
HANGAR ROJO
DESOBEDIENCIA DEBIDA
Dar órdenes, acatarlas. Los jefes dicen qué se debe hacer; quien no ostente la misma jerarquía tendrá que obedecer. Tal asimetría puede darse en instituciones disímiles. Lo que puede exigir un eclesiástico no es lo mismo que la orden que debe cumplir un general. En ocasiones, la observancia puede tener consecuencias inadmisibles: quitarle injustamente la vida a alguien.
La precisión del relato de Juan Pablo Sellato reside en un episodio conocido de la última dictadura militar en Chile, en el tiempo breve en el que se ciñe el relato y en el drama de conciencia que define a la película toda y sitúa la conciencia del personaje principal: el capitán Jorge Silva, que el 10 de septiembre de 1973, un día antes del golpe militar que diera lugar a la dictadura presidida por el genocida Augusto Pinochet, comprendió que su deber como militar, ante una situación límite, era incompatible con lo que sintió en su conciencia.
Sellato entiende desde el inicio que su película no es otra cosa que un intento de plasmar lo imposible: lo que sucede en el teatro de la conciencia de su personaje. La cercanía de la cámara sobre el rostro de Silva es constitutiva de la puesta en escena. Lo es también el misterioso semblante de Nicolás Zárate. Quien interpreta a Silva puede emplear los rasgos y los gestos de su cara a favor de un perímetro minúsculo en el que se escriben sentimientos contrapuestos que deben sustituir a la palabra. Nada es del todo legible; sí lo es la incomodidad que suscitan las acciones previas al 11 de septiembre. El primer plano impone su fuerza pretérita, antes del abuso no cinematográfico de él, recobrando en la cercanía la ambigüedad y lo incierto.
El momento decisivo es aquel en el que Silva tiene que decidir sobre el destino de dos miembros del Movimiento de Acción Popular Unitaria (Fernando Villagrán y Felipe Agüero, este último hermano mellizo del magnífico cineasta Ignacio Agüero). El antes y el después también importan, porque los contextos y las decisiones se implican, y todo lo que se añade a ese instante de decisión es en Hangar Rojo tan pertinente como las elecciones formales en la escala de planos, el blanco y negro, el vocabulario empleado por los personajes y la atención dispensada a ciertos detalles. Basta ver y escuchar la salida de los dos aviones de la FACh en dirección al Palacio de la Moneda, o ser testigos de la espera del coronel Mario Jahn en las penumbras del hangar (rojo, destinado a los marxistas), para saber qué puede pasar con Silva. Con poco, si se sabe filmar y trabajar los recursos a disposición, se puede todo.
Hangar Rojo puede ser una película que revisita el pasado. Aquel tiempo y el nuestro son distintos. Sin embargo, lo que nunca cambia es lo que sucede en la conciencia de alguien que reprime y dispara. Películas como la de Sellato pueden provocar la vacilación que todo hombre con un arma en la mano debería sentir antes de pasar a la acción y no reparar en las consecuencias de su obediencia.
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Hangar Rojo, Chile-Argentina-Italia, 2026.
Dirigida por Juan Pablo Sallato.
Escrita por Luis Emilio Guzmán.
Basada en el libro Disparen a la bandada, de Fernando Villagrán.
Intérpretes: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Hernández, Francisco Carrasco y Juan Cano.
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*Publicada en La Voz del Interior en el mes de octubre.
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Con los ojos abiertos / Copyleft 2026


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