HISTORIA Y PERCEPCIÓN

HISTORIA Y PERCEPCIÓN

por - Entrevistas
07 Ene, 2026 04:32 | Sin comentarios
Durante la Viennale, Lucrecia Martel habló de su película más reciente y de cómo el cine puede pensarse frente a nuestro tiempo.

No importa en dónde, en donde sea que Lucrecia Martel esté presente y exista la posibilidad de entablar un diálogo con ella, habrá cientos de personas con el deseo de escucharla. Puede ser en un festival, en una escuela de cine o en un auditorio, siempre estarán las butacas ocupadas. ¿Qué tiene la cineasta salteña para decir? 

Martel no habla desde una teoría, lo que no significa que prescinde de rigor. En su clase magistral o en una sesión de preguntas y respuestas tras la exhibición de una de sus películas, la voluntad de fundamentación es evidente; también su libertad para la especulación en direcciones inesperadas. Como sucedió con algunos de los grandes cineastas de todos los tempos, su praxis alentó un saber, y ese saber con el tiempo evolucionó en un entramado de ideas vivas que conceptualizan una práctica que a su vez delinea una poética. 

El 2025 no ha sido un año entre otros para la cineasta. El estreno de Nuestra Tierra en Venecia fue una prueba y una demostración cabal de las agallas de la cineasta. Su primer documental no tiene concesiones. Incomoda, sorprende, conmueve. El 12 de octubre de 2009, y no es una fecha cualquiera, Javier Chocobar dejó de existir. Defendía con sus compañeros la tierra en la que ellos y sus ancestros vivieron por siglos. La víctima de 68 años era un miembro de la comunidad Chuschagasta. 

En Nuestra Tierra, Martel desplaza la atención del relato sin abandonar el drama jurídico en dirección a otros miembros de la comunidad, quienes repasan sus vidas y, al hacerlo, el pasado se remueve dando a conocer secretas felicidades, como también episodios injustos y vergonzosos. Nuestra Tierra no es otra cosa que un capítulo de la historia universal entendida como infamia, erigido por un empleo sobresaliente de fotografías, insólitos travellings voladores y por primeros planos de rostros que por decantación plasman la decencia de los humildes y la abyección de los poderosos.

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Roger Koza: Hace un tiempo que viene insistiendo acerca de una estructura narrativa general que tiene su mayor eje en el lenguaje cinematográfico y cuya matriz reside en el conflicto. No es usted la primera en advertirlo, Raúl Ruiz insistía sobre algo parecido que él llamó “el conflicto central”, pero usted extiende ese modelo a otras prácticas que ya exceden al cine. ¿Qué es exactamente lo que ve? 

Presentacion en Viennale ’25

¿Qué se puede hacer? 

Quisiera adelantarme a un intérprete cínico, alguien que pudiera objetar la relación entre el conflicto como sostén de todo relato y los relatos de las naciones y sus conflictos. 

Insisto una vez más sobre la relación con el cine. 

En una conferencia del año pasado, insistió sobre una dimensión estéril de la imaginación en relación con el futuro. Es fácil proyectar catástrofes y escenarios distópicos, pero nadie parece capaz de delinear una experiencia utópica. ¿Puede volver sobre este señalamiento? 

La niña santa + La ciénaga + La mujer sin cabeza + Zama

No necesariamente, pero sí de imaginar otras formas de experiencias, como por ejemplo se sugiere en La isla, de Huxley, en la que se esboza otro sistema afectivo que no es el de la familia. 

En el cine la noción de encuadre ordena microscópicamente la percepción. Usted ha pensado mucho sobre eso. ¿Qué decisiones toma al respecto en sus películas? 

La película ya juega en su título con una cierta ambivalencia de cómo escribir su nombre: Nuestra Tierra o nuestra tierra. Hablemos de los seis planos iniciales. La Tierra vista desde el espacio. Es una invocación al cosmos. Hay también un tema musical. ¿Por qué empezar así? 

Pero en ese inicio también se incluye a voz de Mercedes Sosa interpretando la Misa Criolla, de Ariel Ramírez. Es un contrapunto importante 

Lo que sigue después es la primera visión de las tierras en disputa, una percepción que sobrevuela una cancha de fútbol. 

Nuestra Tierra

Después de la presentación, la película se concentra en el juicio sobre los asesinos de Chocobar, más tarde se desplaza paulatinamente para reconstruir la vida y las memorias de algunos miembros de la comunidad y finalmente se vuelve al juicio. ¿Cómo fue filmar el juicio? 

Las imágenes de hoy ya no gozan de ningún prestigio epistemológico.

Es muy revelador lo que sucede con la reconstrucción de las escenas del día del crimen. 

Nuestra Tierra

Incluso los abogados y los fiscales parecen interpretar personajes, como si estuvieran en una ficción. 

Siempre que se habla de su cine el sonido es preponderante; se trata de una poética inscripta en el sonido. Pero el sonido en un documental implica otros desafíos. El a priori es más propio de la ficción; no se puede pensar antes; de hacerlo es de otro modo. Es posible que la atención mayor haya sido puesta en la voz de los miembros de la comunidad. Hay un canto de la lengua que dice algo más, una música de otra lengua en la lengua que se habla. Esto se percibe como nunca cuando la viuda de Chocobar y otras personas cercanas hablan sobre las fotos que forman la memoria de sus vidas. 

¿En qué situación está hablando la mujer de Chocobar?  

La grabé en tres ocasiones distintas. con siete años de diferencia, lo que implicó empatar los distintos sonidos en uno. Siempre fue en su casa. Estábamos las dos, una cerca de la otra. Mirábamos las fotos y yo le hacía preguntas. Yo trataba de conducir la conversación evitando la apelación al discurso defensivo. Esperaba por la palabra que diera cuenta de cosas más complejas de sus vidas. No puse todas las entrevistas. Hay entrevistas de más de 10 horas. Una es de doce horas. Hay que conversar con alguien por tanto tiempo sobre todo lo que le pasa. Ese fue mi trabajo.

*La entrevista se publico en otra versión en Revista Ñ de Clarín en noviembre de 2025.

Roger Koza / Copyleft 2026