
MADO 2026: MÁS ALLÁ DEL OLVIDO. SEMANA DEL CINE RECUPERADO: CONTRA LA AMNESIA
En una breve conferencia que tuvo lugar en la hermosa librería Toma 3 de la ciudad de Gijón, durante la última edición del festival de cine de esa ciudad, en noviembre del año pasado, una mujer contó cómo se programa en las aerolíneas europeas el cine que se puede ver a bordo. El tema merece un estudio comparativo, porque no existe estrictamente una equivalencia entre las mismas compañías europeas, más allá de que ciertos criterios parecen imponerse: el cine estadounidense predomina en la oferta (y en la demanda). Si bien Hollywood domina el cielo, basta viajar en aviones asiáticos para entrever bifurcaciones, otro modelo de ordenamiento categorial y asimismo una predilección de los clientes.
Sin embargo, hay algo que sí comparten los programadores anónimos de Qatar, China, Chile, Francia, Alemania o Estados Unidos. En lo que está disponible para ver siempre existe una escasez verificable: la inclusión de películas antiguas es minoritaria. Aparentemente, el blanco y negro es la peste y el silencio una interdicción; las primeras décadas del siglo pasado son inimaginables en el menú. Quizás en un vuelo de Air France se pueden incluir alguna de Dreyer y Capra, incluso un Chaplin, pero sin llegar a un Keaton; para el resto de los vuelos el origen del cine se sitúa entren las décadas de 1970 y 1980. ¿Tiene que ver con que los usuarios más regulares en los vuelos han visto cine por primera vez en las tres últimas décadas del siglo pasado? No se puede desatender la memoria cinematográfica y afectiva, imbricada por los grandes éxitos de esos períodos mencionados. ¿No es este el mismo criterio que se repite en las plataformas? El viejo adagio de los alquimistas, “lo que es arriba es abajo”, deja de ser acá una superstición arropada por galimatías elegantes y revestida de misterios. Los que pasa en los vuelos es lo que sucede en la propia casa. La Tierra y el Cielo son uno cuando el que mira películas es esa criatura que habla de consumo y al mismo tiempo lo adjetiva con una palabra monstruosa: audiovisual.
Este problema con el pasado no está circunscripto a lo “audiovisual”. Habla indirectamente de los usos del pasado. En el mundo del consumo toda imagen parece pertenecer a una eternidad potencial en la que se igualan los templarios con los asirios y los comuneros con los hippies. Todo lo que fue ya ha sido y vuelve como una potencia audiovisual a condensarse en un argumento ilustrado en el que se diluye la relación de continuidad, o de significativa ruptura, entre los actos y las creencias con las épocas y sus desarrollos.
Una impresión
En los últimos cinco años se ha dado un fenómeno muy peculiar en Argentina. Dos generaciones de críticos, realizadores, programadores y cinéfilos, gente que tiene entre 20 y 40 años, han establecido una relación con algunos miembros de una generación nacida en la década de 1960 que tiene otro concepto y otra experiencia de lo que significa la relación del tiempo con el presente en lo que concierne al cine y su historia. Estos últimos no veneran el pasado ni lanzan denuestos sobre lo contemporáneo, pero han podido detectar un problema que consiste en el desprendimiento de los lazos entre épocas. Los jóvenes interesados también han alcanzado a intuir algo similar. Sienten una falta, y sobre ella operan para que el vacío en la memoria no horade su relación con el tiempo del que son hijos.
La generación de los últimos guardianes de la memoria del cine tiene en nuestro país nombres propios destacados. Cuando un joven decía en Twitter, unos días atrás, que alguna vez en Argentina, en un tiempo desconocido, existirá una cinemateca argentina llamada Fernando Martín Peña, ponía en palabras no solamente su admiración; indirectamente, además, inscribía la intersección entre estas generaciones aludidas. Los ciclos anuales de la Semana Mundial de la Cinefilia en la ciudad de Córdoba, los otros también anuales sobre cine argentino en fílmico que se han hecho en la misma ciudad con la presencia de Peña y Paula Félix-Didier (cuyo nombre también podría ser el de la cinemateca utópica), constituyen la evidencia de una milagrosa inquietud sobre el tiempo en el cine y el cine en el tiempo que abarca a todos los aludidos. El quiasmo no es caprichoso: lo primero implica constatar la vida de la lengua, la relación de los hombres y las mujeres con sus cuerpos, la movilidad en el espacio en el transcurso de las décadas; lo segundo es tocar con los ojos y sentir con los oídos la imagen en sí del cine que tiene su propia materia inscripta en el tiempo. La piel del cine nunca fue la misma, y ni siquiera hoy lo es en su deriva digital con su tendencia a la nitidez absoluta. La película de los 30 no es la de los 60, como no lo es tampoco la de los 80. Y no se trata de los cambios ostensibles, como las variaciones cromáticas. Los colores son apenas un modo de atender al comportamiento de la luz.
Un acontecimiento
Lo dicho hasta aquí tiene también un pasado. Por décadas, los ya mencionados, y muchos otros conocidos y desconocidos, han resguardado la vida del cine del siglo XX. Debido a eso hay copias nuevas, otras restauradas y transferidas a la ontología digital, que podrían haber dejado de existir, pero que permanecen y se pueden ver.
En efecto, lo que viene haciendo Filmoteca Argentina y el Museo del Cine constituye la condición de posibilidad de que este año se celebre por segunda vez Más Allá del Olvido (MADO), segunda muestra de cine recuperado, cuyo título remite a una película hermosa de Hugo del Carril. El acontecimiento es la cara visible de un trabajo de décadas que alcanza ahora un tipo de presentación que podría pasar fácilmente de muestra a festival hasta consolidarse como un espacio pionero en la región.
Este año la programación tiene una ambición que se podía presentir en la primera edición, pero que se afirma con mayor vehemencia en este 2026. La muestra se ha internacionalizado, hay muchas instituciones foráneas que participan. ¿Será que estamos ante el nacimiento inesperado de una versión rioplatense de Il Cinema Ritrovato? La comparación con ese festival glorioso que tiene lugar en Italia y está ligado a la cinemateca de Bolonia es tan hiriente como inconmensurable. Sin embargo, el espíritu es parecido, aunque las diferencias, incluso si hubiera dinero, también. Es, como dicen los organizadores, una muestra situada en el Sur. La editorial y la presentación de la programación es lacónica pero acerada y combativa.
Estar en el Sur no significa estar aislado, sí, lejos (“¿lejos de dónde?”, preguntaría aquí el nómada espiritual Edgardo Cozarinsky, inolvidable ejemplo del cosmopolitismo marginal rioplatense; “lejos del provincianismo de cualquier centro”, podríamos conjeturar que apuntaría el autor de Vudú urbano). Sin embargo, en esta edición admirable se van a proyectar películas coreanas, brasileñas, estadounidenses, indias, colombianas. Muchas se exhibirán en versiones restauradas en serio, otras en buenas copias digitales; no faltarán las proyecciones en 35 mm y 16 mm. ¿Hace falta decir que este acontecimiento se lleva a cabo en un país cuyo gobierno ha decido desconocer el cine vernáculo y mucho más todavía su historia y la necesidad de acopiar y cuidar su acervo?
Ningún título de esta edición parecería merecer nuestro olvido. Todo lo que se verá del 14 al 20 de enero resplandece como una constelación de películas indelebles. En las salas del Museo del Cine, Trilce y el MALBA pasarán cientos de fotogramas de películas que nadie o casi nadie han visto. Hay películas de Carlos Echeverría, Ciro Durán, Narcisa Hirsch, Tereza Trautman y Enrique Bellande que nunca han conocido un público numeroso en nuestro país. ¿En dónde se podría ver un título como Margarita, Armando y su padre (1935), de Francisco Mugica, en 35 mm, y en una copia de la ópera prima del cineasta que según dicen será un placer para los ojos?
Es tan solo el segundo año de MADO. Quizás sea el inicio de un evento extraordinario destinado a perdurar, una acción concreta para la amnesia, estado psíquico generalizado que no solo es adjudicable a la situación de la conciencia o del cine.
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*Acá se puede leer toda la programación.
Roger Koza / Copyleft 2026


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