CINEFILIA ONLINE (05): FOTOGRAMAS DEL OTRO LADO DE LA CORDILLERA

CINEFILIA ONLINE (05): FOTOGRAMAS DEL OTRO LADO DE LA CORDILLERA

por - Cinefilia online, Críticas
28 Ene, 2014 07:12 | comentarios
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Manuel de Ribera

Por Roger Koza

No es ninguna novedad: el cine chileno vive un momento excepcional. Ayer, Matar a un hombre, de Alejandro Fernández Almendras, ganaba uno de los premios más relevantes del famoso festival de cine independiente Sundance. Unas horas después, La isla, de Dominga Sotomayor obtenía un reconocimiento en el festival de Róterdam.

Para quienes quieran ver gran parte de la producción reciente del cine transandino, Cinépata es la página indicada: tiene muy buenos textos (informes de festivales, entrevistas, columnas y críticas) y el menú de largometrajes y cortos de la reciente producción local es diverso y numeroso. La calidad de las películas disponibles es en HD; la navegación es gratuita y ni siquiera es necesario registrarse.

En Cinépata se puede ver Manuel de Ribera. Una cita puede ser una cifra de lectura para ver una película. La ópera prima de Christopher Murray y Pablo Carrera trata sobre un hombre solitario que hereda una isla donde pretende fundar una comunidad. La cita que sigue no está en el filme, pero bien podría haber servido de inspiración a los dos jóvenes cineastas: “Soñar con islas, ya sea con angustia o con alegría, es soñar con separarse, con estar separado, más allá de los continentes, soñar con estar solo o perdido, o bien es soñar que se retorna al principio, que se vuelve a empezar, que se recrea”. Aunque Murray y Carrera no hayan leído La isla desierta y otros textos, del genial Gilles Deleuze, su filme transmite esa paradoja de fin de los tiempos o un grado cero de existencia y deseo de nuevo comienzo.

Como sea, Manuel de Ribera, que transcurre en las islas del archipiélago de Calbuco, al sur de Chile, es un filme misterioso, con un personaje no menos enigmático. Su convocatoria a distintos pobladores, entre ellos un pescador y una prostituta, no será del todo exitosa, y el propio Ribera tendrá el aprendizaje en el que suelen desembocar los proyectos comunitarios: el problema de la propiedad, consustancial con un modelo de subjetividad. Sin embargo, Murray y Carrera se las arreglan para dotar a su película de cierto grado de indeterminación. Véanse los lentísimos travellings hacia adelante sobre un lugar de un bosque en el que una voz en off informa sobre ciertos eventos que pueden o no referirse a la historia de Ribera. No todo lo que vemos es lo que sucede. (Puede verse acá)

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Joven y alocada

La trama de Joven y alocada, de Marialy Rivas, es conocida: en el seno de una familia religiosa, padre ministro, madre ama de casa, una de las hijas, todavía en la secundaria, es abiertamente rebelde (su hermana mayor también lo ha sido y por eso ha sido privada de los privilegios de portar un apellido). Su obsesión instintiva es tener sexo a toda hora; su obsesión intelectual, plasmar sus experiencias en un blog, espacio literario doble en el que expresa sus placeres corporales y sus diatribas espirituales. Si la represión, más que inhibir, suscita y duplica la sexualidad y su discurso, Daniela, de 19 años, es la prueba misma de esa hipótesis.

Joven y alocada debe ser la película latinoamericana con mejor sexo en pantalla; nada tiene que envidiarle a La vida de Adèle. La secuencia en la que Daniela y su amiga tienen sexo explicita un tipo de erotismo que elude tanto la estética porno soft como la representación codificada para el cine narrativo contemporáneo ligado a un romanticismo delicado. (Puede verse acá)

Tres semanas después es una película rodada, como el título indica, unos 20 días después del terremoto del 27 de febrero del 2010. Torres Leiva arranca su película con un plano general del mar, aquí un monstruo dispuesto a aplastar las ciudades costeras. A partir de ese momento, el filme se sostendrá en imágenes puras sin intertítulos ni voces que den cuenta de lo que sucedió ni de lo que se produjo en el ánimo general del pueblo. Algunos travellings infinitos sobre los escombros y ruinas sobran para concebir la imprevisibilidad de la naturaleza y la vulnerabilidad de la civilización. Ver una ruta hundida, como se estila en las películas de catástrofe, aquí es del orden alucinatorio. Lo que vemos no responde a efectos digitales; en todo caso, son efectos naturales. Indirectamente, Torres Leiva sugiere en sus imágenes el espíritu de resiliencia del pueblo chileno. Película rodada como conjuro de los efectos de un fenómeno natural que desafía la voluntad de los hombres. (Puede verse acá)

Roger Koza / Copyleft 2014