CARTA ABIERTA: EN BÚSQUEDA DE LA EVIDENCIA PERDIDA

CARTA ABIERTA: EN BÚSQUEDA DE LA EVIDENCIA PERDIDA

por - Varios
27 Ene, 2022 09:57 | comentarios
La tradición de Con los ojos abiertos es publicar una carta anual en la que se delinea las propuestas de cada año. Estas son nuestras intenciones en 2022.

Estimados lectores: 

El año 2022 se empeña en demostrar desde su inicio que no será benevolente. A los contagios generalizados y el goce de los necios (como si la propagación exponencial del virus en una nueva expresión de su mutación fuera la refutación de la eficacia de las vacunas), se suma, para quienes vivimos en Argentina, un momento decisivo en la vida económica y política del país. En el día de mañana un posible pago (políticamente ilegítimo) al Fondo Monetario Internacional indicará un destino. En este mes que ya termina, Sundance, Rotterdam y la Mostra de Tiradentes, tres festivales que tenían todo listo para celebrar sus respectivas ediciones de forma presencial, tuvieron que retomar el camino de la virtualidad, el cual se impuso desde marzo de 2020. Berlinale, por otro lado, sigue en pie y nada detendrá la edición que comenzará el 10 de febrero. (Sin ningún escándalo, los que asistiremos llevaremos en el teléfono el código que prueba nuestra vacunación y tendremos que hisoparnos diariamente para poder ir a las funciones de prensa, incluso alguien como yo que tiene tres vacunas y tres contagios con la recuperación mediante. La incomodidad está garantizada, pero ningún trasnochado ha visto en esto la vindicación de un régimen de control antidemocrático).

El párrafo precedente es deliberadamente político en su espíritu y espero que sea pertinente para insistir acerca de los lugares de enunciación de la crítica cinematográfica. En nuestra tradición reciente se ha impuesto un ya irreconocible esquema previo de comprensión, visto como evidencia o sentido como base empírica de lo que se puede decir. Esta noción tiene un nombre y es vindicada de manera general por quienes escriben en distintos círculos intelectuales. Llamemos las cosas por su nombre: el perspectivismo, noción filosófica que cuestiona la pretensión de la razón de atenerse a los hechos y comprende que no existen los hechos en sí, sino una interpretación de lo que consideramos la realidad sostenida a través de un difuso esquema difícilmente entrevisto como tal. En otras palabras, lo que se interpreta ya es parte de un juego de interpretaciones primitivas que organizan la experiencia de la interpretación. En el siglo pasado a este fenómeno lingüístico se lo denominó “círculo hermenéutico”. Volver sobre todo esto es retomar y resucitar el problema de la verdad, un concepto exangüe en las conversaciones públicas y un presunto tópico superado en la filosofía del siglo XX.

En la crítica de cine se suele soslayar a la verdad por el solo hecho de que el lugar común de la esfera estética supone que es imposible cualquier justificación de objetividad, y por lo tanto saber la razón por la cual una película es buena es tan inadecuado como imposible. Visto así habría siempre una confusión epistémica en la que lo bueno queda yuxtapuesto al propio gusto. Lo bueno es lo que le gusta al que emite un juicio sobre una película. El corolario extendido de este razonamiento es el siguiente: lo bueno no sería otra cosa que el consenso implícito, a veces transmitido por una tradición crítica y sus respectivos procedimientos de lectura y validación, en el que lo bueno es el gusto vindicado y objetivado de una mayoría, refrendado por algunas instituciones que adiestran, debido a su autoridad y función pedagógica indirecta, el gusto de multitudes.

La crítica de cine es un trabajo con el lenguaje en el que el escritor o el hablante que comunica tiene que volver sobre un estímulo sonoro y visual de un conjunto para restituir en un espacio lógico y no ya perceptivo una experiencia propia frente a algo que no responde en principio a su voluntad. El reconocimiento de que una película es una entidad constituida por planos imbuidos por una constelación de visiones relacionadas con algo que ya tiene una genealogía física en el mundo lleva a considerar que pensar sobre una película no es solamente una cuestión de gusto. Decir esto no es negar la intersección de los ojos y los oídos de un Yo con los estímulos, lo otro. Decir esto es insistir en que, más allá del gusto y las preferencias, un crítico puede también trabajar sobre sí para entender cómo su propia subjetividad puede impedirle hacer una experiencia estética que no esté solamente condicionada por su historia, su trayectoria y sus prejuicios. Dicho en otras palabras, hay una instancia posible de verdad de la crítica, un gesto inesperado de la inteligencia en el que la razón se abisma frente al Yo y las ideas del crítico. En este sentido, no se trata de tener razón, sino de tomar distancia respecto de sí y de hacer un uso libre de la razón en pos de entrever algo a lo que no se puede acceder por la mera certeza subjetiva primera e inmediata.

Reconozco la impronta filosófica de los párrafos precedentes, pero me parecen necesarios cuando leo a colegas denostar la evidencia científica ante las vacunas y a nuevos líderes políticos apelar al concepto de “evidencia empírica” para demostrar la superioridad del liberalismo económico (y político) frente a cualquier posición que esté imbuida en un concepto de comunidad. Es muy curioso observar en la iracundia y en el rencor desde los que se habla de cine (y política) constatar elementos dispersos de discusiones que fueron candentes unos 30 años atrás en la filosofía política anglosajona, en los debates acalorados entre liberales y comunitaristas que recorrieron los claustros universitarios y los congresos filosóficos. Eso, probablemente, a una cantidad de colegas no les debe siquiera interesar, pero misteriosamente está en el espíritu del debate social y por ende de la crítica.

II

Por lo dicho hasta acá, este año intentaremos organizar debates abiertos transmitidos en vivo con diversos exponentes de la crítica (también programadores y cineastas) que representen posturas intelectuales variadas. La idea es organizar tres encuentros durante el 2022. Será un desafío y también una constatación de otro lugar dañado en la discusión pública, el que se invoca con la virtud intelectual del diálogo. El año pasado escribí frente a una operación política de un colega qué entendía por diálogo e hice en aquel momento una invitación a iniciarlo. La ofensa y la difamación fueron la respuesta en su momento. Quizás el tiempo transcurrido pueda permitir un cambio en la disposición anímica y propiciar entonces el encuentro con aquel que no habla en nuestro nombre. Espero que podamos resolver algunas cuestiones técnicas y también organizativas; ojalá se pueda cumplir con este deseo y proyecto.

Las secciones del sitio serán las que tenemos desde hace ya varios años. Es decir, seguiremos con las críticas, las entrevistas, la cobertura de festivales de cine, los ensayos, entre otras categorías que delimitan las publicaciones. La novedad mayor recae en tres nuevos colaboradores. Se suma Tomás Guarnaccia, editor de Las veredas, quien no dejará su espacio, pero sí tendrá un lugar acá entre nosotros. Será la firma más joven de Con los ojos abiertos. Desde Holanda, Dana Linssen honrará el sitio con una columna bilingüe, y lo mismo sucederá con Boris Nelepo, el cinéfilo moscovita que tiene seguidores y admiradores en nuestro país. Daré a conocer a fondo las razones de ambas invitaciones cuando inauguremos sus respectivas columnas.

El otro gran desafío de 2022 será ofrecer algunos cursos dictados por nuestros colaboradores. Esto aún está en su fase preliminar, pero quisiera que después de junio podamos anunciar el primer curso ofrecido desde el sitio. Si lo logramos, ya sé cuál será mi primera propuesta personal: “Viaje al siglo XX. Terence Davies y el cine”. Pero mi mayor anhelo es que podamos ofrecer un curso compartido entre quienes estamos acá.

Quiero expresar mi agradecimiento a todos los camaradas que me acompañan en Con los ojos abiertos; todos escriben sin el reconocimiento económico que merecen (y que alguna vez lograré subsanar), y todos lo hacen con un compromiso que me conmueve y me obliga a desempeñarme mejor. 

Por supuesto, este sitio no tiene sentido sin ustedes, queridos lectores, queridas lectoras; algunos conocidos, otros desconocidos, algunos amigos, otros no tanto, pero todos y todas indispensables para sostener viva la palabra y el deseo de saber. Empieza oficialmente una nueva temporada. Muchas gracias por acompañarnos.

Roger Koza / Copyleft 2022

*Fotografías: Desde el puente de un barrio de Hamburgo (RK; 2022); Árboles en la noche (RK;2022).