LA NOCHE ESTÁ MARCHÁNDOSE YA (02)

LA NOCHE ESTÁ MARCHÁNDOSE YA (02)

por - Críticas
11 Mar, 2026 12:45 | Sin comentarios
La cinefilia no es una coartada para darle la espalda al mundo; eso resulta decisivo en la hermosa película cordobesa.

LOS PARTISANOS

La historia es conocida, se repite: una institución decide ajustar su presupuesto y el recorte elegido apunta al personal. En esta ocasión, se trata de un cineclub, y el sacrificio en cuestión recae en uno de los dos proyectoristas. Quien decide en nombre de la institución ofrece una compensación. Es el resquicio “dadivoso” ante el acatamiento de una decisión que viene de arriba: el proyectorista devendrá sereno. Este es el inicio de un relato hermoso y combativo, un cuento pedagógico sobre vidas desgraciadas: la de cualquiera de nosotros. Se ha impuesto un modo de vivir cuyo criterio de valoración pasa por el dinero que se tiene y el bienestar personal que se desprende de la acumulación. El imperativo inmoral concomitante también es conocido: sálvese quien pueda.

Hay toda una tradición humanista que vibra en la luz que corre por los planos de La noche está marchándose ya. Es la tradición que empieza con Chaplin y Ozu, pasa por McCarey, Ford, Renoir, Del Carril y Favio y persiste con algo de oxígeno en el cine de Aki Kaurismäki. En todos los nombrados, sin desconocer la presencia de la maldad y la sevicia entre nosotros, se insiste en la decencia fundamental de las personas y en la posibilidad de que el cine trabaje a favor de comprender lo que podría ser una vida virtuosa en comunidad. En la película de Salinas y Sonzini hay citas muy precisas que afirman ese camino. El pasaje de Nobleza obliga que conmueve a Pelu, en una de las tantas proyecciones que se regala a sí mismo durante las madrugadas mientras cumple su turno, es el aleph simbólico de la propia película y de su filiación. En ese fragmento se revela el todo, o los signos en los que el film cree.

En La noche está marchándose ya cada detalle añade una visión del mundo y el cine: los diálogos entre el sereno y la mujer de la limpieza en las mañanas, los momentos compartidos con los que trabajan y viven en la calle en la noche, los fragmentos de películas elegidos, un libro en las manos de Pelu cuando se queda dormido en el hall del cineclub y la inscripción final con todos los personajes presentes que expresa sin ambages en qué nombre se cifra el peligro de una vida devaluada en mera supervivencia conforman una posición ante nuestra realidad envilecida. Si cada plano fuera una letra de un crucigrama, la palabra final sería “partisano”. Un film-partisano.

El vocablo inmediato que se emplea para referirse a películas como la de Sonzini y Salinas es el de resistencia. Sustantivo percudido por su uso excesivo, cuyo tono, hoy, rezuma resignación; es el vocabulario de los vencidos. En otros tiempos, los partisanos no se resignaban y persistían en una lucha incesante ante lo inaceptable. La película de Sonzini y Salinas retiene y hace durar una memoria del cine que conlleva una modalidad de estar en el mundo. El momento más emocionante y clarividente de todos es cuando Pelu se da cuenta de que no hay motivo alguno para denegarles la entrada a los amigos de la calle a fin de compartir una noche de cine. Lo que dice sobre esto proviene de un silogismo no enunciado, pero que puede leerse en actos precedentes y en ese momento emerge con claridad. ¿Cómo se filma una toma de conciencia? Como lo hacen Salinas y Sonzini. ¿Cómo se le da cuerpo? Como lo hace Bertone.

Es ya casi un lugar común apuntar que siempre existe un cruce misterioso entre la ficción y lo real. Que el lugar elegido sea el Cineclub Municipal Hugo del Carril y algunas calles de Córdoba, o que Octavio Bertone, actor profesional, en esa misma institución oficie de proyectorista son rasgos contingentes a favor de una fantasía que permite conjeturar una situación más favorable para todo aquello que no encaja en el mero mundo de los negocios, pero sí en el del trabajo, y que además enaltece el espíritu, produce conocimiento genuino y forja una comunidad compuesta de individuos criteriosos y a la altura de la vida en democracia. El presagio jamás se esfuma, más allá de que las estrategias formales para enrarecer ese emplazamiento y sus alrededores son admirables. El trabajo sobre la textura de cada plano es notable, pero la clave pasa por restituir un concepto ineludible en el cine: la angulación. Los encuadres destituyen el acostumbramiento de la mirada ante lo conocido. La Cañada deviene zona de misterio, también el casi espectral Hugo del Carril. 

La noche está marchándose ya es la gran película que le faltaba a la historia cinematográfica cordobesa. Pasarán los años, las décadas, los gobiernos y los espectadores, y la luz que ilumina la sonrisa de Pelu persistirá difuminándose en la oscuridad.

*Publicado por La Voz del Interior en el mes de marzo

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