
MOSCAS
INTELIGENCIA EMOCIONAL
El dominio de los sentimientos es aquel que nuestra especie comparte con todas las otras, que no cuentan con el lenguaje para reconocer, nombrar y significar sus propios sentimientos. La tristeza acaece en un perro, por ejemplo, pero no la conoce como tal. Es una distinción azarosa, pero determinante: nosotros, los que hablamos, sentimos como todos los otros animales, cuyo sistema límbico organiza las emociones; pero, al hablar, la vida de las emociones es de otra índole. Con el lenguaje se esclarecen los sentimientos.
¿Cómo se filman los sentimientos? ¿Cuál es el plano capaz de advertir el desasosiego? ¿Cómo filmar el nacimiento de la estima? Es uno de los grandes misterios. No existe una sola forma. Charles Chaplin fue prodigioso en la materia; también John Ford y Robert Bresson, al igual que Leonardo Favio, Abbas Kiarostami o Aki Kaurismäki. Los nombrados han entrevisto formas disímiles de plasmar la tristeza, la felicidad, la desolación, la angustia, el remordimiento, el anhelo.
El cineasta mexicano Fernando Eimbcke, uno de los mejores de su país, es un gran retratista del afecto. Ha prescindido de las emociones violentas que suelen fascinar a sus colegas nacionales; su interés se circunscribe al minúsculo e invisible orbe del afecto. En ocasiones, se concentra en vínculos familiares; otras veces, en amistades. En sus dos mejores películas, Temporada de patos y Moscas, el encuentro con desconocidos es el punto de partida para una lúcida indagación sobre el inestable universo de las emociones.
El relato de Moscas es muy simple; un satisfactorio mínimum de argumento sostiene el todo: un niño y su padre alquilan un pequeño cuarto en el departamento de una mujer solitaria para poder estar a metros de un hospital en el que la madre del niño está internada en terapia intensiva. La locadora atraviesa un pico de misantropía, del que la trama dejará entrever sus razones. De a poco, el niño ablandará a la dueña de casa, y uno de los placeres de Moscas consiste en el seguimiento de ese cambio de actitud de una mujer endurecida frente a un niño que intuye un destino sombrío para su mamá.
Eimbcke es un cineasta completo. Puede concebir un admirable plano en profundidad de campo para señalar el contraste entre la protagonista, sentada y cansada después de subir las escaleras, a la izquierda del plano, mientras que, a lo lejos, en el mismo plano, hacia la derecha inferior del cuadro, se puede divisar a tres vecinos que se entrenan haciendo gimnasia. En efecto, los encuadres en Moscas son todos magníficos, como también la atención que se le dispensa a los detalles: las moscas del inicio, que alteran los nervios de la solitaria en la mañana, en el desenlace funcionan como la prueba de una mutación de su espíritu. ¿Qué decir del empleo de un viejo juego llamado Cosmic Defender?
Pero Moscas no sería la película que es si no tuviera a Teresa Sánchez. Es la gran actriz del cine mexicano contemporáneo, una auténtica estrella que suele resplandecer en las inimitables películas de Nicolás Pereda, el mejor cineasta mexicano en actividad. Ver a Sánchez interactuando con el niño —Bastián Escobar, un prodigio de nueve años, gran hallazgo de Fernando Eimbcke— es donde reside el mayor encanto de la película. Con esos intérpretes y un cineasta como el responsable de Moscas, basta un living y una pieza, la entrada de un hospital, algunos pasillos y unas escaleras para plasmar sentimientos tan delicados como los que nacen de una pérdida. Nada de música, nada de efectos “especiales” para conmover. El rigor de la puesta en escena es suficiente.
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Moscas, México, 2026.
Dirigida por Fernando Eimbcke.
Escrita por Eimbcke y Vanesa Garnica.
Intérpretes: Teresita Sánchez, Bastian Escobar, Enrique Arreola, Hugo Ramírez.
*Publicada en La Voz del Interior en el mes de julio.
Roger Koza / Copyleft 2026


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