
CARTA ABIERTA 2026: LA FE DE UN EMPIRISTA
No transitamos un momento estelar de la humanidad. ¿Qué escribiría Stefan Sweig sobre la época en que vivimos? ¿Qué biografía hubiera elegido narrar? ¿Se quitaría la vida ante el avance de la insignificancia y el terror? Lúgubre período histórico el nuestro, gobernado por necios y caprichosos, por seres tan despiadados como insustanciales que profetizan un presunto mundo libre en que el horizonte de “emancipación” consiste estrictamente en llegar a ser un mero ente aislado satisfecho en la administración de sus pertenencias y en el uso de los brutales placeres derivados de la acumulación y el consumo. ¡Qué calamidad! ¡Qué tristeza!
¿Qué hubiera pensado Simone Weil sobre esta época en que el sobrevaluado pronombre “Yo”, siempre con mayúscula, es un sol absoluto? Leer un libro como El arraigo, en el año 2026, es como haberse topado con un aerolito de signos sobre la conducta y la convivencia que proviene de una civilización lejana, como las que el capitán Kirk y su tripulación del Enterprise solían explorar en los confines del cosmos. Ni hospitalidad ni sano asombro nos depara el hoy. El desierto avanza.
Frente a esta situación fatigosa y desesperante, verse envuelto en una polémica en X resulta vergonzoso. Para los que no se enteraron: una oración advirtiendo una irregularidad formal y una apreciación negativa sobre ciertas decisiones estéticas de la última película de Chlóe Zhao despertaron la furia de personas desconocidas y propició una especie de delirio hermenéutico combinado con insultos y burlas. Casi 3 millones y medio de personas leyeron una publicación menor, como tantas otras que publico en la red social del multimillonario Elon Musk y que no están orientadas al escándalo ni mucho menos concebidas para el reconocimiento abstracto de extraños. Hubiera preferido que alguna de las tantas veces que expreso mi perplejidad y asimismo mi repudio (constante, porque no se puede permanecer en silencio) a las acciones y afirmaciones del ser que oficia de presidente argentino hubiera alcanzado ese número de lectores.
Los indignados reaccionaban, en principio, por el hecho de que un crítico de cine señalara algunos planos en Hamnet en donde los cuerpos y las caras de los personajes se cortaran durante dos secuencias cercanas. Las escenas en cuestión comprometían a todos los personajes en la interacción; quedaban inexplicablemente en la mitad del cuadro. La irregularidad estética es atendible, pero resulta una nimiedad frente a la cantidad de seres humanos que dejan de existir o viven en condiciones infrahumanas. ¿Cómo no discutir sobre el tribalismo xenófobo que inunda la red social X?
Lo que sucede con los inmigrantes en Estados Unidos, como también con los nuestros, debería indignar. ¡Cómo me hubiera gustado que el tuit que publiqué sobre Bolivia, la gran película de Adrián Caetano, hubiera llegado a acumular 4 millones de lecturas! Esa sí es una discusión urgente, que abre otro interrogante: ¿dónde están los planos que disputan el orden dado? ¿Quién profiere la palabra que disloca el encadenamiento lógico con el que se piensan y se justifican prácticas regidas por la sevicia, la estupidez y el egoísmo? ¿En dónde están los cineastas partisanos, los que buscan una posición para filmar y decir: “Basta, hasta acá”?
Sin embargo, todo lo que pasó en torno a Hamnet permite pensar algunas cosas sobre la crítica de cine. En principio, una inquietud ineludible: ¿se puede escribir sin inscribirse en una tradición (de la) crítica? Otras preguntas: ¿cuáles son los estímulos inmediatos del escritor? ¿Existen límites para su escritura; no para su prosa en sí misma, pero sí con respecto a la relación de la palabra con los propios materiales con los que trabaja y que determinan la dirección del pensamiento?
El plano sigue siendo para nosotros, los críticos, el punto de partida; la asociación de un plano con otro y a su vez de ambos con otros, no necesariamente analizados por un orden de continuidad, es el paso siguiente. ¿En dónde se produce el sentido? ¿Es en un plano autónomo, en la intersección de varios o en la distancia entre planos lejanos? Antes de la hermenéutica hay una exigencia de primer orden, un requisito metodológico: la experiencia sensible precisa de alinearse a la memoria de la percepción en la sala en sintonía ahora con la palabra. En efecto, el paso del plano a la palabra es el movimiento del propio pensamiento trabajando sobre lo visto y lo oído. Se trata de una segunda proyección sin imágenes. En el lenguaje reviven los fantasmas y nace otro montaje que puede ser también un desmontaje. Por ese motivo, la precisión descriptiva es ineludible, porque en verdad describir es (re)proyectar, pero no como un todo cerrado. Toda película, como todo texto, sigue estando abierto a una mirada y una lectura. Pero ver o leer cualquier cosa no parece tener gran valor ni enriquecer a nadie ni aportar nada a la hora de echar luz sobre el potencial de belleza y verdad que portan los signos del cine, los signos del mundo. La interpretación tiene un límite empírico.
En toda crítica se pone en marcha un desplazamiento en la inteligencia de lo visto y oído que reconstruye sin obedecer el orden general del objeto (la película). En ese procedimiento se cambian los órdenes y las intensidades de lo que se ha experimentado. Es como en el diván: el paciente habla, el analista escucha y en algún momento dice lo que él o ella ha dicho pero en otra secuencia y con otro tono. Algo nuevo se vuelve visible.
La voluntad de interpretación, que atraganta a tantos, debería llegar siempre un poco más tarde. Es parecido a lo que pasa con la captación del sonido de un avión que sobrevuela una ciudad; se lo escucha primero en una dirección y a una distancia que no coinciden con la mirada. El trabajo impide la simultaneidad de lo visto con lo oído. Por eso, la condición de cualquier interpretación consiste en una primera instancia de desacople de lo dado para posteriormente conjeturar otras posibles relaciones de significación entre las cosas y avanzar a tientas sobre los posibles motivos que reúnen o desunen a lo que coexiste en un plano y se afecta recíprocamente. Quienes hayan visto la extraordinaria Siete paseos con Mark Brown podrán recordar muy bien cómo, en el segundo movimiento de la película, cuando se ve lo que se ha filmado en la primera parte, lo que consiste en rever lo que ya fue visto pero en otro encuadre y acá con otra textura de la imagen, se refuerza la experiencia de asombro ante el mundo natural filmado que viene enriquecido por el conocimiento descriptivo de Brown. Él se limita a describir laboriosamente la morfología de las flores y las plantas. El modo en que habla y el vocabulario que emplea perforan la imagen y la devuelven a un estado de fecundidad para la percepción. Sin la palabra, no se ve. Un crítico de cine hace exactamente lo mismo.
A esta esforzada disponibilidad se suman otras imposiciones del oficio: no se puede evitar reconocer la “etimología” de los planos (como diría el sabio ironista Pierre Léon), que no es otra cosa que aprender a reconocer la evolución del lenguaje cinematográfico en la historia y las tradiciones que nacieron del hecho de forjarse una gramática sin ninguna regla específica en el amanecer del cine. El conocimiento de la historia del cine y su vocabulario en formación y transformación no es un tema menor.
Por último, ahora sí, la hermenéutica y la política: toda película existe y dice algo de un presente que no deja jamás de incidir sobre todo lo que se filma. Establecer lazos entre el cine y el mundo es ineludible debido a que todo lo que puede estar frente a la cámara es materialmente un fragmento del mundo. Es una observación evidente, pero se olvida con frecuencia: la transacción de lo real con la puesta en escena replica la forma en que, en un presente dado, se enuncia o se manifiesta lo que sea: un cuerpo, un beso, el paso del dinero de una mano a otra, un disparo, un nacimiento, el viento, la lluvia, la indignación y la clemencia no se filman igual en 1920 o en el 2010 o en el 2026.
Lo dicho hasta aquí es solo un esbozo de cómo concibe un empirista la crítica de cine. Para él o ella, la materia es el piadoso límite que conjura la indeseable sobreinterpretación, esa propensión contemporánea a imponerle al objeto lo que este no tiene y ni siquiera es una falta.
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Con los ojos abiertos cumple veinte años de existencia. Dejó de ser el blog de un cineclub hace unos quince años, como también el blog personal de quien subscribe. Desde el momento en que se sumó Nicolás Prividera, Marcela Gamberini y Jorge García, este espacio literario dedicado al cine se convirtió en un sitio con un editor y un último responsable. Muchas firmas se han sumado desde entonces, y muchas otras tendrán su debut durante este año. En el 2026 tendremos varias incorporaciones: Tâm Phạm (Vietnam), Jerónimo Atehortúa (Colombia), Rubén Tellez Brotons (España), Claire Allouche (Francia), Fernando Pujato (Argentina), Dana Linssen (Holanda) y Mark Peranson (Canadá) inaugurarán sus respectivas columnas. Seguirán las de Adrian Martin (Australia), Lucía Salas (Argentina), Jorge García (Argentina), Gustavo Fontán (Argentina), Victor Guimarães (Brasil) y Flavia Dima (Rumania). Es posible que se incorpore un crítico de cine oriundo de las tierras de Sokurov. El internacionalismo de este sitio no es un pluralismo tímido: es una profesión de fe en la abundancia y la vitalidad que provienen de la diferencia.
Los colaboradores habituales seguirán aportando críticas, ensayos e informes de festivales: Iván Zgaib, Tomás Guarnaccia, Lucía Requejo, Martin Pawley y Marcela Gamberini publicarán como lo vienen haciendo. Esperaremos un año más a Santiago González Cragnolino; su pluma se extraña.
A las secciones ya existentes que organizan nuestro trabajo se agregarán algunas propuestas nuevas: “Una película sin paisajes ni episodios” será una miscelánea de pequeñas huellas del cine, visto o conjeturado, en el sueño real de la literatura, la poesía o el pensamiento. Otra sección se llamará “Estudio”. Como “En movimiento”, se trata de un work in progress de un libro futuro sobre el cine contemporáneo. A lo largo del año, se examinarán las obras completas de cineastas en actividad. Por cada película habrá una pequeña reseña; por cada autor, un texto general sobre su obra; en el final, se tratará de realizar una larga entrevista con la elegida o el elegido.
La gran novedad de 2026 llegará después de junio. Nos reservamos por ahora los avisos correspondientes hasta avanzar y tener todo listo. En ese momento, volveremos a anunciar algo a nuestros lectores en general. Si lo que está proyectado se cumple, quien escribe dejará de sentir, por un momento, que está en deuda con el cine.
Lo mejor para todos ustedes, lectores y lectoras; el esfuerzo que hacemos los que participamos de este sitio no tendría ningún sentido sin su atenta lectura. Gracias por acompañarnos.
Roger Koza / Copyleft 2026


Gracias por tu lucidez, inteligencia y sensibilidad Roger, muy necesarias para estos tiempos. Abrazo enorme!