UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (14)

UNA PELÍCULA SIN EPISODIOS NI PAISAJES (14)

por - Una pelicula sin episodios ni paisajes, Varios
29 Jun, 2026 10:47 | Sin comentarios
Miscelánea de pequeñas huellas del cine, visto o conjeturado, en el sueño real de la literatura, la poesía o el pensamiento.

El tiempo del viejo, lo repito una vez más, es el pasado. El pasado revive en la memoria. El gran patrimonio del viejo está en el maravilloso mundo de la memoria, fuente inagotable de reflexiones sobre nosotros mismos, sobre el universo donde hemos vivido, sobre las personas y acontecimientos que a lo largo del camino nos llamaron la atención. Maravilloso, este mundo, por la cantidad y variedad insospechable e incalculable de las cosas que encierra: imágenes de rostros desaparecidos tiempo atrás, de lugares visitados en años remotos y que nunca volvimos a ver, personajes de novelas leídas cuando éramos adolescentes, fragmentos de poesías aprendidas de memoria en el colegio y jamás olvidados; y cuántas secuencias de films o escenas de teatro y cuántos rostros de actores y actrices olvidados desde hace mucho tiempo pero siempre dispuestos a reaparecer en el momento en que te entran ganas de volverlos a ver, y cuando los ves sentís la misma emoción de la primera vez; y cuántos motivos de canciones, arias de óperas, trozos de sonatas y conciertos, que cantás para tus adentros, acompañando las notas susurradas y el ritmo marcado con imperceptibles movimientos del cuerpo, con la imagen de aquel tenor o aquella soprano, de aquel violinista  aquel pianista, de aquel director de orquesta cuyos gestos, ora solemnes, ora agitados, ora imperiosos, has rememorado hace unos días, hablando con un amigo de tu primer concierto, escuchado hace muchos años en un gran teatro de la ciudad (era Victor de Sabata en la Sinfonía del Nuevo Mundo). Ese inmenso tesoro sumergido yace a la espera de que una conversación o una lectura lo saquen a retazos a la superficie, o a que vos mismo hurgues en é en una hora de insomnio; a veces aparece de improviso por una asociación involuntaria, por un movimiento espontáneo y secreto de la mente.

Mientras que el mundo de futuro está abierto a la imaginación, y ya no te pertenece, el mundo del pasado es aquél donde a través de la remembranza te refugiás en vos mismo, reconstruís tu identidad, que se ha ido formando y revelando en la ininterrumpida serie de todos los actos de la vida, concatenados entre sí […]. El tiempo de la memoria avanza al contrario que el real: los recuerdos que afloran en la reminiscencia son tanto más vivos cuanto más alejados en el tiempo estén aquellos sucesos. […] lo que ha quedado, o lo que has logrado sacar de aquel pozo sin fondo, no es sino una parte infinitesimal de la historia de tu vida. No te detengas. No dejes de seguir sacando. Cada rostro, cada gesto, cada palabra, cada canto por lejano que sea, recobrados cuando parecían perdidos para siempre, te ayudan a sobrevivir. 

Norberto Bobbio, De senectute (1996)