SIERANEVADA

SIERANEVADA

por - Críticas
21 Jul, 2017 11:47 | comentarios
El mejor cineasta rumano demuestra una vez su dominio total sobre el espacio cinematográfico y el ritmo narrativo. Una familia es suficiente para espiar una cultura y la historia de un país.

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

UNA FICCIÓN OBSERVACIONAL

SieranevadaRumania-Francia-Bosnia y Herzegovina-Croacia-República de Macedonia, 2016

Escrita y dirigida por Cristi Puiu.

**** Obra maestra

En la quinta película el genial Cristi Puiu elige la institución familiar para explorar el presente y el pasado de Rumania, entre otras cosas. 

Entre los presuntos nuevos cines de fines del siglo anterior y principios de este, las cinematografías coreanas, argentinas y rumanas gozaron del beneplácito de los festivales y los críticos. Creer que un país prodiga un cine homogéneo es una provechosa quimera para no identificar el cuño de un director. Entre los cineastas rumanos, el cine de Mungiu no tiene absolutamente nada que ver con el de Puiu o el de Porumboiu. Que privilegien el plano secuencia es como la preferencia de un escritor por oraciones subordinadas; es un rasgo menor frente a tantos otros. La diferencia es reconocer qué dicen y el ingenio y la sensibilidad de sus observaciones traducidas al lenguaje cinematográfico o literario.

Cristi Puiu es el gran cineasta rumano, el más radical de todos, indócil y prodigioso, dueño de un estilo incisivo y de una capacidad observacional microscópica. La contundencia de su segunda película, La noche del señor Lazarescu, era admirable: nadie había filmado así la burocracia, vista como un asesino difuso. En Sieranevada, su lucidez se aplica al imperceptible cruce que se establece siempre entre la cultura familiar y la vida política de un país, cuya historia y presente definen incluso la cualidad de los afectos.

El magnífico inicio establece un punto de vista. He aquí la enunciación de un principio poético. ¿Desde dónde se observa a los personajes? Mientras los padres dejan a su hija para dirigirse al departamento de un familiar, se ha instituido ya una forma de mirar, de la que se infiere una cierta distancia. La naturaleza de esa mirada puede ser interpretada; conjeturar entonces que le pertenece a un personaje que no vemos jamás pero que reúne a toda una familia en su nombre no resulta un exceso de interpretación. Es una lectura posible, pero secundaria.

Lo que resulta indesmentible es el método de registro: la distancia observacional. Si no fuera una evidente ficción, Sieranevada podría ser un documental observacional sobre un sentido aniversario que convoca a los miembros de una familia. El método, además, es la razón que permite que Puiu conjure las delicias conservadoras del costumbrismo. La forma elegida enrarece la identificación; lo que dicen y piensan los personajes no se impone, más bien se expone como endebles certezas y dispares creencias, distinguidas por la amable escucha de un antropólogo frente a un universo simbólico muy lejano.

El relato de Sieranevada transcurrirá prácticamente en un departamento, cuya superficie escasa tensa los vínculos y restringe el propio espacio entre ellos. Un crítico como Manny Farber estaría feliz ante este film, pues su visionaria concepción del espacio como entidad dramática por antonomasia en el cine tiene aquí su expresión más manifiesta. El espacio determina la relación entre los personajes, la psicología y las conductas de estos, y es por sí mismo un protagonista que ordena las escenas.

Todo un mundo resplandece, pasado y actual. Los personajes recuerdan el comunismo, discuten el 11 de septiembre de 2001 (en vez de hacerlo en torno a los sucesos fatídicos que acaban de ocurrir en las oficinas del semanario Charlie Hebdo) y piensan el presente en el que están, además de hablar sobre cuestiones personales y familiares. Hay momentos humorísticos, otros tenebrosos y también los hay amorosos; una diversidad suficiente para extraer de este microcosmos rumano un retrato complejo de la institución familiar tan invencible como asfixiante, y también del país que la cobija.

Puiu es uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo. Que se haya estrenado un film suyo que dura casi tres horas es otro milagro de la cartelera vernácula. Hay que aprovechar y correr al cine. Las salas exhibidoras carecen de paciencia y estos films se van tan imprevistamente como llegan.

* Esta crítica fue publicada en el diario La voz del interior en otra versión durante el mes de julio de 2017

*Aquí se puede leer otra crítica escrita en el estreno mundial en el festival de Cannes 2016

Roger Koza / Copyleft 2017