EL ESPACIO ENTRE LOS DOS (02)

EL ESPACIO ENTRE LOS DOS (02)

por - Críticas
17 Ene, 2013 11:26 | comentarios

BREVE ESPACIO

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Por Marcela Gamberini

Hay un núcleo duro en la película y es el rescate de esa extraña experiencia de ser adolescente. Ese momento breve y conciso que todos vivimos pero no todos percibimos como tal, en su extrañeza, en su ambigüedad, en su complejo devenir. Ese tiempo que transcurrimos mientras esperamos la adultez y a la vez nos despedimos de la niñez. Ese “estar en el mundo adolescente”, ese dejarse ir, corresponderse con amigos, escuchar música, andar en bicicleta, buscar la identidad, hacerse un camino, define la topología propia del mundo adolescente. El espacio entre los dos rescata el tiempo y el espacio de la adolescencia, muestra su inevitable agonía pero también su breve éxtasis.

Sus escenas, largas algunas, de casi diez minutos, son escasas en su contenido pero interesantes en su forma. Ese no hacer nada del adolescente, ese dejarse estar, sólo fumar un cigarrillo en el techo de una casa es la ontología del “ser adolescente”. Tomás, el personaje que es una de las tres patas de ese trípode que conforma con sus amigos de la infancia – Pablo y Malena- es el indeciso, aquel que sabe que no sabe, que entiende que no puede, que siente que no encaja. Justamente de eso se trata la película. De tres niños que crecen, de tres adolescentes que van a dejar de serlo, de tres adultos que están entrando en una época importante de la vida. Ese lugar ambiguo, del crecimiento, es el lugar de un pasaje a otro de la vida y Medina lo filma con elegancia y sutileza, confiando en sus actores, en los espacios entre ellos, en sus encuadres, en su manera de colocar la cámara, en la importancia que le da a la luz.

El plano secuencia y la profundidad de campo hacen de esta película una muy buena apuesta en lo formal. El espacio y el tiempo son centrales en varios sentidos y Medina lo sabe. Son centrales en su uso como maneras íntimas de retratar lo cotidiano, como cierta forma del realismo, como modo de contar la errancia de ese grupo de pertenencia, y a la vez son centrales en relación con lo que cuenta la película. Personajes sin espacio propio, sin identidades definidas: el boliche, la calle, la placita; espacios que no definen porque son de uso común, son ambiguos, multitudinarios, comunes; porque nada puede todavía definir a esos personajes. Y el tiempo es un tiempo casi muerto, vaciado; donde sólo importa la “duración” como en la hermosa escena (tal vez deudora de otra hermosa escena de Shara de Naomí Kawase) donde los tres personajes cada uno en su mundo, con rollers, con bicicleta o caminando, recorren esa calle vacía al amanecer. O las confesiones secretas y a media voz, del trío charlando en la placita, en el lugar y en el tiempo de la infancia, del recuerdo, de la memoria, de eso que llamamos “pasado”. Ese tiempo, casi vacío pero con su propia “duración”, es necesario para tomar impulso y enfrentar la adultez.

Medina corre varios riesgos y sale airoso. Uno de ellos es poner cuatro canciones enteras, las que no sólo acompañan a los personajes y hablan de ellos mismos, sino que también acompañan el acompasado devenir del espectador, están en sincronía con lo que se cuenta y con el modo que elige para ser contado. Otro de los riesgos es la cercanía de quien filma con el material filmado, en este caso Medina resuelve ese juego de distancias de manera sutil, acerca su cámara (casi peligrosamente en las escenas de los besos) y la aleja (en la escena de la caminata) con delicadeza sin dañar el ojo del espectador. De esta manera, establece una relación casi amorosa, placentera con su historia.

Hay algunas presencias fuertes en la película, la ya mencionada Shara, algunas escenas de Rohmer, Los tenenbaum de Anderson, las historietas y el mundo de los comics, ayudan a respirar a El espacio entre los dos, haciendo de esta película un lugar amable, breve y conciso donde dejarse estar. Frente a tanto caos, tanto superhéroe, tanto dolor, tanto malestar y tanta vuelta de tuerca forzada, Nadir Medina nos ofrece una primera película que respira amabilidad, confianza, solvencia.

Marcela Gamberini / Copyleft 2013

Entrevista con Nadir Medina: leer aquí. 

Otra crítica en el blog sobre el film: leer aquí.