
LOS NEW QUEER RADICALS Y EL CINE DE DESOBEDIENCIA
Los New Queer Radicals estamos presentando nuestro Cine de Desobediencia durante estos primeros días de 2026. Copamos extraoficialmente una de las charlas del festival de Rotérdam, la de «Queerness y política del Siglo 21», donde presentamos nuestro primer debate público, y, algunos días más tarde, agendamos una semana de proyecciones en una sala del Moviemento Kino, en el Kreuzberg berlinés, en paralelo al desarrollo de la Berlinale.
Con esta primera muestra en conjunto no estamos buscando la validación de los representantes de la industria, que van a estar presentes en el festival, porque nuestra pretención no es hacer ninguna especie de «salón de rechazados», ni tampoco inagurar una «semana de la crítica» alternativa, sino más bien, por una única vez, aprovechar la concentración de personas vinculadas a la creación cinematográfica que va a haber entonces, para llamar la atención de nuestros pares sobre una crisis en la industria del cine y su vinculación con nuestro devenir político, que se nota con mayor intesidad cada temporada que pasa.
Fue precisamente en los márgenes del Festival de Róterdam de 2025, tras un panel muy politizado sobre la situación actual del cine queer, que nos formulamos la posibilidad de un grupo estratégico que nos hiciera valer frente a lo que acabábamos de llamar «fascismo de mercado». Y como este término posteriormente resultaría controvertido dentro de nuestro propio grupo, dedicaré unas líneas a ampliarlo.
Parece que hubiera sido hace una eternidad, pero fue hace apenas un año. En enero de 2025 Javier Milei acababa no sólo de equiparar, en el Foro de Davos, la homosexualidad con la pedofilia, sino que también había señalado nuestra agenda de igualdad como una de las razones, si no la principal, del estancamiento de las economías occidentales. Así el debate, en nuestra charla, que se dió unos días después, giró en torno a cómo las identidades LGBT+ estábamos siendo, entre otras, blanco de la política extremista, como chivo expiatorio, en realidad, de males propios al capitalismo tardío. Un ataque y, al mismo tiempo, un plan de campaña para las nuevas derechas, rotulado, bastante poco originalmente, como «batalla cultural».
Entonces, hace un año solamente, recuérdenlo, había una gran precaución a la hora de nombrar a estas expresiones políticas como fascistas, porque ¿no estaríamos siendo demasiado alarmistas? ¿Dónde comenzaría el fascismo? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Podría ser, como en un neolenguaje orwelliano, que el fascismo fuera ahora una cuestión de grados? Su gradación en diferentes intensidades podría explicar, por ejemplo, la aceptación distraída de estas nuevas encarnaciones, cuando siempre hay otros problemas más prioritarios. Una constatación inquietante si recordamos cómo el fascismo fue históricamente permitido por quienes guardaron silencio, en una época en la que las democracias occidentales también sufrían dificultades económicas crónicas. Y el papel del cine y sus derivados, la red de narrativas audiovisuales entretejidas para la atención global, ¿creen que no sería indiferente a la anomia que precedería necesariamente a este estado de cosas?
Depende de ustedes si piensan que la industria audiovisual no tendría nada que ver con eso, por acción o por omisión, o si, por el contrario, no existiría una conexión nada casual entre el neoconservadurismo político y el lingüístico. La preeminencia de la alt-right junto con la pérdida progresiva de cuotas de audiencia para las narrativas heterodoxas, y el aumento de la incapacidad de muchos jóvenes para asimilar composiciones disruptivas (algo que era común en sus abuelos), a la par que la aceptación generacional de las propuestas autoritarias de intolerancia como una forma de rebelión, por un lado, o la incredulidad de poder hacer algo significativo para evitarlas, por el otro. El arte moldea conciencias.
En Róterdam 2025 nos conocimos como cineastas y artistas que, a pesar de tener orígenes y prácticas muy alejadas, es decir, películas muy diferentes unas de otras, inasimilables a una misma corriente estética, compartíamos el sentimiento de que la industria cinematográfica estaba llegando a un punto crítico. Los mercados se han vuelto insoportables, limitando lo que se puede hacer, mostrar o imaginar. Incluso en los festivales de cine, cada vez hay menos lugar para programaciones inconformistas, y los espacios de debate entre colegas han quedado muy relegados frente a la omnipresencia de las mesas de mercado, donde la discusión artística y política se reemplazó por la aplicación de proyectos a los representantes empresariales.
Así decidimos unir fuerzas, porque juntos íbamos a poder ser más escuchados que estando aislados. Sin plantearnos como una búsqueda de aprobación por parte de las élites corporativas, sino como algo más, probablemente definido por lo que no queremos, por lo que sabemos que no va a ser una solución a un problema profundo que percibimos y del que nos queremos salvaguardar. Una dirección definida negativamente, al menos en este punto de nuestra historia.
De ahí el llamado a la desobediencia. A la búsqueda de alternativas por fuera de la lógica misma del mercado moderno. Cuando se puede hacer una película con un celular y ya existe incluso un software libre para preparar de manera automática copias de proyección en DCP, la financiación ya no es tan decisiva como el acceso mismo a las audiencias, el verdadero botín que todos ansían, cuya calidad se ha vuelto clave para la subsistencia de cualquier actividad audiovisual que quiera desafiar las reglas de este juego. Un arte realizado en el vacío no tiene poder de cambio. Hay que romper, o al menos permear, estas barreras entre obras rebeldes y gente.
De esta decisión surgieron las primeras ideas de un manifiesto. A medida que avanzaba la escritura, el grupo se expandió. El Cine de Desobediencia se internacionalizó y se diversificó, moldeado por múltiples geografías, identidades y lenguajes cinematográficos, planteándose tanto como un colectivo, como un movimiento. Un colectivo de ayuda mutua para la concreción y visibilización de películas realizadas por fuera de los marcos usuales. Un movimiento de rechazo hacia los condicionamientos de los mercados de cine.
Varios amigos cis-heterosexuales han relativizado nuestra radicalización, por referirla a nuestra condición de queer. Pero no hace falta que revisen su sexualidad para darse cuenta de que hay cosas más importantes en consideración. Si el colectivo queer es una de las minorías que están siendo atacadas, ¿qué hay de malo en nuestra radicalización? ¡No estamos dejando a nadie fuera de la discusión al hacerlo! Nuestro mayor logro sería abrir portales para un pluriverso de identidades que pudieran desafiar la lógica cerrada del mercado corporativo y su homogeneización de las audiencias mundiales.
El Cine de Desobediencia busca crear formas de distribución colectiva para mejorar la visibilidad y presentación de nuestras películas. Por ello, invitamos a todos los cineastas interesados en formar parte de los New Queer Radicals y el Cine de Desobediencia a compartir sus ideas sobre cómo lograrlo. Participar en la gestación de una inteligencia colectiva global que desanude estos problemas. Pueden contactarnos a través del formulario de contacto en nuestra página web. Envíen sus sugerencias, recomienden otras películas que consideren relevantes para el Cine de Desobediencia y compartan ideas sobre cómo podemos apoyarnos mutuamente en el futuro.
www.cinemaofdisobedience.com
@cinema_of_disobedience
Manifiesto. Cine de Desobediencia.
Capítulo 1: Fuera de las reglas
Nos negamos a seguir las reglas de los mercados cinematográficos modernos. Los acusamos de haberse vueltos tan conservadores que están socavando la innovación artística del cine hasta el punto de provocar una crisis desgarradora. Somos testigos de cómo los cineastas que buscan financiación deben desfigurar su trabajo para ajustarse a fórmulas previamente aprobadas, moldeando sus narrativas según las demandas artificiales del mercado en lugar de buscar una expresión auténtica.
Afirmamos que priorizar la seguridad financiera de las películas antes de permitirles el acceso al público, sacrificando la visión creativa en favor de la comerciabilidad y la rentabilidad, ha erosionado la originalidad.Señalamos el hecho de que, si primero se ignoran las alternativas, luego se silencian y, finalmente, hasta se niega que existan, no debería sorprendernos que el cine, que alguna vez fue la más influyente de las artes, haya sido relegado hoy en día al rango de un pasatiempo trivial, y si bien muchos realizadores todavía intentan traspasar los límites, las expectativas del panorama cinematográfico actual deja a menudo a esos cineastas fuera de los circuitos de mercados y festivales.
Capítulo 2: La imaginación en peligro
Llamamos la atención sobre la degradación del intelectualismo como rasgo central del fascismo, que se manifiesta a través de la hostilidad al pensamiento crítico, la supresión de la disidencia y la glorificación de narrativas simplistas. En este mainstream forzado, las ideas se reciclan, la complejidad se aplana y las audiencias se condicionan a consumir en lugar de participar. ¡Vamos contra esta erosión del pensamiento! El arte es el arquitecto de la imaginación de una época, su misma alma.
No debería sorprendernos que hoy los jóvenes recurran a la rebelión de derecha cuando sus horizontes existenciales están definidos por intereses corporativos. Si ahora hay facciones que intentan atacar la diversidad en las sociedades, es porque ya desde hace algún tiempo se viene produciendo un ataque similar en los medios de comunicación, que ha reducido gravemente la disponibilidad de diversidad lingüística.Culpamos a los mercados cinematográficos modernos de ocultar y desalentar tanto la imaginación de los cineastas como la curiosidad del público. ¡Cuidado, esta situación debe terminar!
Capítulo 3: La desobediencia en acción
Creemos que el mercado debe ser una instancia posterior a la creación y no una instancia formateadora previa a su producción. Somos de la opinión de que una audiencia real puede ser relativamente pequeña, tan pequeña como para compensar nuestros presupuestos no estandarizados, pero activa, y con el potencial de ser parte de una comunidad global de fuerzas creadoras alineadas.
La función del mercado debe ser facilitar el acceso de cada obra a su público, un público que pueda expresar el mismo grado de diversidad que las propias obras, en vez de forzar la uniformidad de una oferta que minimice las pérdidas de inversión, como se ha convertido en norma. La comunidad audiovisual parece incapaz de entender que puedan seguir existiendo debates válidos fuera de esa lógica totalizadora de mercado. Una lógica de mercado que ofrece consistentemente nada más que la obediencia a sus reglas. Nos rebelamos contra esta obediencia.
Capítulo 4: Lo queer como práctica radical
Lo queer es una herramienta que utilizamos no sólo como tema en nuestras películas. Es una forma de pensar, editar, hacer sonido y, con suerte, puede ser una herramienta para la visibilidad, la producción y la libertad colectiva.
¡Radicalicemos al público! Anhelamos un nuevo underground, pero a escala planetaria, que pueda convertirse en una red de pensamientos libres, que fluyan colectivamente para borrar este nuevo y espantoso fascismo que se está tatuando en los cerebros de la humanidad. Creemos que una comunidad así se puede lograr en todo el mundo, por pequeña que sea al principio. Sabemos que no somos los únicos con este deseo, el deseo de que la rebeldía viva y crezca orgánicamente. ¡Volvamos a la gente curiosa otra vez!
New Queer Radicals
Miembros en orden alfabético:
Goyo Anchou (Argentina) J. Jackie Baier (Alemania) Jürgen Brüning (Alemania) Pina Brutal (Hungría) Maruja Bustamante(Argentina) Etsen Chen (Taiwán) Jan Eilhardt (Alemania) Fil Ieropoulos (Grecia) Malga Kubiak (Suecia) Thunska Pansittivorakul (Tailandia) Wojciech Puś (Polonia) Amir Ovadia Steklov (Israel-Palestina) Todd Verow (USA) Gustavo Vinagre(Brasil)
CON LOS OJOS ABIERTOS / GOYO ANCHOU 2026











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