EL CINE DE SHARON LOCKHART

EL CINE DE SHARON LOCKHART

por - Ensayos
08 May, 2024 08:04 | Sin comentarios
Sharon Lockhart es una de las grandes cineastas estadounidenses de una tradición poco frecuentada y conocida. El cine experimental resplandece en cada uno de sus films. Una breve introducción a su obra.

La Filmoteca de Galicia presentó en enero tres películas de la artista estadounidense Sharon Lockhart, una oportunidad extraordinaria para disfrutar de su obra en pantalla grande. Nacida en 1964 en Norwood, Massachussets, y residente en Los Angeles, Sharon Lockhart trabaja principalmente con la fotografía y el cine y es objeto de atención de los más prestigiosos museos y galerías de todo el mundo así como de cinematecas y festivales, lugares estos donde, dicho sea al paso, la calidad de las proyecciones suele estar mejor garantizada.

Sharon Lockhart

Sus filmes están resueltos en planos fijos de larga duración y eso la asocia a un registro contemplativo que nos invita a mirar y escuchar y experimentar el tiempo. Pero, a diferencia de otro genio imprescindible, James Benning, de quien por las mismas fechas se pudieron ver en el mismo centro otras tres películas, la atención de Lockhart no se dirige (sólo) al paisaje natural o industrial per se para poner en valor el ejercicio de «observar» y proponernos que reparemos en todos los detalles y los cambios que se manifiestan si dedicamos el tiempo suficiente. El espacio existe y es importante, no podía ser menos en una autora que escoge ejemplarmente las composiciones; pero en ese espacio hay siempre personas que trabajan, juegan, esperan, descansan, conversan o se abrazan. Cada cuadro de un film suyo se convierte en una cuidada lección de puesta en escena por la manera precisa en que dentro de él se integra el movimiento de los cuerpos. Es un cine coreográfico, de forma muy evidente en Goshogaoka (1997), el registro de las rutinas deportivas de las jóvenes que forman un grupo de baloncesto, o NO (2003), con una pareja de labradores en Japón que van depositando en el suelo brazados de hierba seca en líneas paralelas desde el fondo del campo hasta situarse cerca de la cámara para luego extender el heno sobre la tierra de manera minuciosa: el trabajo campesino deviene en una danza con el entorno.

El diseño laborioso de los desplazamientos, las entradas y las salidas pero también las acciones de las figuras dentro del fotograma apunta un aspecto clave, la relación estrecha con los individuos y las comunidades que retrata. Es así en Rudzienko (2016), un film exultante con momentos de contagiosa alegría y conversaciones de emocionante altura filosófica fruto de dos años de colaboración con las residentes de un centro juvenil en Polonia. O, mucho antes, Pine Flat (2005), doce planos de diez minutos con gente joven que lee en el campo, duerme, toca la armónica, se baña en un río, se besa o se mece en un columpio, escenas de hermosa intimidad que nacen de su hondo conocimiento de una comunidad pequeña, la del título, un lugar con un par de cientos de habitantes a tres horas en coche de Los Angeles.

Rudzienko (2016)

Lunch Break (2008) renuncia al plano estático para mover la cámara en un lento travelling que recorre el pasillo de un astillero durante la pausa para el desayuno. El movimiento se presenta con su velocidad reducida ocho veces; así, los diez minutos de la bobina de 35 mm se transforman en ochenta, una dilatación del tiempo que acerca fuerza meditativa y conciencia política. No parece debido al azar que las dos veces que la cineasta filmó el trabajo industrial se haya fijado justo en los períodos en que la masa obrera es dueña de su tiempo, aquí el intervalo de comer y en Exit (2008) la salida de la fábrica.

Estrenada en 2009, Double Tide atiende a la relación del ser humano con la naturaleza a través de la actividad de una mariscadora en Maine en una jornada en la que hay dos mareas bajas durante las horas de luz, en los dos crepúsculos, al inicio y al final del día, en dos majestuosos planos secuencia de más de 45 minutos cada uno y pasmosa riqueza sonora. El ciclo acabó con la película más reciente de Lockhart, Eventide (2022), otro prodigio coreográfico con un grupo de personas que se mueven de noche con linternas por un paisaje costero en Suecia mientras el cielo se va llenando de estrellas. Fue una sesión decididamente astronómica, pues se completó con el mediometraje de James Benning L. Cohen (2018), filmado durante el eclipse solar del 21 de agosto de 2017. Benning eligió un destino aparentemente anodino, una zona agraria de Oregón en la que se distingue en la lejanía un pico nevado, pero poco a poco la oscuridad creciente (y después la reentrada de la luz solar) nos va descubriendo otras formas en el paisaje.

Adaptado de un artículo publicado originalmente en gallego en Nós Diario el 5 de enero de 2024, viernes.

Martín Pawley / Copyright 2024