TOUBLANC

TOUBLANC

por - Críticas
23 Jun, 2017 12:14 | Sin comentarios
Salto cualitativo en la obra de Iván Fund. Inspirada en la obra y figura de Juan José Saer, Toublanc es el film que confirma definitivamente el talento del joven cineasta de Crespo.

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

EL POLICIAL DE LA PERCEPCIÓN

ToublancArgentina, 2017

Escrita y dirigida por Iván Fund

*** Hay que verla

Un detective, una profesora de francés, un caballo, un libro, un perro, dos ciudades o simplemente un universo que tiene mucho de Juan José Saer. 

Para comenzar: “A través de la captación fugaz pero intensa y nítida de un fragmento del acontecer circula la presencia intuitiva del todo al que ese fragmento está ligado”. Podría ser una profesión de fe o una declaración de intenciones del aún joven cineasta de Crespo Iván Fund. Su cine microscópico era hasta ahora una discreta recolección de pequeños actos autónomos que se agrupaban bajo la lógica de una tenue voluntad narrativa. En películas como Hoy no tuve miedo o AB había menos un relato firme que un difuso esbozo de historia en el que sobresalían episodios fragmentados de gran intensidad.

La cita inicial pertenece a Papeles de trabajo II. Borradores inéditos, de Juan José Saer, uno de los mejores escritores argentinos de las últimas décadas. Que Fund haya sido elegido para homenajear al escritor en el año en que la provincia de Santa Fe conmemora su nacimiento, no sorprende, pues comparte con Saer la inquietud por los vericuetos azarosos de lo real y la proclividad descriptiva para atrapar la fluidez de todo lo viviente. Sin embargo, en Saer eso no implicaba un desdén por la narración –más allá de que su método consistía en poetizar y así detener la progresión dramática del relato–, mientras que a Fund le venía costando asir el hilo narrativo de sus hermosas películas. Este encuentro con Saer equilibra esa insignificante deficiencia.

Toublanc no es una adaptación de ningún libro. La cuestión es otra: sintonizar con una forma de relato y un modo de percepción característico del escritor. El único elemento estrictamente saeriano es un viejo ejemplar de Cicatrices que aparece en las dos historias que se articulan en el filme. El detective (o escritor) lee ese libro; el joven que siente atracción por su profesora de francés, también. Es el único signo común entre las investigaciones del detective, que tiene que ir a su pueblo natal para descifrar un homicidio, y los flirteos de un joven con su profesora.

La pregnancia de Saer está mucho más en las formas de contemplar la unidad mínima de la vida doméstica y los presuntos actos triviales. Los gestos de un perro, la misteriosa presencia de un caballo, la inanidad casi metafísica de un pueblo francés, un padre jugando al fútbol con su pequeño hijo son zonas de vida conquistada por la cámara, como si Saer espiara a través de ella. Hay secuencias inolvidables en Toublanc, como la del caballo cruzando un río, o una bandada de pájaros que cruza el cielo en París, movimiento que Fund asociará con las partículas flotantes que la luz de un proyector de cine permite visualizar. La vida ordinaria deja der serlo cuando se advierte un potencial estético en la trama evanescente de las apariencias.

No hay tiros ni persecuciones en Toublanc, ni tampoco efectos especiales. La mayor sofisticación explícita recae en un ingenioso uso de la pantalla dividida, momentos en los que el espacio se desdobla y permite acceder a dos tiempos de un mismo suceso. El resto consiste en expandir la experiencia perceptiva mientras un homicidio y los actos policiales subsiguientes evolucionan, lentamente.

* Esta crítica fue publicada por el diario La voz del interior en el mes de junio de 2017

Roger Koza / Copyleft 2017