MES FICUNAM 2013 (01): CUATRO PELÍCULAS DE UN MAESTRO DESCONOCIDO

MES FICUNAM 2013 (01): CUATRO PELÍCULAS DE UN MAESTRO DESCONOCIDO

por - Críticas, Festivales
07 Feb, 2013 08:38 | Sin comentarios

mqdefault

Shilde / Julio, de Darezhan Omirbaev, Unión Soviética, 1988

Por Roger Koza

Las primeras películas de un maestro es mucho más que un comienzo; se trata de un primer gesto que en cierta medida contiene una obra completa, como si la vieja concepción aristotélica del acto y la potencia fuera la explicación ideal para mirar retrospectivamente una obra. En Shilde ya están secretamente varias secuencias y obsesiones del futuro cine de Darezhan Omirbaev, una línea secreta todavía contenida y a punto de expandirse, que arranca con los niños de este film hermoso, sigue con los adolescentes y jóvenes de Kairat, Cardiogram, Killer y The Road, y llega a su magistral Student.

En su presunta sencillez, Shilde sólo cuenta algunas anécdotas de un solo día: en algún pueblo perdido de Kazajistán, dos niños se pasean de aquí para allá. Van al cine, dejan tapitas de gaseosa en las vías para comprobar el peso rotundo de la locomotora, roban melones como una travesura y los venden a los pasajeros de un tren que tiene una parada en su pueblo por pocos minutos. No es más que eso, y sin embargo hay allí un universo físico y simbólico.

Como siempre que se habla de Omirbaev, la referencia inmediata es Bresson; no es justamente éste el más bressoniano de sus films, una filiación cierta pero también discutible. Quien recuerde las primeras películas de Kiarostami, en especial El viajero, podrá ver cierta semejanza. En Omirbaev (y también en el primer Kiarostami) existe siempre una relación entre la conciencia y el escenario visto como paisaje natural, habitación y casa, y como pueblo o ciudad. Además, los movimientos fundamentales de la conciencia suelen materializarse en sueños. En ese sentido, el pasaje onírico de Shilde es extraordinario, formal y conceptualmente. Las relaciones que se establecen entre un caballo, un concierto de piano y orquesta, los melones de una plantación (que permanece en fuera de campo) y un descanso en la pradera revelan a un cineasta dotado de una originalidad asombrosa y de una sensibilidad exquisita.

Quien se encuentre con Shilde no podrá evitar querer saber qué pasó con ese prodigio venido de Kazajistán. 25 minutos son suficientes.

UnknownShuga / Chouga, de Darezhan Omirbaev, Kazajistán, 1997.

Después de un sueño en el que un niño está pescando en un lago, un paisaje deliberadamente simbólico, material onírico que se repetirá con una variación significativa, Tléguen se despierta. Ya no es un niño, pero no está menos solo que en su sueño. Se preparará un desayuno, leerá una poesía y partirá en búsqueda de un posible amor. Un fragmento del poema dice: “¿Qué hago con las palabras? ¿Con el vórtice de mis sentimientos?” La respuesta es el film en sí, que sin decir nada habla de un nuevo orden social en Kazajistán, del impacto discreto pero directo que tiene sobre los sujetos en sus vidas privadas, familiares y económicas.

En un hall, Tléguen espera por Altynai con un ramo de flores en las manos. La bellísima joven se pondrá contenta; Tléguen se ha acordado de su cumpleaños. Pero de inmediato aparece en escena Ablai, un presunto novio, un poco más grande que ellos, y también tiene un ramo de flores, pero dos o tres veces más voluminoso que el de Tléguen. Nada o poco se ha dicho, pero todo se entiende. He aquí una poética.

Y están las panorámicas (y las subjetivas) sobre la arquitectura moderna. El espacio público denota inversión y riqueza, es una huella de un cambio. Hay una secuencia callejera cuya apertura, si no fuera por un ícono parisino, bien podría ser una calle céntrica de Almaty. ¿Y los interiores? El hogar expresa no sólo un estilo de vida sino un espacio psíquico: una mujer en crisis matrimonial mira desde su ventana a una pareja de recién casados. Más tarde, en tres casas distintas, tres puertas se cerrarán solas. Materialización misteriosa de deseos y frustraciones.

Se trata de una adaptación de Anna Karenina de Tolstoi, en otro tiempo y espacio. “Anna” es Chouga, tía de Altynai, que se enamorará de Ablai y por eso dejará a su esposo millonario e incluso a su pequeño hijo. Los momentos de seducción son extraordinarios, todavía más el primer acto amoroso (un fuera de campo tan baboso como glorioso). La sociedad la juzgará a través del chisme, no Omirbaev, demasiado lúcido para infligir un castigo a sus criaturas.

darezhanAbout Love / Sobre el amor, de Darezhan Omirbaev, Kazajistán, 1998

La adaptación literaria define el último período del cine de Darezhan Omirbaev: Tolstoi en Chouga, Dostoievski en su último film, Student, y en este caso particular “Sobre el amor”, un cuento corto de Chéjov. En los tres casos, el procedimiento de transposición consiste en tomar la trama y los personajes de un clásico y contextualizar el relato en otro período histórico (y político). El vínculo entre la obra literaria y su versión fílmica será entonces de carácter estructural y conceptual. En otras palabras, no se trata de ilustrar una novela o un cuento sino de apropiarse de un esqueleto semántico que el cineasta pondrá en interacción con elementos fuera del universo literario.

En Sobre el amor un profesor de física bastante solitario se encuentra azarosamente con un compañero de estudios al que no ve hace años y que ahora se dedica a los negocios y a la diplomacia. Es un encuentro de dos mundos. El compañero lo invita a su casa y allí conoce a la esposa y a la hija. Para bien y para mal, el solitario científico se enamorará profundamente de la mujer de su amigo. ¿Un amor platónico? Tal vez, pero no por esto menos intenso.

A diferencia de Chouga, donde de inmediato una mujer casada abandona su vida por un hombre soltero, aquí el control de la pasión funciona como un regulador entre el deseo y la lealtad. Parte del suspenso consiste en cómo se resolverá la cuestión amorosa, pero a Omirbaev parece interesarle más el soliloquio de su protagonista (de ahí el justificado recurso de la voz en off), cuyas vacilaciones no están necesariamente articuladas en un discurso moral culposo. Más interesante resulta ver cómo el director se las ingenia para señalar un clima de época que determina en cierta medida los límites de la pasión amorosa. En ese sentido, la puesta en escena revela una economía y un determinado estatus de los personajes. Aquí, el mobiliario y la arquitectura cuentan historias paralelas, y una historia de amor siempre está rodeada de otras variables no pasionales que de un modo secreto imponen un límite a todo romance.

 Unknown-1Student / Estudiante, de Darezhan Omirbaev, Kazajistán, 2012

Todo empieza casi como un chiste: el propio Omirbayev está rodando una escena de una película. Un travelling hacia atrás sobre una mujer muy bella indica que la toma ha finalizado. “Corten”, dice el director. Un joven ayudante no puede dejar de mirar a la protagonista. Habrá un accidente y una golpiza.

De esa introducción nace la verdadera película, inspirada en Crimen y castigo de Dostoievski y contextualizada en nuestro tiempo. Kazajistán es un territorio desconocido para nosotros, y en poco minutos Omirbayev hará una presentación edilicia de su inesperada modernidad.

Si bien no se conocerá el nombre del estudiante en cuestión, el joven protagonista desea probar una tesis. Su elección será extraña, controversial, una suspensión política de la ética; como sucedía con los protagonistas de La soga, de Alfred Hitchcock, el estudiante terminará con la vida de dos inocentes. Es una prueba filosófica.

Aunque no se explicite, lo que estudia en la universidad es filosofía. Los pasajes que transcurren en las clases universitarias funcionan como coordenadas ideológicas. El darwinismo en versión capitalista sintetiza el malestar contemporáneo; de allí la presencia animal: un caballo, leones, jirafas, hienas, palomas tienen apariciones estelares. Ver cómo una jirafa se defiende a las patadas frente a unos leones hambrientos condensa la lucha entre débiles y fuertes. Pero el poder del film, curiosamente, no está en sus palabras sino en sus imágenes. De hecho, la economía verbal es evidente, lo que no significa que la banda de sonido cumpla una función poética; el trabajo sobre el sonido directo es de una sofisticación admirable y la irrupción de un silencio total en secuencias clave es memorable.

¿Cómo filmar el proceso de una decisión y una toma de conciencia? La importancia de las secuencias oníricas y de los fabulosos y casi imperceptibles fundidos encadenados tiene que ver con esto. Student termina con una cita directa de Pickpocket de Bresson, otra adaptación notable del libro de Dostoievski. Lo que parece ser la capitulación del joven estudiante, su final sombrío, se invierte como futura esperanza. Entregarse es conquistar el derecho a la gracia.

Retrospectiva Darezhan Omirbaev / Ficunam 2013

Roger Koza / Copyleft 2013