han pasado algunas décadas desde que el cine empezó a estudiarse en instituciones académicas. Los primeros cineastas aprendieron filmando, y los primeros cinéfilos hicieron lo propio viendo todo lo que se había filmado. Para los amantes del cine del siglo XX, la sala de una cinemateca era el verdadero hogar del cine: un espacio de penumbras en el que se emprendía un gran viaje inmóvil desde una butaca hacia territorios desconocidos.

No se trataba solamente de un viaje; con el cine se aprendía historia, política, psicología y otras disciplinas. En el cine se aprendía también a desear, así como a reconocer dónde comenzaba la vida de los otros y en qué se parecía a la del espectador solitario. ¿No dijo alguna vez el gran fundador de la cinemateca parisina, Henri Langlois, que el cine era la universidad del pueblo? ¿No sostuvo el esquizoanalista Félix Guattari que el cine era el psicoanálisis del pueblo?

La sala principal del Cineclub Municipal Hugo del Carril fue nuestra Cinémathèque, ya fuera francesa o portuguesa. No estaba Henri Langlois, pero cada tanto se podía ver a Fernando Martín Peña presentar películas notables como Operación masacre o Esta tierra es mía. No estaba João Bénard da Costa, pero sí Daniel Salzano, un hombre que enseñó a muchos a amar el cine como él mismo lo hacía. 

Rosenbaum, Lerer en la Semana de la Crítica

Como ha sucedido siempre en estas instituciones míticas, las películas fueron las protagonistas, pero también quienes las presentaban y programaban. En nuestra ciudad hubo presentaciones indelebles: Jonathan Rosenbaum disertó brevemente sobre La nuit du carrefour, de Jean Renoir; lo mismo ocurrió con Edgardo Cozarinsky cuando se estrenó Carta a un padre. ¿Quién de los grandes del cine argentino de este siglo no pasó por el bulevar San Juan? Lucrecia Martel, Lisandro Alonso, Albertina Carri, Martín Rejtman, Celina Murga, Mariano Llinás, Santiago Loza: todos han pasado por el Hugo del Carril. Todos.

Cine del presente

En la sala de butacas amarillas, en el corazón de la ciudad, los cinéfilos del presente pudimos seguir el devenir del cine contemporáneo. La relación con el cine de hoy sería otra sin el cineclub, porque desde el inicio ha sido el bastión de ese otro lado del cine, el contrapeso insustituible frente a la indetenible homogeneización de las carteleras, que expulsan cualquier poética cinematográfica que no se alinee con el ABC del cine industrial globalizado. La lógica sonora del estruendo, los montajes acelerados y las tramas obedientes —con actos distinguibles y desenlaces catárticos y didácticos— que definen el cine de cartelera tuvieron su contracampo en la preciosa sala del bulevar. ¿Alguien recuerda todavía las tres semanas, a sala llena, de Homeland: Irak año cero, de Abbas Fahdel? 

Son muy pocos los espacios que cobijan la abundancia del cine del siglo XXI: Aquel querido mes de agostoYatastoEl gran movimientoNo esperes demasiado del fin del mundoLa terminalMisericordia resplandecieron en la tela de la sala. Es que el canon cinematográfico, a contramano de los éxitos de Hollywood, ha podido conocerse en el Hugo del Carril. Quien asiste semanalmente aprende a mirar y a escuchar otra gramática de imágenes. La variedad de la experiencia cinematográfica es el gran rédito que la sala y su propuesta le prodiga al espectador contemporáneo.

Para el cine independiente cordobés, la sala ha sido el lugar del primer estreno. Todo lo que ha sucedido con el llamado “nuevo cine cordobés” es impensable sin la retroalimentación con el establecimiento que formó a cineastas y críticos junto con el público. ¿Dónde podrían haber estrenado películas como Criada, El silencio es un cuerpo que caeConstruccionesEsquirlasLas cosas indefinidasEl escuerzo, DespuésLa niebla y Adiós a Las Lilas? Las sesiones posteriores a la proyección ya son un clásico: los cineastas se encuentran con el público y la experiencia cinematográfica se completa. Creemos que este tipo de intercambio es frecuente; en verdad, no lo es, y es un momento glorioso para todos aquellos que han puesto tiempo y esfuerzo detrás de una película, y lo es por otros motivos para quienes se sentaron en la oscuridad y, al prenderse la luz, pueden interactuar con un cineasta y con los protagonistas. 

Cine del pasado y pedagogía

Basta preguntar en un curso introductorio de cine si los presentes han visto tal o cual película para advertir que el pasado del cine se desconoce y que la relación con las tradiciones cinematográficas ni siquiera es concebible. En esto, el Hugo del Carril también ha cimentado una relación fértil con la historia del cine. La Semana Mundial de la Cinefilia y algunas actividades vinculadas a revistas y cinematecas han consolidado algo que acompaña la programación del cine contemporáneo. La virtuosa dialéctica entre los estrenos y los ciclos repone una dimensión de continuidad entre pasado y presente.

En efecto, en el Hugo del Carril la Historia del cine pasan del libro a la pantalla. Solo allí se puede ver en 35 mm una película de Leonardo Favio y otra de Hugo Santiago. En Pasión de los fuertes, uno de los tantos ciclos que se celebran en la Sala B, el entrenamiento cinéfilo es radical y sin concesiones. Estas proyecciones “secundarias” cuentan también con el suplemento de los espacios pedagógicos que el propio cineclub agrupa bajo el nombre de “Cero en Conducta”. Este título, que remite a la gran película de Jean Vigo, no puede ser omitido: las clases de Quique González sobre historia del cine, el taller de María Aparicio, en el que un grupo realiza una película colectiva tras un año de trabajo, o el seminario de crítica de Iván Zgaib son decisivos en la cultura cinematográfica de la ciudad que se ha erigido durante más de dos décadas y media.

El Cineclub Municipal sigue firme entre nosotros. Sobrevivió a la época del videoclub y la piratería callejera, atravesó la pandemia y la superó, y tampoco la era de las plataformas atenuó su importancia. Persiste porque es el hogar amoroso de las películas, donde el cine y la vida se confunden, como pudo apreciarse recientemente en La noche está marchándose ya, cuyo escenario es el propio cineclub y su trama se parece en mucho a lo que sucede ahí. En la ficción, el espacio estaba en peligro. En la vida real, existe y rezuma vitalidad e ingenio; porque no hay indicio alguno de que el futuro doblegue su paso. La luz que se proyecta en el Hugo del Carril no es la de una estrella muerta: el proyector de la sala es luminoso como el sol y seguirá dando su luz durante mucho tiempo. Podremos seguir yendo a la universidad de las imágenes, seguiremos intentando conjurar nuestra ignorancia y sosteniéndonos en el asombro ante mundos desconocidos.

*Publicado en La Voz del Interior en el mes de marzo.

Roger Koza / Copyleft 2026